La semilla de la intolerancia

En su autobiografía, el expresidente de Francia, Valéry Giscard d´Estaing, reveló el asombro que le ocasionó ver a todos los representantes del espectro político español durante su visita oficial a Madrid con motivo de la juramentación de su amigo Juan Carlos como rey de España. En la recepción en el Palacio de la Zarzuela, compartían amigablemente líderes con las posiciones políticas más distantes.

Estaban allí, entre muchos otros, los jerarcas del Partido Comunista, Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri (La Pasionaria), sobrevivientes de la guerra civil que siguió en 1939 al derrocamiento de la Segunda República; el derechista Manuel Fraga, exministro de Franco, y Felipe González, el nuevo líder del Partido Socialista Obrero Español.

El asombro del presidente francés se debía al hecho de que la escena que vivió en el palacio real español, le parecía inconcebible en Francia. La tolerancia que le sorprendía de la España post franquista, no era dable en su país, cuna de los derechos humanos, dos siglos después de la toma de La Bastilla y el grito redentor de “libertad, igualdad y fraternidad” que inspirara el derrocamiento de la monarquía.

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El fatal destino de los dictadores

Pocos dominicanos saben que el último paseo del dictador Rafael Trujillo por el territorio nacional que gobernó con mano férrea por 30 años, fue ya como un cadáver en la parte trasera de un camión del ingenio Barahona lleno de estiércol de vaca. La vida tiene esas ironías y muchas veces suele el destino, o la providencia, quien sea poco importa, cobrarse ciertas deudas que los tiranos dejan pendientes con sus pueblos.

Ramfis, su hijo mayor, había sacado furtivamente el cadáver de la cripta del sótano de la iglesia de San Cristóbal donde Trujillo había sido enterrado. Lo hizo antes de partir al exilio en el buque insignia de la Marina de Guerra. Ramfis colocó el féretro con el cuerpo de Trujillo en otro buque, el yate Angelita, que partió un día después que él, el 17 de noviembre de 1961, no sin que antes cometiera el cobarde genocidio de los Héroes del 30 de Mayo.

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Una vieja y pervertida práctica ilegal

Nada afecta la libre empresa como la virtual usurpación de la propiedad privada mediante la ocupación ilegal de fincas, solares y edificios por gente desaprensiva que se escuda en el falso derecho de hacerlo en su condición de “padre de familia”. Hay cientos de casos que lo confirman en las principales ciudades y en las zonas agrícolas y ganaderas. Numerosos planes de desarrollo, en el ámbito turístico, industrial y comercial, han sido paralizados en las últimas décadas por esta práctica convertida en un sistema de hecho legalizado por la incompetencia de los tribunales y la apatía de funcionarios públicos que nada hacen para corregir esas invasiones irregulares.

Abogados y personas que se creen muy poderosas por sus vínculos con esferas de poder han hecho de esta práctica uno de los negocios más lucrativos del país. Sé de numerosos casos de alquiler de inmuebles, para vivienda y negocios, cuyos ocupantes no pagan sus obligaciones y terminan virtualmente adueñándose de la propiedad. Los procesos de desalojo de esas ocupaciones ilegales duran años y cuestan a los legítimos propietarios cantidades enormes de dinero en procesos interminables en la justicia.

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Reflexión de mediados de semana

El país no está en condiciones de valerse por sí solo porque no se me ocurre algo más alejado de una autarquía que la República Dominicana. Entonces, tratemos de ser realistas y analicemos algunas acciones pasadas. Por ejemplo, la estatización de la mina de oro de Pueblo Viejo no pudo ser experiencia más decepcionante. El inmenso pasivo ambiental de esa zona en proceso de remediación es el único legado de esa nacionalización, recibida en su momento como un acto de soberanía reivindicativo de nuestros recursos naturales.

No existe una sola evidencia del beneficio que esa nacionalización le trajera al país o a la provincia Sánchez Ramírez. No existe ni existió nunca una herencia material que pruebe que esa acción pueda ser catalogada como un acto positivo. Mucha gente salió ganando, es cierto, pero a un precio muy alto para el país. Otro ejemplo: la readquisición por el Estado de las empresas distribuidoras durante la administración del PRD, con la onerosa carga que ha significado en el suministro de energía y en el cobro de la facturación.

