La antorcha que quema

MIGUEL GUERRERORecientes actuaciones del expresidente Leonel Fernández resaltan dos aspectos de su personalidad: su falsa modestia y su incapacidad para administrar sus enconos. Comenzó con dos sorprendentes artículos sobre el liderazgo que él redujo a la capacidad de un gobernante para repartir dinero ajeno, del Estado, en “sobrecitos”, interpretándose, no habiendo otra lectura posible, como un intento de desvalorización del creciente liderazgo de su sucesor. Luego vino un tercero comparándose con Moisés —seguro habrá leído “El papel del individuo en la historia”, de Plejanov, siendo el primero y probablemente el único dirigente de esta parte del mundo que se iguale a sí mismo con el personaje bíblico que condujo en larga peregrinación al pueblo judío a la tierra prometida.

En un cuarto artículo se atribuyó el “mérito” de haber encontrado siendo muy joven una contradicción o error en “Cien años de soledad”, la obra cumbre del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, hecho que según Fernández llamó de tal modo la atención de Juan Bosch, presente en la tertulia en la que habría ocurrido el hecho, que le abrió años después el camino a la presidencia de la República. Días después, obviamente con su previo conocimiento, su jefe de prensa publicó un artículo en Diario Libre, en el que sugiere un paralelismo entre el presidente del PLD y Jesucristo, en una mordaz crítica a Temístocles Montás, un débil contrincante a la candidatura presidencial que él y su gente entienden que le pertenece mientras vida tenga. 

La confrontación que el señor Fernández se ha encargado de sacar a la superficie subió de tonalidad con un discurso en el que claramente advierte al presidente Medina del peligro que correría si intentara quitarle la “antorcha” al líder que le llevó a la presidencia; pira más que antorcha, con la que cree se alumbra al país, a pesar de los apagones que le dejó en herencia.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe.)

La peor de las amenazas (2 de 2)

MIGUEL GUERREROPara muchos que vivimos de este lado del planeta es prácticamente imposible la existencia sin libertad. Sin embargo, en infinidad de ocasiones me he formulado la pregunta. ¿Están millones de latinoamericanos en condiciones de formularse el mismo planteamiento? Es una pregunta inquietante por cuanto la democracia es el más probado de los sistemas políticos y el único capaz de garantizar a la mayoría de la población sus más elementales derechos políticos y sociales.

Como la distribución del ingreso presenta escalas perturbadoras, una de las tareas más prioritarias debería consistir en procurar cierto grado de equidad social. Hemos insistido en que los niveles de distribución de la riqueza deben marchar parejos con los adelantos en materia de desarrollo político y fortalecimiento democrático. Años de fracasos en el campo de la acción económica y social han contribuido a profundizar las diferencias abismales entre minorías privilegiadas y mayorías postergadas. Sólo si se superan los niveles heredados de miseria e indigencia en esos estratos mayoritarios de la población, se evitará la amenaza de un caos social.

Está claro, sin embargo, que las acciones y políticas oficiales que tratan de atacar el problema, sólo consiguen agravarlo. No puede pretenderse que en base a caridad pública los gobiernos puedan subsanar el sufrimiento de la población. Una canasta en Navidad y un par de juguetes en la fiesta de Reyes no aligeran la carga de dificultades de los grupos indigentes y en cambio propician una humillante dependencia de la acción estatal. El clientelismo ha sido uno de los vicios más dañinos en nuestro ambiente.

Pudiera parecer una letanía. Pero el tema de la pobreza, que hoy domina el debate, se plantea desde una perspectiva mucho más pobre todavía. Y como marchan las cosas no hay señales de que mañana será distinto.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe.)

La peor de las amenazas (1 de 2)

MIGUEL GUERREROEl manto de miseria que envuelve a millones de personas es un fardo demasiado pesado sobre el prestigio del sistema democrático. Tantos niños en completa indigencia, desamparados, desprovistos de alimentación, escuelas y viviendas no son los espejos adecuados para reflejar las virtudes del sistema.

La pobreza, con su enorme secuela de desmoralización y desequilibrio social, es una espina clavada en las mismas entrañas de la democracia continental. 

Durante años se ha tolerado y auspiciado la corrupción, el saqueo del patrimonio público, permitiendo que los bienes comunes fueran sólo usufructuados por un puñado de privilegiados adheridos, como verdaderas sanguijuelas, al poder político. Cambios dramáticos, profundos si se quiere, son indispensables a breve y mediano plazos, para preservar los logros alcanzados en el ejercicio de los derechos individuales. Protegidos por una especie de paraguas de bienestar material, muchos latinoamericanos suelen abstraerse de la realidad e ignorar el peligro que esta situación de desequilibrio social significa para la estabilidad futura de cada una de sus repúblicas.

Con carácter de urgencia, es necesario darle sustancia a la democracia. Hacerla más atractiva al común de la gente que sólo sabe de sus ventajas por referencias de políticos y grupos de presión surgidos a su amparo. La libertad es el don más sagrado de que puede ser dotado un ser humano y la vida plena es inconcebible sin esta. Pero aún las libertades significan poco en sí mismas, para aquellos que apenas las disfrutan para morir o padecer, dentro de un universo lleno de limitaciones materiales sin perspectivas de progreso. Para preservar la democracia es preciso mejorar las condiciones de gente que vive virtualmente ajena al desenvolvimiento económico, sin acceso seguro a las fuentes de empleo y riquezas que genera la actividad productiva.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe.)

