Cambios globales imponen cambios locales

Las realidades de un mundo cambiante y los conflictos bélicos que amenazan la paz mundial y generan descalabros de economías una vez pujantes, exigen, sin mayores dilaciones, cambios drásticos en la agenda del Gobierno. No puede éste permanecer ajeno a cuanto ocurre en el mundo. Está moralmente obligado a asumir nuevas conductas frente a las realidades que enfrentamos.

Las visiones de corto plazo tienen que ser sepultadas y dar paso a tareas de largo alcance, que permitan consolidar los sectores más dinámicos de la economía, conquistar los mercados abiertos con la firma de tratados de libre comercio con los grandes centros de consumo e impactar positivamente así las expectativas de la población.

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El éxito de la mentira en la política

No hay nada más aborrecible en la política que la mentira. Pero en nuestro país el uso de ese recurso ha llevado a la cúspide a muchos de nuestros líderes políticos y gobernantes. En los países más democráticos, Estados Unidos, por ejemplo, la mentira es un delito. Como todos sabemos, en República Dominicana es una eficaz arma política llevada a la categoría de arte por los líderes más exitosos.

Las carreras más brillantes en el campo de la política nacional han sido catapultadas por enormes cofres de mentiras repetidas una y otra vez, por años, incansablemente, sin consecuencia alguna. El uso repetido de ese instrumento de ascensión en la política, como en otras actividades de la vida nacional, se ha convertido en una práctica común. Se trata ya de una costumbre a la que se está obligado a apelar para garantizarse el éxito.

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Moderación ¿por qué nos abandonaste?

La moderación es una conducta extraña en el marco de la discusión de los grandes temas nacionales. Las pasiones y las posiciones extremas la ahogan. Y eso deja sin posibilidad cualquier intento por bajar el tono y establecer canales de comunicación lo suficientemente limpios como para que todos podamos escucharnos y encontrar senderos hacia un lugar sereno, seguro y apacible. De suerte que de antemano es un vano esfuerzo transitar por ese camino cerrado. A muchos les parecerá exagerada esta apreciación y se conformarán con la idea de que todo está en su puesto y que es asunto normal en una democracia la altisonancia en el enfrentamiento político.

Si hay algo para preocuparse es precisamente ese giro en la discusión, que todo lo convierte en riña, e impide que podamos encontrar en la diversidad de opinión el verdadero potencial de riqueza que tanto necesitamos explotar. Lo positivo de la situación es que la acidez de la brega partidaria le está permitiendo al país descubrir el lado de la personalidad del liderazgo político nacional que se ha tratado siempre de mantener oculto. Pero por esa ruta será imposible hallar los puntos de coincidencia necesarios para poner a funcionar la república. Y quedaremos sumidos en la ignorancia y en el pasado, perdiendo las grandes oportunidades que los desafíos de la dinámica internacional ponen en nuestras manos.

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Reflexión sobre nuestras fechas religiosas

Siempre me he preguntado sobre la rigidez de las festividades religiosas en el calendario. Y no encuentro explicación al hecho de que puedan moverse fechas que conmemoran efemérides patrióticas y no suceda igual con algunas relacionadas con la fe, como son los casos del 21 de enero, reservada a la veneración de la Virgen de la Altagracia y el 24 de septiembre a la de las Mercedes, o de la Merced.

Eso de mover las fechas es una práctica común en muchas naciones para evitar que un aniversario relacionado con una gesta importante no interrumpa el ritmo laboral, aplazándolo o moviéndolo para el lunes siguiente. Hay cuatro fechas de enorme significado histórico patriótico, sagradas para los dominicanos, como son la Independencia, que celebramos el 27 de febrero; la Restauración, el 16 de agosto; la primera Constitución, el 6 de noviembre y, por supuesto, la del natalicio del prócer Juan Pablo Duarte, el 26 de enero. Las dos primeras son inamovibles, por lo que significan, y debido a que en la primera los presidentes deben rendir cuenta de sus actos a la nación y en la segunda se abre la segunda legislatura del año y cada cuatro años se juramenta un Presidente de la República.

