La estrategia contra el terrorismo, la reforma migratoria o las relaciones con Rusia pueden verse influidas por este episodio

Un vehículo de policía patrulla las calles de Watertown, en Boston.
Por Antonio Caño (*)
La investigacion del atentado de Boston, cuyas consecuencias pueden variar considerablemente si se trata de una acción aislada o planificada desde el exterior, presenta ya una serie de desafíos políticos y de seguridad que pueden acabar influyendo en la agenda de Gobierno de Barack Obama, quien, de entrada, se encuentra ante el riesgo de prolongar una guerra contra el terrorismo que se pretendía superada.
Incluso la expresión de guerra contra el terrorismo, instaurado durante el tiempo de George W. Bush, había desaparecido del lenguaje oficial de esta Administración desde hacía tiempo. Obama pretendía dejar terminadas las dos grandes guerras de ocupacion que heredó, y había definido su estrategia contra Al Qaeda con acciones precisas, principalmente ejecutadas con drones (aviones sin tripulación).
La superación de la guerra contra el terrorismo se había trasladado al presupuesto nacional con la desviación de gran parte de los fondos que ésta consumía hacia la inversión en el desarrollo y con la reducción de los gastos del Pentágono.
Incluso si el episodio de Boston es un hecho aislado atribuible a la mente enferma de dos hermanos fanáticos, servirá de recordatorio de que la amenaza del terrorismo sigue presente y será argumento de quienes advierten que reducir el prepuesto destinado a la seguridad supone un riesgo inaceptable.
Un crimen de esta naturaleza, que revela la vulnerabilidad de inocentes ciudadanos que participan en algo tan pacífico y festivo como una carrera popular, es siempre un perfecto caldo de cultivo para la demagogia y el oportunismo. La población, al instante, se muestra atemorizada e inclinada a escuchar a quienes les prometen mano dura y rápidas represalias. Leer más de esta entrada