Un tema de salud pública

MIGUEL GUERREROEl mal manejo de los alimentos constituye una de las amenazas más serias a la salud y se impone por eso más cuidado de parte de las autoridades en lo que respecta a la supervisión de lo que se vende en las calles. En cualquier punto de la ciudad se instalan, sin autorización muchas veces, puestos de venta de alimentos sin higiene alguna. Estos negocios ambulatorios son focos permanentes de infección, al que están expuestos quienes se sirven de los mismos, casi siempre por razones de precio.

No se trata de quitarle oportunidad a quienes se esfuerzan, sin recursos suficientes para establecer un negocio dentro del marco de la formalidad, por lo general honrados y laboriosos ciudadanos, pero una inspección frecuente de esos puestos de venta, puede ayudarlos a prosperar y operar con más estabilidad y sin temor a requisas que acaben con la fuente de manutención de sus familias. La supervisión exhaustiva de esos pequeños negocios ayudaría a sus dueños a mejorar las posibilidades de crear mayor confianza en sus clientes en lo que ofrecen. Leer más de esta entrada

La etiqueta: garantía al consumidor

MIGUEL GUERREROReportajes de Nuria Piera sobre la comercialización de quesos, plantean nuevamente la necesidad de que se legisle acerca de la obligatoriedad de etiquetar los productos industriales, informando de su contenido calórico y vitamínico, con fechas de producción y expiración. Los dominicanos sabrían así qué compran y consumen y los productores establecerían con ello distancia de quienes no observen las normas de producción, en lo que concierne a higiene y buen uso de los insumos.

En el caso específico de los quesos, como ocurriera hace ya un tiempo con otros productos, el mal manejo una vez fuera de fábrica constituye un peligro, puesto que se trata de productos perecederos, que casi siempre requieren de refrigeración permanente. En la mayoría de los establecimientos de venta al público la línea de frío se pierde por los apagones y en muchos de ellos, al cerrarse las ventas del día, se apagan los congeladores hasta el día siguiente para ahorrar energía. Leer más de esta entrada

“¡Quién me diese alas…!”

MIGUEL GUERREROPedro Conde Sturla, en un artículo en Acento titulado “Este mundo podrido”, nos describe en toda su crudeza la falsedad en que vivimos creyéndonos que, como planteara Emund Burke y tanta gente repite sin analizarlo a fondo, bastaría con que los buenos no hagan nada para que los malos, los perversos, se salgan con la suya. No he citado el dicho entre comillas a propósito, porque hacerlo equivaldría a aceptar lo que precisamente Pedro desmonta en su brillante escrito.

Lo cierto es que este mundo no es de aquellos que tratan de ceñirse a las reglas y las normas que la sociedad se traza para organizar la vida en comunidad y lograr de esta forma que las leyes se cumplan y se pueda coexistir con un nivel mínimo de respeto a los derechos que a todos nos corresponden, por el simple hecho, si se quiere, de haber nacido. Leer más de esta entrada

Tiempo de decisiones

MIGUEL GUERREROMientras Cuba, nuestro real competidor en el corto plazo, se abre cada día más a la inversión extranjera, especialmente en el área de explotación minera, y admite cierta modalidad paulatina de negocios privados, aquí los poderes públicos se afanan por crearles trabas, para sellar la hegemonía de la élite política sobre la actividad económica y consolidar su creciente dominio del quehacer nacional.

Cuanto hemos conseguido con esas prácticas de políticas restrictivas es hacer más difícil la actividad privada, expandiendo con ello la informalidad en la economía y restringiendo el crecimiento del empleo productivo y de calidad. Eso explica el virtual fracaso del sistema de la seguridad social, que en la práctica ha sido otra carga tributaria y que se encamina, en virtud de la expansiva actividad informal, a una etapa inevitable de inestabilidad que la hará colapsar, por su carga onerosa en la estructura productiva.

Si los poderes del Estado, el Ejecutivo y el Congreso, ceden a los aplausos y actúan sólo guiados por las encuestas de popularidad, en el país no se adoptarán las políticas y los programas de desarrollo que se necesitan para sacar a esta sociedad del marasmo y el subdesarrollo. El presidente Medina tiene una excepcional oportunidad de dar un paso firme en la búsqueda de un lugar seguro en el futuro para la nación, si aprovecha su enorme aceptación popular y el impedimento constitucional que lo protege del veneno de la reelección, para hacer lo que tiene que hacer, a despecho de la oposición de una ultraderecha de enorme presencia mediática que llena de miedo y de oscuridad el entorno presidencial.

Lo primero que debería hacer es desprenderse ya de esas influencias perniciosas y rodearse de gente confiable y bien intencionada, que las hay por montones en su propio partido. Sólo que el tiempo se le hace corto y las vacilaciones podrían poner su nave a la deriva. (Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe.)

“Toxinas venenosas” del capitalismo

MIGUEL GUERREROMuchos de los problemas nacionales y el inmenso poder que alcanzan acumular los gobiernos y la figura presidencial se deben en gran medida a la facilidad con la que se aceptan las “verdades oficiales” y se elude la responsabilidad de hacer preguntas cuando el cielo se oscurece o la ambigüedad domina el escenario político.

Aceptamos bucólicas visiones de la economía reñidas con la realidad sin pestañear y nos aferramos así a un reino de virtualidad donde todo marcha a la perfección, a despecho de cuán mal nos vaya o se perfile el horizonte. Creemos cuanto se nos dice y guardamos silencio por temor a hacer preguntas molestosas, pagando un alto precio por ello.

Suponíamos, por ejemplo, que vivíamos una democracia basada en un sistema de economía capitalista. Hasta que el entonces presidente Fernández, en ocasión de un viaje a Cuba coincidió con Fidel Castro en que el capitalismo—así lo escribió en un artículo el líder cubano—es un sistema que suda “toxinas venenosas” por todos sus poros. Leer más de esta entrada