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Un diálogo para sordos

Ante la acogida en el extranjero de algunas de mis obras, periodistas de Puerto Rico, Miami y Nueva York me han preguntado si la democracia, como la conocemos, podrá sobrevivir a las prácticas que se describen en muchas de ellas y que siguen siendo modelos del quehacer político. Con profundo desaliento les he respondido que ante la imposibilidad de que la actual generación del liderazgo nacional se corrija a sí misma o se eche a un lado, dado el control que ella tiene sobre el aparato estatal, el ambiente seguirá deteriorándose a menos que una nueva generación de relevo empuje lo suficiente para promover las transformaciones hacia una real práctica democrática.

La ausencia de un relevo generacional podría dar paso a un nuevo modelo de paternalismo que cautivará a las masas, como ya hemos visto en otros países, y reducirá el marco en que se mueven los valores esenciales de una democracia, como las libertades ciudadanas, la prensa crítica y la libre empresa.

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Graves efectos de inmigración ilegal

A propósito de los diferentes planteamientos que se escuchan sobre el tema migratorio, la tentativa de reducir el problema haitiano a una simple cuestión de derechos humanos o de discriminación racial, obvia uno de sus aspectos fundamentales. Me refiero al fortísimo impacto económico y social que el flujo creciente e incontrolable de esa inmigración ilegal causa al país, especialmente en estos tiempos de virus y de campaña política.

Y es que por mucho que se trate de ignorar existe real e incuestionablemente desde una óptica nacional lo que podría considerarse como un problema, cuya solución debe ser enfocada sin prejuicios ni acusaciones de xenofobia. No se trata de un problema de carácter esencialmente racial ni mucho menos fruto de un resentimiento histórico, como en algunas esferas políticas y académicas se pretende.

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De portavoces y “portavozas”

En España, el uso del llamado lenguaje de género le ha dado un vuelco a la política. La diputada Irene Montero Gil, del grupo radical Podemos, encendió hace seis años la mecha. En un acto público informó en febrero del 2018 acerca de una actividad de su grupo parlamentario con “portavoces y portavozas”. Como toda la comunidad política y los medios españoles entienden que el dislate fue intencional y no fruto de su ignorancia, la señora Montero se convirtió en el centro de una discusión que envuelve a especialistas sobre el buen y correcto uso del idioma español.

El tema no solo involucra a las feministas españolas. Por temor a calificativos como el de “machista”, el peor que hoy puede atribuirse a un político o a cualquier figura de prestigio a a nivel mundial, en nuestro país, por ejemplo, ya es usual que en todo discurso o pronunciamiento público se hable de “dominicanos y dominicanas”. Ya hemos leído sobre “hablantes y hablantas” y una acreditada universidad española, la de Navarra, editó en el 2016 un calendario dándole nombres femeninos a los meses del año (enera, febrera, marza, abrila, maya, junia, julia, agosta, septiembre, octubra, noviembra y diciembra), y no se trata de una broma.

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El paraíso en el que vivimos

Vivimos en el paraíso, se dice en los ambientes oficiales para resaltar la opinión del Gobierno sobre la situación del país. La percepción no es del todo incorrecta. Si nos atenemos a la versión bíblica del paraíso terrenal donde Dios envío a Adán, el primer ser de la creación concebido a su imagen y semejanza, y a su compañera Eva, la visión oficial se acerca mucho a la realidad que confrontamos.

En aquel paraíso, por ejemplo, no había electricidad ni acueductos. La forma en que aquí funcionan las redes eléctricas, las escuelas y hospitales equivaldría a su no existencia, tal como era en aquel predio en que la humanidad dio sus primeros pasos. El parecido sería mayor si se observa que muchos dominicanos tienen dificultades para conseguir techo, como sucedía con aquella pareja bíblica inolvidable, forzada por mandato divino a vivir en la intemperie. En el paraíso los alimentos escaseaban, al punto que Adán no pudo resistir la tentación y a falta de opciones, en un momento de obvia desesperación, mordió la manzana envenenada, lo que a menudo sucede con infinidad de compatriotas cuya dieta no reúne condiciones aceptables de calorías y proteínas.

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