La crítica en una democracia

MIGUEL GUERREROPor años he insistido sobre el peligro de aislamiento en que caen gobiernos democráticos, cuando solo ven en la crítica mala intención o un deseo de entorpecer iniciativas oficiales. Si bien muchas veces ese sentimiento domina los enjuiciamientos públicos a las acciones del gobierno, no siempre esa es la intención que prima. Con más frecuencia de la que se admite, las observaciones a determinadas conductas o prácticas gubernamentales o de funcionarios, están inspiradas en sanos propósitos.

La sabiduría de un gobierno consiste en poder apreciar la diferencia. La falta de esa capacidad impide aprovechar oportunidades excepcionales de corregir posturas y políticas inadecuadas o ganarse nuevos afectos. Casi siempre, el rechazo instintivo a la crítica no alcanza a ponderar su alcance ni la finalidad que esta persigue. Leer más de esta entrada

Balaguer y la Constitución

MIGUEL GUERRERODos frases pronunciadas por Balaguer, citadas por sus adversarios fuera de contexto, le han perseguido incluso después de su muerte. Durante un largo período de precios deprimidos del mercado azucarero, el entonces Presidente de la República intentaba obtener un aumento de la cuota en el mercado norteamericano, donde priman precios preferenciales. La situación internacional no le era nada favorable al país y el gobierno dominicano tenía entonces problemas de comunicación con la Casa Blanca debido al deterioro del clima de derechos humanos prevaleciente en aquella época.

En un discurso ante la Asamblea Nacional, Balaguer apeló a la comprensión de la administración del presidente Nixon, señalando que si su presidencia constituía un obstáculo al logro de una mayor cuota azucarera él estaría dispuesto a asumir un sacrificio y renunciar al cargo. Leer más de esta entrada

Una experiencia personal

MIGUEL GUERREROLa idea más aceptada en el país de un puesto público es la de llegar allí como una oportunidad para hacerse rico. Por eso es tan difícil crear una verdadera conciencia nacional en contra de la corrupción y por esa misma causa los delitos económicos quedan siempre cubiertos por un manto de impunidad.

Cuando renuncié en enero de 1988 a la dirección general de CORDE, en conflicto abierto con el presidente de entonces Joaquín Balaguer, todos los caminos se me cerraron. Aunque mis relaciones con el caudillo reformista sobrevivieron a ese difícil momento, lo cual me salvó de algunos embarazosos momentos con la zona más salvaje de su entorno palaciego, la situación se me hizo cuesta arriba.  Leer más de esta entrada

El valor de las cosas pequeñas

MIGUEL GUERRERONuestro mayor error es dejar todas las soluciones al Gobierno. Los ciudadanos tenemos una cuota de responsabilidad en esa tarea. Por su naturaleza muchos de los conflictos y problemas que hacen difícil la vida cotidiana pueden ser resueltos con una mejor actitud ciudadana. El del tránsito, por ejemplo, tal vez uno de los que más nos irrita, tiene su origen en el desprecio a las normas y el desconocimiento de la ley. Aunque el parque vehicular ha crecido al punto de generar congestionamientos que antes nadie se imaginaba, la forma en que conducimos agrava la situación.

Se anda con demasiada prisa, como si el mundo estuviera a punto de terminar y fuera preciso llegar antes que nadie para asegurarse un pasaje seguro al más allá. Leer más de esta entrada

Una tarea de la escuela

MIGUEL GUERREROAhora que, ¡por fin!, un gobierno se ocupa seriamente de la educación, me parece una prioridad que el sistema escolar enfatice en la necesidad de que los estudiantes mejoren su dicción y aprendan a hablar bien su idioma, el español. Muchos de los problemas que técnicos y profesionales confrontan en el mercado laboral se relacionan con su incapacidad para expresarse correctamente, en especial en los casos en que el lenguaje juega un papel fundamental en el ejercicio de una profesión o un oficio.

