Una mirada de cara al futuro

Si alguna prioridad tenemos es la de proponernos metas como nación y lograr un programa de acción que defina lo que queremos ser y cómo deseamos vernos dentro de quince, veinte y cincuenta años. Obviamente, tan grande esfuerzo no corresponde a una sola administración ni mucho menos a una fuerza política. Se trata de un ejercicio de conjugación de voluntades, por encima de toda confrontación o prejuicio partidista o de cualquiera otra naturaleza.

Si permitimos que nuestras diferencias nos sigan distanciando en la búsqueda de ese objetivo común inaplazable, las posibilidades de un futuro promisorio serán escasas. En sociedades democráticas las disparidades de criterio enriquecen el debate, y ayudan a encontrar senderos seguros hacia el desarrollo y el fortalecimiento institucional.

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El drama social dominicano

Si analizamos la estructura social del país, la composición de las fuerzas que la guían, no tardaríamos en observar una curiosa suerte de estancamiento, como si la sociedad hubiera permanecido al margen de la marcha inexorable del tiempo y de la historia. Las estructuras de mando que gravitan todavía con fuerza determinante, son las mismas que dominaban en los albores de los años sesenta. Y lo que es peor aun, muchos de los gritos y quejas de las multitudes de entonces siguen caracterizando las demandas actuales.

La dolorosa verdad es que después de casi sesenta años de ejercicio democrático, el modelo dominicano no ha enseñado evidencias de que sea más idóneo que la dictadura para resolver los graves e inaplazables problemas de los grandes núcleos de población del país. Los conflictos y limitaciones en las áreas de la salud, la educación, el transporte público, el costo de la vida, los servicios municipales, son hoy tan graves y alarmantes como lo fueron hace cincuenta años.

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Lo mejor de la zarzuela

Muchos amantes de la ópera tienen al menos la zarzuela por estimarla un género inferior. Pero las mejores composiciones de ese género musical de origen español se igualan en calidad a las producciones de los grandes compositores operáticos y en algunos casos demandan de los cantantes mayor capacidad vocal y dominio escénico, dado que la zarzuela, a diferencia de la ópera, mezcla canto con partes habladas e instrumentales, por lo que erróneamente se le identifica con la opereta, género de origen francés muy posterior al género musical español.

También suele comparársele con la ópera-comique francesa e incluso con el llamado singspiel alemán, género en el que muchos autores ubican “La flauta mágica” de Mozart, estrenada en Viena el 30 de septiembre de 1791, bajo su dirección.

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Más iniciativa privada

Por mucho que a veces nos irriten ciertos hábitos en la esfera política y en especial en el ejercicio del poder, y me confieso un crítico persistente de esos ambientes, lo cierto es que en sentido general esa clase tan denostada ha hecho su papel en la vida democrática y casi siempre es posible encontrar en ella más tolerancia y vocación de consenso que en la escena privada.

El hecho es que aún si reconocemos la necesidad de achicar el Gobierno, esa reducción de roles no implica ni debe conducir a una eliminación de la presencia de los partidos y del liderazgo político en las grandes decisiones nacionales. Con todo y lo que se le pueda criticar a la acción del Gobierno, genéricamente hablando, intentar que los intereses económicos controlen la vida política del país y pauten las decisiones que afectan directa e indirectamente al resto de la sociedad implicaría un retroceso en la vida institucional.

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La modernidad atrapa al periodismo

Los aires de modernidad llegaron al periodismo. Ocurre una tragedia en un pueblo del interior y las noticias son inquietantes. No se ha ofrecido una versión oficial del hecho. En los programas más populares de la radio y de la televisión las llamadas se suceden una tras otra.

El más ágil y atrevido de todos se las ingenia y consigue una transmisión en vivo con un hombre en la escena. Desde el estudio, las voces se escuchan agitadas. Por fin, uno de ellos asume el control y dice: “La situación parece ser más grave de lo que se temía. Tenemos por la vía telefónica a nuestro reportero Fulano de Tal que tiene un informe en vivo a través de esta su emisora, primera antes que ninguna, la que siempre llega al lugar de las noticias, gracias a su director, el más grande entre los grandes, y a nuestro formidable equipo de reporteros, siempre atentos a todo aquello que sea de interés para nuestro público, que nos sigue diariamente, consciente de que nadie más puede superarnos, liderazgo que debemos sobre todo al profundo compromiso con la verdad del propietario, que no acepta presiones; y a propósitos de presiones el gobierno, bueno de eso hablaremos más tarde, mientras escuchemos, repito, desde el lugar del hecho a nuestro compañero. Adelante”.

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Corea del Sur, un ejemplo a seguir

Los surcoreanos alcanzaron en el 2009 un pacto para enfrentar la crisis económica y salvar los empleos. Para evitar despidos masivos, el gobierno, los empresarios y los sindicatos decidieron aceptar recortes salariales. A su vez, el gobierno de Seúl se fijó como una prioridad mantener los niveles de puestos de trabajo.

La base de este acuerdo consistía en reconocer que el peor de los escenarios pudiera darse con la pérdida masiva de empleos, el camino más rápido y seguro al caos y al derrumbe de la economía. Cuando se leen estas cosas, quisiera que nosotros fuéramos también capaces de actuar con la responsabilidad debida para encarar los enormes desafíos provenientes de las grandes calamidades de una crisis cuando se presente. Recordemos que Corea del Sur protagonizó a partir del proceso de industrialización iniciado en los años sesenta uno de los milagros económicos más sorprendentes del siglo. Para aquella época, la economía de la nación asiática era muy semejante a la nuestra, con niveles de exportación también muy parecidos.

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El país donde todo se puede

A nadie sorprenden ya los excesos en que incurren los funcionarios, en el Gobierno central como en otros poderes del Estado, porque no existe contrapeso alguno. Por ende, no hay temor a las consecuencias, simplemente porque no hay poder que los obligue a pagar el precio. Por eso, los diputados se autoaprueban millones de pesos para poder entregarles supuestamente a sus seguidores las tradicionales “habichuelas con dulce” del Viernes Santo y un ministro se gasta del presupuesto de su cartera una suma escandalosamente grande para darse el lujo de entregar una réplica de su departamento en la Feria del Libro, evento que perdió hace años la esencia por el que fue creado.

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Una tarea conjunta, no la voluntad presidencial

Ningún país ha sentado las bases firmes del desarrollo sin una participación activa y decidida de sus sectores productivos. Sus opiniones son de indiscutible valor para la formulación de las políticas económicas y para la toma de decisiones.

Son muchos los desafíos y más las dificultades a las que tendremos que hacer frente como nación en lo inmediato y en el futuro cercano. Un conjunto de factores externos, ajenos a nuestros deseos y voluntades y problemas por todos conocidos en la economía nacional, harán necesarias medidas y políticas dirigidas a aumentar los niveles de productividad, y eliminar así el exceso de burocratismo que afecta el clima de libertad de empresa. Ese parece el camino más corto, seguro y sobre todo menos costoso, para enfrentar los vientos que en situaciones de incertidumbre en el ámbito internacional pudieran amenazar nuestra estabilidad económica.

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