El compromiso que no alcanzamos

Nada que haga el Gobierno encuentra apoyo en la oposición. Así ha sido la tradición política dominicana. Esa característica peculiar se da incluso en los temas en que teóricamente hay coincidencia de pareceres, y nos impide avanzar en la búsqueda de solución a los problemas que arrastramos desde el nacimiento mismo de la República.

Se ha escuchado decir a todo aquél que hace vida política partidaria que la educación es la clave del futuro, la magia liberadora de la esclavitud proveniente de la ignorancia y del analfabetismo. Ocurre igual con la salud pública, el medio ambiente, el transporte, los servicios públicos y cuantas cosas influyen en la vida diaria de la gente que habita este país. Bastaría una simple revisión de las propuestas electorales, las más recientes y las del pasado, para comprobar cuán similares son y han sido las de unos y las de los otros, sin que en la práctica se haya dado un concierto de voluntades para hacerlas realidad y sentar así las bases del bienestar real al que todos, por igual, tenemos derecho sin importar afiliaciones y creencias.

Leer más de esta entrada

La crítica no siempre es un ataque

Hay una diferencia abismal entre la crítica y el ataque a un gobierno. Por lo general, la primera proviene de los medios independientes cuando se hacen señalamientos a una conducta pública o a una política determinada. Se da en forma de editoriales, reportajes y frecuentemente en artículos de fondo o columnas como esta. En el fondo las críticas a una administración son inofensivas y tratan muchas veces, en verdad no siempre, de advertir acerca de un camino errado o una decisión injusta.

Cuando es ejercida con independencia de criterio, es de un valor extraordinario y algunos presidentes inteligentes han usado esas posturas en su contra en beneficio de sí mismo. En situaciones de fuerte cuestionamiento sobre el estado de derecho o el respeto a los derechos humanos, pueden apelar a sus críticos como muestra de su observancia a las reglas de la convivencia democrática. Con escasas excepciones impuestas por la necesidad, la crítica independiente se ocupa principalmente del respeto a la transparencia propia del buen gobierno.

Leer más de esta entrada

Los controles culturales (3 de 3)

En la carta que luego del juicio en su contra Joseph Brodsky envió a Brezhnev en protesta por su exilio, se quejaba ante el líder soviético: “Querido Leonid Ilych: Un idioma es algo mucho más antiguo e inevitable que un Estado. Yo pertenezco a la lengua rusa. En cuanto al Estado, desde mi punto de vista, el patriotismo de un escritor no se mide en los juramentos que pronuncia desde lo alto de un estrado, más en cómo escribe la lengua de la gente entre quienes vive…Aunque estoy perdiendo mi ciudadanía soviética, no dejo de ser un poeta ruso. Creo que regresaré. Los poetas siempre regresan en cuerpo, o en el papel”.

Si bien no creo que en el clima actual que vive nuestro país puedan progresar normas de controles al trabajo intelectual, siempre será necesario que la sociedad, los artistas, escritores y periodistas, especialmente estos últimos, se mantengan vigilantes para hacer esa tarea imposible. Estamos obligados a permanecer atentos contra esa amenaza permanente, hija de la incansable vocación de la clase política, ya se sitúe en la izquierda, al centro o la derecha.

Leer más de esta entrada

Los controles culturales (2 de 3)

En los tiempos difíciles de Leonid Brezhnev, las dificultades obligaron a muchos escritores soviéticos a emigrar, como fue el caso del poeta Joseph Brodsky, quien se radicó en Estados Unidos. En su monumental obra “La tumba de Lenin. Los últimos días del imperio soviético” (Premio Pulitzer 1994) David Remnick, describe detalles impresionantes del juicio que se le hiciera a ese brillante intelectual por apartarse de las normas establecidas por el Ministerio de Cultura soviético.

“Es como si cada vida tuviera un archivo. En cuanto usted comienza a hacerse conocido, le crean un archivo”, le explicó Brodsky, ya en el exilio, a Remnick. “El archivo comienza a llenarse con esto y lo otro; si usted escribe, el archivo crece a toda velocidad. Es una especie de forma de computarización al estilo Neandertal. Lentamente su archivo comienza a ocupar demasiado espacio en la repisa, entonces simplemente entra un tipo a la oficina y dice: este archivo es muy grande. Vamos por él”.

