Crisis de vocación magisterial

Cuando nos preguntamos sobre la degradación observable en amplias esferas y actividades de la vida nacional, terminamos simplificando el problema al mirar solo hacia el Gobierno. La verdad es que el tema no es tan sencillo. Un enfoque más realista y sin prejuicio nos llevaría rápidamente a conclusiones más cercanas a la realidad en que vivimos.

Pongamos, por ejemplo, lo que la generalidad considera como la primera de nuestras muchas prioridades: el sistema educativo. En esa área es notable el esfuerzo de la administración pasada para mejorar la enseñanza pública y acercarla a la calidad que se le reconoce a la enseñanza privada, a pesar de que sabemos que no todos los colegios pasarían la prueba. Pero la educación es una tarea tan compleja y de tan largo alcance que reclama un compromiso colectivo, en el que el magisterio debe jugar un rol determinante. El Gobierno podrá aportar cuantos recursos demande el mejoramiento del sistema, pero al final corresponde al maestro hacer que la inversión rinda sus frutos.

Leer más de esta entrada

Apropósito del justo reclamo de igualdad de género en la política, me aventuro a preguntar: ¿Qué sería del debate nacional, ya aburrido y gris, si por prejuicios de la era moderna nos viéramos obligados a renunciar al sarcasmo y la ironía en la discusión de los problemas nacionales?

Lo primero es que esa discusión carecería de sentido, por su falta de contenido y elegancia. Y lo segundo, peor aun, sería la imposibilidad de una discusión pareja en el ámbito mediático. Vayamos al grano.

Supongamos que las elecciones se limitaran a la confrontación de dos candidatos, uno de los cuales fuera una mujer. ¿Qué sucedería, fuera cierto o no, si el varón dijera públicamente que su oponente, la mujer, es incompetente, desconocedora de la realidad, e ignorante de los asuntos de Estado, sin capacidad alguna para manejar la crisis por la que atraviesa la nación?, un discurso típico en la política dominicana ¿Cómo lo tratarían los medios? ¿Y cuál sería el caso si ese mismo tono viniera de la candidata contra su oponente? ¿Tendría el beneficio de criticarle a su contrario lo que él no pudiera usar contra ella?

La pregunta que no debemos eludir por temor a las reacciones morbosas en las redes, es si ese privilegio es válido y justo, en una sociedad que clama por la igualdad de género, pero que pretende al mismo tiempo preservar los prejuicios ridículos que esa igualdad destruiría. Aunque el tema parece sencillo, plantearlo es exponerse a explosiones irracionales que pudieran alejar toda posibilidad de discusión seria sobre una cuestión fundamental.

Cuando en una sociedad tomar del codo a una dama para ayudarla a bajar unas escaleras o cruzar una calle es visto como una expresión de machismo y no como un gesto de caballerosidad, algo anda mal.

Periodismo del más allá

Una de las herencias trágicas del autoritarismo propio de nuestra historia, y que aún se expresa en amplias esferas de la vida social, es la de aceptar cuanto se nos diga sin cuestionamiento alguno y propalarlo. Ni en el aula es común formular preguntas y esa modalidad de aprendizaje se ha exportado a ciertas formas de periodismo.

En julio del 2016, por ejemplo, recibió un tratamiento mediático especial la “revelación” hecha por el vocero de una muy activa ONG relacionada con el cambio climático, de que la visita esos días del canciller de Brasil al presidente Danilo Medina tuvo como propósito prevenirle acerca de una investigación del Ministerio Público de la nación suramericana en la que la figura presidencial se vería asociada a una trama vinculada a una empresa brasileña acusada allí de tráfico de influencias, sobornos y sobrevaluación.

Leer más de esta entrada

Los pactos faltantes

La abandonada discusión sobre dos áreas fundamentales, la eléctrica y la fiscal, demuestra la enorme dificultad para armonizar en este país los intereses partidistas y oligopólicos, aun a expensas de la salud y estabilidad económica de la república. La debilidad institucional, que imposibilita la concertación alrededor de un gran pacto nacional, les favorece, a despecho del diario discurso. La razón es simple. La institucionalidad no les conviene. Rompería los monopolios y oligopolios que nos empobrecen económica y socialmente.

La institucionalidad traería consigo un ambiente de igualdad y de libre concurrencia, con oportunidades idénticas para todos los actores, y rompería los lazos de complicidad que pequeñas oligarquías económicas han promovido para beneficio propio. No es cierto que el desorden y lo que se ha dado en llamar crisis institucional sea solo el fruto de un oscuro concierto partidista, ajeno a la intervención de otras fuerzas sociales. Es el resultado auténtico de alianzas pecaminosas de una élite en la que conviven intereses de ambos lados, políticos y privados.