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Del maestro al gremialista

La deprimente y prolongada escena puesta a rodar morbosamente en las redes de dos muchachas peleándose presuntamente por un novio en un recinto escolar, ante la presencia entusiasta de decenas de sus compañeros sin que ninguno de ellos intentara separarlas y sin que apareciera allí un supervisor o profesor para imponer el orden, proyecta la imagen real de la escuela dominicana que estamos obligados a cambiar. Escenas como esa se repiten casi a diario. En mis años de escolaridad una situación como esa era improbable. Y la diferencia estriba en el concepto prevaleciente respecto al rol del docente.

Lo que pasa dentro de un recinto escolar es responsabilidad de los maestros, no del Ministerio de Educación. Y evidentemente el deplorable nivel académico que se observa en la escuela tiene relación directa con el deterioro de la calidad del magisterio que el país ha estado observando desde hace décadas. Antes teníamos maestros, que fuimos cambiando por profesores que finalmente se convirtieron en gremialistas, dispuestos siempre a detener el año escolar y paralizar la docencia por demandas laborables.

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La chica de Puccini

La fanciulla del West (La chica del oeste), una de las últimas óperas escritas por Giacomo Puccini, fue estrenada el 10 de diciembre de 1910 en el Metropolitan Opera House de Nueva York, bajo la dirección de Arturo Toscanini. Fue un acontecimiento por ser la primera vez que una composición del género se inauguraba en esa meca de la ópera. El teatro la presentó varias veces en el 2010 en conmemoración del centenario de la obra, escrita por encargo. Los amantes del género pudieron verla hace tres años en un teatro de esta capital en transmisión en vivo y desde el Metropolitan con un elenco encabezado por el extraordinario tenor dramático alemán Jonas Kaufmann.

La obra, con texto en italiano basado en un libreto inspirado en una pieza del dramaturgo y productor teatral estadounidense David Belasco, se desarrolla en el viejo oeste de Estados Unidos. En su estreno, el papel principal (el bandido Dick Johnson) fue interpretado por el legendario Enrico Caruso, quien según la crítica de entonces se confirmó como el más grande tenor de su época especialmente por su soberbia interpretación del aria del tercer y último acto Chela mi creda (Que ella me crea libre).

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Los defensores de alquiler

La calidad de un gobierno, como todo en la vida, se mide no por quienes lo critican sino por quienes lo defienden de manera irracional. Y son estos últimos los que definen y resaltan, no otros, la ruta de la bancarrota moral.

A lo largo de nuestra historia esa ha sido una constante, que se acentúa en la medida en que el tiempo se les acorta y el deterioro hace mella en su sentido del equilibrio, a partir de lo cual pierden contacto con la realidad y se muestran incapaces de diferenciar entre lo claro y lo oscuro, creyéndose por encima de todo interés público.

Cuando esta situación se da en aquellos casos en que hubo alguna vez expectativas en la población, el sentimiento popular resulta en una confusa mezcla de compasión e ira. A su vez, esto hace que la adhesión se exprese solamente en gritos, ruidos que lastiman los oídos y llenan de estupor los ambientes mediáticos, porque es a partir de ese momento en que emigran los espacios para la moderación y el buen sentido. Es la fase en la que ya no se puede volver atrás ni recuperar tiempos perdidos y el aprecio público se esfuma para difícilmente volver.

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La debilidad de la seguridad social

A pesar de haber salido de la adolescencia, ya que empezó a funcionar en el 2003, el Sistema de la Seguridad Social ha logrado sostenerse más allá del pesimismo nacional. Pero es obvio que existen factores, mayormente de índole cultural, que lo traban todavía e impiden su crecimiento y fortaleza. Los primeros y más fuertes son la enorme informalidad de la economía y el costo de su estructura, debido a su horizontalidad.

Para muchos expertos en la materia, el escollo principal al que se enfrenta desde sus mismos inicios, es el incumplimiento de las tres características que pudieran hacerla funcionar adecuadamente. Me refiero a la obligatoriedad, la universalidad y el carácter único. Esos son elementos propios de regímenes que en otras latitudes han funcionado y alcanzado sus objetivos, lo que entre nosotros no ha sucedido y probablemente no suceda a menos que la ley sea radicalmente reformada. Lo curioso es que las excepciones a esos tres conceptos, sustanciales al propósito de la ley que la creó, empobrece el sistema. Además, es lamentable y por igual inaceptable que la violación de esas condiciones esenciales del modelo dominicano de seguridad social provenga de instituciones estatales que deberían ser las primeras aliadas del sistema.

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