Hablar con propiedad es un atributo que se aprende a temprana edad. Y enseñarlo adecuadamente es una tarea primordial de la escuela, desde que se ingresa a ella, porque el regionalismo insular en el habla crea vicios imposibles de superar cuando se alcanza cierta edad. Leer más de esta entrada

Cuando el poder es una obstinación

MIGUEL GUERREROEl ejercicio prolongado del poder, sobre el que se ha debatido mucho, no sólo engendra y fomenta la corrupción. El peor de sus legados es el anquilosamiento de la sociedad.

Cuando Balaguer se postuló en busca de un nuevo mandato en 1990, después de haber regresado tras dos periodos en la oposición, escribí un artículo señalando que la más mala de las opciones electorales era entonces preferible a su reelección.

Como muestra de mis razones, me basaba en un hecho muy personal. Decía entonces que cuando mi hija nació, en 1969, Balaguer estaba en el tercer año de su tercera presidencia y la ejercía aún cuando terminaba su maestría veinticinco años después. Leer más de esta entrada

De Benedicto a Francisco

MIGUEL GUERREROEl discurso del papa Francisco, en la primavera del 2013, sobre la relación con otras confesiones, me recordó la fanática reacción del clero musulmán cuando Benedicto XVI rechazó públicamente la violencia de los grupos extremistas islámicos, y las señales de nerviosismo que ello provocara en el Vaticano confirmando así el terror que esos grupos infunden en Occidente. Lo curioso es que las reacciones de los clérigos musulmanes estaban llenas de diatribas contra el cristianismo y los intentos de aclaración de la Santa Sede no hacían alusión alguna a ese hecho. Lo importante era excusarse con esa gente que ya habían hecho pagar muy caro el “crimen” de publicar caricaturas del profeta Mahoma.

La verdad es que Benedicto no ofendió al islam. Sus declaraciones, pronunciadas en ocasión de su visita esos días a Alemania, su país natal, se limitaron a rechazar, ni siquiera a condenar abiertamente, “las motivaciones religiosas de la violencia”, es decir la guerra santa, la “yihad”. La oficina del Pontífice se disculpó diciendo que el propósito de Benedicto no fue “ofender a los creyentes musulmanes”. Leer más de esta entrada

Juárez, el federalista

MIGUEL GUERREROFue Porfirio Díaz, el dictador, y no Benito Juárez, el Benemérito de las Américas, quien dijera: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Juárez no era anti-norteamericano. Todo lo contrario. Era un federalista admirador del pueblo y el sistema estadounidense. La Constitución de 1857 que hizo de México un estado laico, y las reformas que a partir de 1861, tras el cruento conflicto civil conocido en los textos mexicanos como “La guerra de los tres años”, impuso Juárez ya como Presidente, estaban inspiradas en la libertad del sistema de su vecino del norte.

Durante la guerra que siguió a la aprobación de la Constitución que despojó al clero de las riquezas e influencias políticas que hacían de la Iglesia Católica el verdadero poder en México, el apoyo de Estados Unidos a los constitucionalistas, es decir a los liberales, conocidos como los “rojos” y los “puros”, resultó decisivo y permitió finalmente su victoria sobre las fuerzas del presidente Miguel Miramón, conservador y católico. Juárez tenía la guerra perdida. Las tropas de Miramón, con el control de casi todo el territorio mexicano, le habían prácticamente confinado en Veracruz y sus fuerzas comandadas por el general Degollado estaban exhaustas y aisladas.

Cuando el gobierno conservador intentó atacarlo por mar, con barcos comprados en Cuba, Juárez acudió al auxilio estadounidense. Con la intervención de la flota dirigida por el almirante Turner, en cuyo honor luego se erigieran bustos en México, Juárez logró cambiar el curso de la guerra. La Ley Lerdo, y la que lleva su nombre, completaron la separación del Estado y la Iglesia. Esas medidas no fueron gestos contra su vecino del norte. Por el contrario, el acuerdo McClean-Ocampo, que Juárez auspició durante el conflicto, reconocía derechos de paso a Estados Unidos sobre parte del territorio mexicano que los conservadores combatieron..(Reproducido con autorización del autor.Publicado en elCaribe)