El dinero de extraño origen en campaña

Los profesores de economía suelen enseñar a sus alumnos que los gobiernos deben manejarse con los mismos criterios de austeridad de una familia de ingresos fijos. Para evitar endeudarse en exceso, sus gastos no deben exceder sus ingresos. Los resultados de la no observación de ese principio básico los conocemos bien los dominicanos. Al gastar más allá de sus posibilidades, los gobiernos, con muy contadas excepciones, han recurrido siempre a empréstitos para financiar sus déficits o pura y simplemente para llevar a cabo obras que en la mayoría de los casos carecen de la urgencia que otros problemas demandan. Por esa razón, una buena parte de los ingresos nacionales tiene que dedicarse al pago de la deuda, en detrimento de programas de desarrollo y promoción humana.

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Las dudas de Lenin

El marxismo no fue nunca un método eficaz de análisis de la realidad social, ni nada que se le pareciera, pero hay quienes todavía creen que el materialismo histórico es una regla infalible para predecir el curso de los procesos sociales. Es precisamente esa obstinación la que les dificulta una visión justa de la realidad y de sus posibilidades inmediatas. El propio Lenin no fue capaz de evaluar en su justa perspectiva la realidad rusa en las postrimerías de la lucha popular contra el zarismo. El líder bolchevique era esencialmente escéptico respecto a las posibilidades de un triunfo revolucionario, en momentos en que la monarquía agonizaba.

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Identidad nacional ¿Qué cosa es eso?

Cuando hablamos de fortalecer la identidad nacional ¿a qué nos referimos? No es estéril la pregunta. En la escuela aprendí que los símbolos patrios y los próceres forman parte de esa identidad. Luego me di cuenta que también la forman los productos de nuestros campos y de las industrias; el legado intelectual de sus hombres y mujeres de letras, el folclor, la gastronomía, el paisaje, su arte, sea en la música y las artes plásticas, la arquitectura y sobre todo sus humores, que cambian según la temperatura, tanto la que surge del clima como la de la política.

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Sin necesidad de intermediarios

Hace dos años escribí que los problemas políticos se resuelven cuando el liderazgo, en el gobierno como en la oposición, asume la responsabilidad de encararlos cara a cara y echa a un lado las diferencias. Es imposible salvar situaciones complejas con tácticas elusivas o valiéndose de intermediarios, para encontrar salidas satisfactorias a leyes que contribuyan a fortalecer las instituciones o despejar de obstáculos la búsqueda de salidas a temas fundamentales.

Tampoco conduce a nada amarrarse a la idea de ganar tiempo retirándose de pláticas negociadoras, porque esa táctica no deja frutos ni da margen de justificación si a la postre los esfuerzos no comportan avance alguno. Abandonar la mesa de negociación con comunicados llenos de lugares comunes cada vez que surge un inconveniente gana todavía titulares en los medios, pero congela el crecimiento de quienes apelan a ese recurso estéril. La responsabilidad del liderazgo, en el gobierno como en la oposición, es asumir el diálogo directo, sin valerse de mediadores que perdieron la utilidad que una vez tuvieron, porque los temas bajo discusión son muy delicados como para enfrentarlos mediante mandados a terceros, como aún suele suceder.

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Los anhelos de una sana economía

Por años, la experiencia ha demostrado que las economías centralizadas generan estrechez y pobreza; constriñen el desarrollo y degeneran en el planeamiento de la vida ciudadana. También es cierto que una economía de mercado sin restricción alguna impide la justicia social. De manera que requerimos de un modelo intermedio para garantizar el principio de la distribución del poder y propiciar oportunidades más equitativas dentro de un sistema de libre concurrencia.

La pronunciada presencia del Gobierno en la actividad económica genera una peligrosa asociación de funcionarios y empresarios corruptos con los resultados que todos aquí conocemos.

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El alto precio de una vaca muerta

Cuando desde el ámbito político se acusa al sector privado de pretender quedarse con todo el sector eléctrico a precio de “vaca muerta”, se incurre en un penoso error de valoración.  En efecto, una vaca muerta, vendida en libras, vale mucho más que el mismo animal comprado vivo. 

Pero tendría razón si la expresión se explica al precio que los gobiernos han pagado por las acciones privadas de esas empresas.  Los funcionarios eléctricos son típicos ejemplos de la cada vez más fuerte tendencia oficial a pelearse con todo el mundo, lo que en gran medida explica los pronunciados descensos de la popularidad que en ciertas épocas, como al parecer ocurre ahora, alcanzó un nivel desde el cual se esperaba comenzara a brotar el petróleo.

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La clase política

Uno de los signos más preocupantes de la realidad dominicana es el descrédito de la clase política. Lo dicen las encuestas y las expresiones de rechazo que se observan en el diario quehacer nacional. Pero no estará lejano el día en que ocurra lo mismo con la clase empresarial, si no se democratizan las organizaciones que la representan.

Muchas entidades empresariales no reflejan las transformaciones de la sociedad dominicana, y a causa de ello no pueden hablar por todo el sector, a despecho de que los gobiernos se sientan en estos ámbitos exclusivistas más cómodos y seguros. La apertura democrática ampliaría la capacidad de presión de esas entidades que han jugado, es justo reconocerlo, un papel muy importante en la discusión de los temas básicos.

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Un tema tabú dejado al olvido

Para muchos empresarios el régimen de libre empresa funciona en la medida en que se muestra tolerante ante el abuso y el afán desmedido de lucro. Y, naturalmente, deja de funcionar o no existe desde el momento mismo en que se ponen en movimiento normas o mecanismos para proteger a la comunidad de acciones vandálicas contrarias a la ley y a la más elemental ética comercial o profesional.

Uno de los grandes triunfos propagandísticos de quienes combaten la libertad de empresa es el haber creado estereotipos que actúan en la mente humana en contra de su existencia misma. Objetivo principal de esa propaganda ha sido, por ejemplo, desacreditar el derecho al lucro y a la propiedad como causas fundamentales del atraso, el subdesarrollo y el sufrimiento de las mayorías.

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