Jorge Amado, un gigante desconocido

Mis amigos se sorprenden cuando les digo que, en mi particular valoración literaria, el brasileño Jorge Amado es el más grande novelista latinoamericano. Y en parte, la sorpresa proviene del hecho de que Amado era un militante comunista, que vivió exiliado gran parte de su vida, después de haber sido incluso diputado a mediados de la década de los 40 del siglo pasado.

Su obra fue muy extensa y varias de sus novelas fueron llevadas al cine. Su última gran producción fue una novela erótica “Tieta de Agreste”, sobre una muchacha pobre echada de su pueblo al que luego regresa como millonaria, que rompió marcas de venta en Brasil, en tiempos de dictadura militar.

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Las reacciones a esta columna

Contrario a aquellos que se irritan por las críticas, considero un ejercicio divertido y relajante la lectura de comentarios en mi contra que envían algunos lectores de esta columna y por las redes. En especial las que atribuyen a mis referencias al expresidente Leonel Fernández una razón personal, motivada en la envidia o el resentimiento por haberme supuestamente despedido de un cargo al que renuncié a menos de un mes de su primera presidencia.

Un artículo sobre uno de sus muchos y prolongados viajes presidenciales provocó hace años las más diversas reacciones. Uno de los correos llegados me mandaba a callar por ignorante y otro, igualmente generoso, me tildaba de obstinado dispuesto a criticar cuanto hiciera el entonces presidente. Para un tal Lorgo, la columna me convierte en el “resentido social número uno de la República”, envidioso incorregible y uno más del montón de “teóricos dominicanos que todo lo resuelven en los medios”, creyéndome además un “sangre azul”, a pesar de ser mulato.

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Por una justicia verdadera

La insistencia en celebrar que en cada cambio de administración, como ocurre desde el 2020, se tenga la oportunidad de enviar a la cárcel a quienes el ojo escrutador de la opinión pública señale como autores de actos indecorosos contra el patrimonio nacional produce escalofríos. Viniendo de abogados y periodistas, la observación sacude a quienes creemos que una buena justicia, basada en la aplicación del Derecho, no necesita de atajos.

Me asusta que alcancemos un nivel de desconfianza tal en la independencia de los poderes, cuya única posibilidad de ganarle terreno a la corrupción consista en vulnerar el principio de independencia consagrado en la Constitución. Sea el actual o el que le reemplace en las elecciones de este año, la responsabilidad del Gobierno es cuidar que los bienes públicos sean religiosamente guardados y de reunir las pruebas necesarias para llevar a la justicia a los responsables de violar las normas de un pulcro ejercicio de las funciones públicas. Determinar la culpabilidad final es una tarea de los tribunales. Son estos los que deben dictar las sentencias, sean de culpabilidad o de absolución.

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La pesadilla del tránsito urbano

Los esfuerzos para mejorar la fluidez del tránsito vehicular recibirían un fuerte respaldo si los conductores respetáramos las señales y las leyes de tránsito y dejáramos en nuestras casas los afilados cuchillos entre los dientes con los cuales salimos cada día, dispuestos a pelearnos con todo aquel que intente adelantársenos, sin importar que estemos llevando a los hijos a la escuela.

La solución del trágico y ancestral problema del tránsito es del mayor interés porque no se trata solamente de la efectividad de la planificación, sino del comportamiento de los ciudadanos. Y por eso se requiere de campañas de educación ciudadana bien diseñadas y mejor ejecutadas que promuevan sobre todo la importancia del respeto a las normas, que todos estamos en la obligación de observar, porque el costo del irrespeto ha sido enorme en vidas humanas.

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Hacer lo que tanto se criticaba

Empecinarse en restarle méritos a cuanto hace un gobierno, como si todo fuera negativo, es un error común a la oposición en la tradición política dominicana. Ocurría durante los gobiernos de Balaguer, en los del PRD, luego en los del PLD y sigue ocurriendo con el del PRM, que creció criticando precisamente acciones del gobierno anterior y que la realidad le ha obligado preservar, a las que les cambió los nombres y se apropió así de un mérito ajeno.

Esa actitud les quita a los partidos opositores el respaldo y la simpatía de aquellos sectores beneficiarios de muchos de los planes de carácter social que puedan ser puestos en marcha por una Administración.

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Oportunidades que ofrece el año electoral

Las elecciones de este año demandan un esfuerzo de la comunidad política dominicana para alcanzar acuerdos que trasciendan las diferencias que por años han obstaculizado la aprobación de pactos en áreas fundamentales como la educación, la salud, el medio ambiente y, sobre todo, el transporte público. La complejidad del proceso hacia esos comicios obliga a darle prioridad a esa búsqueda, sin que ello signifique renuncia alguna por parte de la oposición o del Gobierno.

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Oportunidades que ofrece el año electoral

Las elecciones de este año demandan un esfuerzo de la comunidad política dominicana para alcanzar acuerdos que trasciendan las diferencias que por años han obstaculizado la aprobación de pactos en áreas fundamentales como la educación, la salud, el medio ambiente y, sobre todo, el transporte público. La complejidad del proceso hacia esos comicios obliga a darle prioridad a esa búsqueda, sin que ello signifique renuncia alguna por parte de la oposición o del Gobierno.

Nuestro problema radica en la falsa creencia de que la colaboración da a un gobierno el respiro necesario para sortear las crisis. Todas las administraciones que han ejercido el poder desde el desmembramiento de la tiranía a finales de 1961, las han sufrido. Al actuar sobre esa base, hemos perdido tiempo y oportunidades irrecuperables. También ha sido la causa de que lleguemos tarde a las reformas, razón por la que una vez aprobadas se requiera reformarlas. Desde comienzos del presente siglo se discute sin llegar a ninguna parte, la imperiosa e impostergable necesidad de alcanzar acuerdos que ayuden a eliminar las trabas y prejuicios partidistas que arrojamos en el camino, lo que al final siempre nos aleja de la meta que perseguimos.

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Mayo visto en el retrato de febrero

Las elecciones municipales celebradas el domingo reflejan la realidad política que el país ha estado viviendo de un buen tiempo a esa parte. La abstención estimada en un 70% del padrón hábil para el sufragio, no dice mucho a favor del apego nacional al voto como instrumento idóneo para la solución democrática de los problemas implícitos en la ruta hacia el desarrollo.

Las viejas prácticas viciosas de compra de votos y uso de los recursos públicos para promover candidaturas oficialistas no son nuevas en el historial electoral dominicano y dudo que nuestra cultura electoral las desarraigue y no imperen nuevamente cuando nos toque concurrir en mayo próximo para formar un nuevo Congreso y escoger entre reelegir al presidente o llevar un nuevo inquilino al Palacio Nacional. Pero sí muestran una terca y odiosa preferencia por los oscuros métodos del pasado, reeditados bajo promesas de “cambio” moral en la forma de hacer política y proteger el patrimonio público.

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