Consecuencias de la inmigración ilegal

La preocupación por la masiva, creciente y descontrolada inmigración ilegal haitiana, no nos hace xenófobos ni es indicio de una actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real y grave.

No significa que menospreciemos la importancia que por años esa inmigración, bajo cierto control, ha tenido para la economía y para el auge de ciertas actividades productivas. Ni tampoco que restemos trascendencia al valor que representa una buena y armoniosa relación comercial y diplomática sentada sobre bases claras y firmes, que eviten el contrabando y otras prácticas ilícitas muy propias entre países que comparten una frontera común. Pero la presencia cada vez mayor de ciudadanos haitianos sin los permisos legales de estadía o residencia, podría estar llegando a un nivel capaz de generar futuros conflictos en los que el país llevaría la peor parte en el campo internacional, como ya muchos suponemos.

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El factor confianza en la economía

Resulte grato o no reconocerlo, lo cierto es que el país, hasta la llegada del Covid-19, vivió un largo periodo de estabilidad macroeconómica, con un minúsculo nivel de inflación, que fortaleció la confianza en el clima de negocios en todos los órdenes. Alentadas por una estabilidad cambiaria que apenas se movió dentro de un estrecho rango, empresas, grandes y pequeñas se endeudaron en moneda extranjera.

El virus planteó mucha incertidumbre. Propuestas o amenazas de cambios bruscos en la política económica erosionaron la atmósfera de confianza que la pandemia ya había afectado. Giros en la conducción económica promovieron situaciones de inestabilidad, pérdidas cuantiosas, mayor desempleo y la ruina de muchos negocios.

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El factor confianza en la economía

Resulte grato o no reconocerlo, lo cierto es que el país, hasta la llegada del Covid-19, vivió un largo periodo de estabilidad macroeconómica, con un minúsculo nivel de inflación, que fortaleció la confianza en el clima de negocios en todos los órdenes. Alentadas por una estabilidad cambiaria que apenas se movió dentro de un estrecho rango, empresas, grandes y pequeñas se endeudaron en moneda extranjera.

El virus planteó mucha incertidumbre. Propuestas o amenazas de cambios bruscos en la política económica erosionaron la atmósfera de confianza que la pandemia ya había afectado. Giros en la conducción económica promovieron situaciones de inestabilidad, pérdidas cuantiosas, mayor desempleo y la ruina de muchos negocios.

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¡No seré yo quien permanezca neutral!

En Twitter recibí un emplazamiento del seguidor de un candidato presidencial eterno, que me recrimina por no asumir la defensa de su líder y por impulsar, supuestamente, la de su adversario principal. Su lógica se basaba en un silogismo: si no estaba con el suyo, por lógica elemental, tenía que estar a favor del otro. Hubo un segundo que me emplazaba a definirme dentro de lo que llamaba mi “imparcialidad parcial”.

Esos y otros mensajes en idéntica tónica procedentes del mismo litoral, me llevaron a una reflexión. Me pregunté si es correcto, en la situación en que se encuentra el país, permanecer neutral. Y recordé la descripción que hace Dante de un lugar de lamentaciones a las puertas del Infierno reservado para aquellos que no creen en Dios ni se rebelan contra él. Justo el lugar al que deben ir los que permanecen neutrales en momentos o situaciones de crisis.

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Lectura de un Plácido sábado sobre Domingo

Se ha criticado la selección de Plácido Domingo como el más grande tenor de todos los tiempos. Pero su extraordinaria capacidad vocal no deja de fascinar a los amantes de la ópera. Hace diez años interpretó por primera vez al personaje central de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, en el Royal Opera House de Londres. Esta composición, en cuatro actos, basada en el Antiguo Testamento, es de las más representativas del repertorio verdiano, si bien no figura entre las más conocidas del compositor. Se la identifica principalmente por el lamento coral de los esclavos judíos a orillas del Éufrates, en la escena segunda del tercer acto conocido como La Profecía, en el que añoran su tierra natal ( Va pensiero, sulli ali dorate).

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Lo que pocos saben de Caracoles (2 de 2)

Claudio Caamaño Grullón me aseguró que en 1969 fue a verle en Puerto Rico su primo Luis, enviado por Fausto, el padre de Francis, para convencerle de que viajara a Santo Domingo con la idea de que luego se trasladara a Cuba para convencer a su hijo de que retornara al país y desistiera de su propósito de entregarse a la actividad guerrillera. Fausto, general retirado, le arregló a Claudio una entrevista con el secretario general del PRD, José Francisco Peña Gómez, la cual tuvo lugar en un apartamento de la calle 19 de Marzo con Salomé Ureña, en la zona colonial, lugar donde operaron en 1965 las fuerzas constitucionalistas.

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Lo que pocos saben de Caracoles (1 de 2)

Los cubanos trataron de convencer a Francis Caamaño de que desistiera de su intento de establecer un foco guerrillero en el país, porque no existían condiciones para lograrlo, según revelaciones de su primo y compañero de la expedición de Caracoles, Claudio Caamaño Grullón.

En dos entrevistas para un libro en preparación realizadas en mi oficina, una de las cuales tuvo lugar el lunes 15 de marzo del 2010, Caamaño Grullón me dijo que el gobierno cubano entendía que una expedición que inicialmente se haría con 32 personas, de las cuales sólo quedaron nueve combatientes, no llegaría muy lejos.

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A merced de los criminales

¿Qué espacio merece un sujeto que a sangre fría le quita la vida a un ciudadano para despojarle de un celular? ¿Cuánto más allá de su precio en el mercado puede tener de valor ese pequeño aparato telefónico? ¿Qué utilidad para un país puede representar quien procede con tanta violencia, llenando de zozobra a la comunidad con sus actos vandálicos? ¿Es justo que a esos antisociales se les reconozcan derechos que ellos les niegan a sus víctimas? ¿Por qué les resulta tan fácil a esos criminales evadir la persecución policial y el puño de la justicia?

El temor que invade a la sociedad por la repetición de hechos de esa naturaleza, cambia los hábitos de vida de sus miembros, debido a la inquietud que les produce la posibilidad de ser los próximos. El daño social de estas acciones criminales termina siendo muy superior a los efectos físicos que les causan a las víctimas.

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