Leer más de esta entrada

Los controles culturales (2 de 3)

En los tiempos difíciles de Leonid Brezhnev, las dificultades obligaron a muchos escritores soviéticos a emigrar, como fue el caso del poeta Joseph Brodsky, quien se radicó en Estados Unidos. En su monumental obra “La tumba de Lenin. Los últimos días del imperio soviético” (Premio Pulitzer 1994) David Remnick, describe detalles impresionantes del juicio que se le hiciera a ese brillante intelectual por apartarse de las normas establecidas por el Ministerio de Cultura soviético.

“Es como si cada vida tuviera un archivo. En cuanto usted comienza a hacerse conocido, le crean un archivo”, le explicó Brodsky, ya en el exilio, a Remnick. “El archivo comienza a llenarse con esto y lo otro; si usted escribe, el archivo crece a toda velocidad. Es una especie de forma de computarización al estilo Neandertal. Lentamente su archivo comienza a ocupar demasiado espacio en la repisa, entonces simplemente entra un tipo a la oficina y dice: este archivo es muy grande. Vamos por él”.

Leer más de esta entrada

Los controles culturales (1 de 3)

Hace años, la Feria del Libro dedicada a Cuba puso de resalto el peligro que representa para la libertad individual y la libre creación la imposición de normas al trabajo artístico y literario. Los delegados oficiales del gobierno cubano a ese evento demostraron con sus actuaciones que las regulaciones en el campo de la cultura pueden degenerar en restricciones al ejercicio de la libertad de los individuos.

Como se ha dicho, peor que el control de la economía lo es el control de la cultura. Las normas imperantes obligan a los intelectuales, poetas, escritores y artistas plásticos a ceñirse a las políticas oficiales, que son instrumentos de control social. Igual sucedía en la antigua Unión Soviética. Aún después de la muerte de Stalin y la denuncia de las purgas y los asesinatos de millones de rusos durante el reinado de terror del Zar bolchevique, hecha por Nikita Kruschev en el vigésimo congreso del Partido Comunista de la URSS, y la creación posterior de un clima de relativa tolerancia, los artistas e intelectuales soviéticos continuaron ceñidos a las normas muy estrictas del llamado Realismo Socialista, lo que los obligaba a supeditar su labor a las directrices oficiales de la clase dirigente y a los intereses del partido.

Leer más de esta entrada

Las pequeñas cosas que importan

Si realmente queremos que las cosas funcionen debemos cambiar de actitud y no seguir incurriendo en el error de dejar todas las soluciones al Gobierno. Por su naturaleza muchos de los conflictos y problemas que hacen difícil la vida cotidiana pueden ser resueltos con una mejor actitud ciudadana.

El del tránsito, por ejemplo, tal vez uno de los que más nos irritan, tiene su origen en el desprecio a las normas y en el desconocimiento de la ley. Aunque el parque vehicular ha crecido al punto de generar congestionamientos que antes nadie se imaginaba, la forma en que conducimos agrava la situación. Se anda con demasiada prisa, como si el mundo estuviera a punto de terminar y fuera preciso llegar antes que nadie para asegurarse un pasaje seguro al más allá. Resulta, sin embargo, que aquél que nos rebasa en una avenida muy transitada con uno de esos espectaculares “cortes patelitos”, como dicen nuestros jóvenes, tiene que pararse de golpe por la luz de un semáforo o por una simple e interminable hilera de vehículos en la esquina siguiente. Muchos de los accidentes que a diario se producen tienen en este peculiar fenómeno una de sus causas.

Leer más de esta entrada

Obstinada estrategia de negociación

Semanas después de la ocupación soviética de Checoslovaquia, uno de los partidos comunistas que existían clandestinamente en el país divulgó un comunicado de respaldo a la intervención en el que también se condenaba “al gobierno yanki-balaguerista de Alexander Dubcek”. En aquella época de guerra fría, era frecuente leer en los diarios toda clase de vituperios contra el régimen “Truji-Johnson” de Israel y cualquier otro con tendencia a valorar sus vínculos con los Estados Unidos.

La genialidad de esos grupos se daba más pronunciadamente en sus demandas al gobierno. Por años conservé recortes en los que esos grupos aparecían pidiendo, como condición para poner fin a una huelga contra el presidente Balaguer, la liberación de los presos políticos en la Nicaragua de Somoza, la retirada israelí de los territorios ocupados en la Cisjordania y el cese de la represión en Corea del Sur.

Leer más de esta entrada