Leer más de esta entrada

Un cambio de rumbo

La tragedia del viernes pasado en la que al menos seis personas murieron o desaparecieron debido a los intensos aguaceros de tres horas sobre la ciudad de Santo Domingo, que paralizaron prácticamente todas sus actividades, plantea la necesidad de un vuelco completo en la agenda del gobierno. La falta de información acerca del clima, a pesar de la tecnología existente sobre la materia, hizo posible el desastre y puso en evidencia un alto nivel de negligencia oficial.

Buscarle ahora pretextos o justificaciones a la imprevisión que hizo posible el penoso balance, no sirve de mucho y el caso envía una señal al presidente Luis Abinader de los desafíos que deberá encarar en la etapa final de una administración que inició con muchas luces y va en camino de un gran apagón, tan solo similar a las intensas y frecuentes interrupciones del servicio eléctrico, sin duda uno de los talones de Aquiles de la administración del “Cambio”.

Leer más de esta entrada

Los desafíos de la globalización

Se llega al lugar deseado tomando a veces el camino equivocado. Me sucedió cuando sentí que había encontrado mi verdadera vocación, que ha sido la del periodismo y con ella más tarde la investigación histórica. Fue en el segundo del bachillerato, cuando el teorema de Pitágoras casi me deja sin neuronas. Eso de que en todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, no venía conmigo. Lo digo en serio. Tener que emburujarme con aquello de que en todo triángulo rectángulo si la dimensión del cuadrado de la hipotenusa es C y las longitudes de los catetos A y B, la fórmula sería c es igual a a +b, o b sería igual a c menos a y por tanto a a c menos b, y con todo ese mundo que de ello se desprendía, me decía ya que tenía que ganarme la vida de otra manera.

Mis notas en matemáticas si bajaban más podían encontrar petróleo. Y eso de trigonometría, ¡Uf! mejor ni hablar. No era el caso de mi fallecido hermano Luis, el mayor, ingeniero civil, quien fuera decano de Agronomía y Veterinaria de la universidad estatal, maestro en números y autor de importantes libros útiles para la enseñanza de esa ciencia, que deberían ser textos escolares, como tampoco los de mis dos nietas, y otros miembros de la familia.

Leer más de esta entrada

Más que un problema migratorio

Apropósito de la exigencia estadounidense sobre el trato a los haitianos ilegales, sería de mayor utilidad si se le hiciera también a las autoridades del vecino estado, al que corresponde velar por el bienestar de sus compatriotas. La respuesta a esa “preocupación” de EE.UU. es que no existe un rechazo nacional a los haitianos, sino a la masiva y creciente inmigración ilegal que desde hace años desborda la capacidad nacional para acogerla sin desmedro para atender las necesidades dominicanas.

La preocupación expresada en las redes y en los medios por ciudadanos de diferentes capas sociales, entre ellos dirigentes políticos y congresistas, ante esa inmigración, no los hace xenófobos ni es indicio de una actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real y grave.

Leer más de esta entrada

Recordando a Agripino Núñez Collado

Es hartamente aceptado que el mérito de un buen mediador consiste en lograr que las partes no se retiren al primer desacuerdo. En infinidad de casos en el pasado, la costumbre entre nosotros fue sentarse en la mesa de negociación, no a la mesa, con la concebida idea de obstaculizar un acuerdo. El clima ideal se da cuando se admite que nadie tiene toda la razón. Sólo así es posible arribar al lugar deseado. La sabiduría de monseñor Agripino Núñez Collado consistió en sentarlos a la mesa y colocarlos en ese punto de partida, todas las veces que asumió la tarea de desenredar los nudos de un desacuerdo.

Cuando el propósito es evitar un arreglo, las exigencias se formulan para dejar al contrario sin opciones. En muchas ocasiones pasadas, a las demandas de carácter social al gobierno de turno, además del arreglo de las calles, el mejoramiento de las redes eléctricas, el suministro de agua potable y la recogida de basura, se añadían el retiro de las tropas de Estados Unidos en el exterior, la excarcelación de los palestinos de las cárceles de Israel, el fin del “bloqueo” a Cuba y otras exigencias ajenas a la voluntad y decisión de la autoridad local.

Leer más de esta entrada