Las dudas de Lenin

El marxismo no fue nunca un método eficaz de análisis de la realidad social. Pero hay quienes creen que el materialismo histórico es una regla infalible para predecir el curso de los procesos sociales. Es esa obstinación la que les dificulta una visión justa de la realidad y de sus posibilidades inmediatas. Lenin no fue capaz de evaluar en su justa perspectiva la realidad rusa en las postrimerías de la lucha popular contra el zarismo. Era escéptico respecto a las posibilidades de un triunfo revolucionario, en momentos en que la monarquía agonizaba.

Unas semanas antes de la abdicación de Nicolás II, Lenin había dicho, abatido por la desilusión en su exilio en Suiza, que no creía en las perspectivas de una victoria cercana. Exactamente el 22 de enero de 1917 declaró en una reunión pública: “Los hombres mayores no viviremos para ver las batallas decisivas de la revolución”.

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Cuando la luz de una gran estrella se apaga

Yma Súmac fue una de las voces femeninas más prodigiosas que jamás haya existido.

Tenía 86 años cuando murió y se dice que aún a esa edad su voz se asemejaba a la de un arpa, cuando subía a escalas donde pocas podían y pueden alcanzar.

Su carrera no se desarrolló únicamente en el campo clásico, también incursionó con éxito en diversos géneros populares. Sus agudos eran de una extraordinaria belleza que alcanzaba las cinco octavas, desde cuyas alturas podía pasar a registros graves con enorme facilidad y rapidez. Dominó como muy pocas la técnica de la coloratura, que le permitía sucesiones de notas rápidas, que extendían una misma vocal a varias notas sucesivas, una poco común condición requerida en las óperas de Bellini, como es el caso de Norma y La Puritana; Rossini, en El Barbero de Sevilla, Una italiana en Argel y La cenicienta; y Donizetti, en Elixir de Amor y La hija del regimiento, entre otras.

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Economía centralizada y libertad económica

En el país sobran los controles, algunos fomentados por empresarios para preservar sus privilegios. El sistema de libre empresa apenas existe. Las deficiencias que se le atribuyen son el fruto de las medidas gubernamentales que lo hacen inoperante. El gigantismo estatal estrangula el modelo, en beneficio algunas veces de pequeñas y privilegiadas elites empresariales que obstaculizan el desarrollo nacional.

Estos grupos han tenido mucho éxito en propiciar alianzas con la burocracia gubernamental, en franca conspiración contra los verdaderos intereses nacionales. Si las oportunidades no son las mismas para todos los agentes económicos no podemos hablar de libertad económica. El inmenso poder discrecional de los funcionarios públicos los pone por encima de la ley, lo que le ha dejado al país un penoso legado de corrupción e ineficiencia, con un altísimo costo moral, social y económico. Lo que en verdad necesitamos es una mayor dosis de iniciativa individual, tanto en la economía como en las demás facetas del quehacer cotidiano. Los mercados bien abastecidos han sido siempre aquellos dejados en situaciones normales a la libre competencia y a las fuerzas naturales del mercado.

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La riqueza es mucho más que el dinero

Diariamente mi correo electrónico amanece lleno de basura que elimino sin leer. Otras veces, me trae alentadores y edificantes mensajes sobre la vida y las cosas de valor que giran a nuestro alrededor. Quisiera compartir con los lectores de esta columna uno de esos mensajes. Tiene que ver con la riqueza y con las distintas definiciones que se pueden obtener de ella.

A dos grupos se les hizo la siguiente pregunta: ¿Qué es la riqueza? En el primero el arquitecto la identificó con proyectos que generan mucho dinero. El ingeniero con sistemas útiles y bien pagados. El abogado con casos judiciales que dejen ganancias. El médico con muchos pacientes que le permitan comprar una casa grande y bonita. El gerente con una empresa en niveles de ganancias altas y crecientes. El atleta con la fama y el reconocimiento mundial, para estar mejor pagado.

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El “delito” de blasfemia contra el Islam

Las naciones democráticas libran desde hace años una fiera batalla contra los intentos de 57 países islámicos de imponerle a las Naciones Unidas una resolución para convertir en delito de difamación o blasfemia toda referencia o actitud que consideren ofensiva al Islam o a Mahoma. Con ello se pretendía validar las sentencias condenatorias impuestas en muchos países musulmanes contra ciudadanos acusados de difamar a la religión, como fue el caso de la cristiana paquistaní, Asia Bibi, condenada en el 2010 a muerte por ofender al profeta.

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El retrato preferido de mi madre

En la soledad de sus últimos años mi madre encontró un compañero con quien mataba su tedio en interminables soliloquios. Era un viejo cuadro de Jesús colgado encima de un retrato de mi padre que sus manos arrugadas movían a cada momento de un lugar a otro, en un espacio físico de apenas unas cuantas pulgadas. La imagen del Cristo tenía una sonrisa débil de tristeza, como si se empeñara en estar a tono con la tranquila soledad que sufría su acongojada propietaria. Era un recuerdo de bodas, que Esther, mi esposa, salvó de la destrucción años atrás enviándolo a enmarcar a tiempo.

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El periodismo es una adicción

Sobre el periodismo crítico que muchos medios y periodistas ejercen para honra del oficio, es bien cierto que los cambios experimentados por la sociedad han alejado el fantasma de la fuerza bruta, pero la intolerancia viste otros ropajes y se oculta casi siempre detrás del disfraz de la complacencia. Esos cambios y el proceso de globalización han dificultado la tarea de los censores y ya les resulta muy difícil a los gobiernos clausurar diarios y encarcelar periodistas por el solo hecho de ejercer la libertad de expresión y criticar las políticas gubernamentales.

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El compromiso ético del periodismo

La mayoría de los lectores cree que los columnistas somos personas superdotadas, con conocimiento pleno de cuantos asuntos abordamos. La percepción no es real. Pero lo importante es que los temas se traten con responsabilidad. En una democracia es indispensable la crítica y el ejercicio de la libre expresión del pensamiento.

Escribir una columna, especialmente si se hace una obligación cotidiana, conlleva un compromiso. No del tipo que usualmente se contrae al asumir una afiliación partidista. El compromiso al que me refiero es de naturaleza ética. Por lo general establece distancias que involuntariamente se crean con cada entrega diaria. En esencia cada artículo se convierte en una experiencia propia.

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