Lo que el país espera

MIGUEL GUERREROEn la tradición política dominicana, los cambios en la burocracia y grandes anuncios tuvieron la virtud de proporcionarles a los gobiernos un respiro momentáneo en situaciones difíciles. Esa práctica consuetudinaria se perdió en la presidencia de Leonel Fernández, sin que los resultados fueran mejores para el gobernante.

Joaquín Balaguer apeló a ese expediente para darse tiempo cuando la casa parecía venírsele encima o simplemente como cortina de humo para acallar las protestas o desviar la atención pública de cuestiones que comprometían seriamente su administración en términos morales o políticos. Con Fernández fue distinto. En su primer mandato apenas introdujo cambios en la estructura burocrática y en los cinco años siguientes tras su regreso al Palacio Nacional tampoco lo hizo. Pagó muy caro por ello. El descenso de su popularidad y la pérdida creciente de confianza se reflejaron en las encuestas y las protestas de toda índole que enfrentó en el último año. Las demandas de mayor atención oficial y repudio a los actos de corrupción denunciados por los medios y la sociedad civil en amplias esferas del gobierno, acabaron con su liderazgo. Leer más de esta entrada

Buen país para vivir…, todavía

MIGUEL GUERREROLa degradación nacional no se da sólo en la política, donde ya no existen límites. Afecta todos los ámbitos del quehacer nacional. La hemos visto aposentarse en instituciones financieras, en los sindicatos, en el comercio, en la industria, en las asociaciones de profesionales, en los ambientes artísticos y deportivos y, para acortar la lista, en la prensa. Su presencia es brutal y alarmante. La escucha uno por la radio y puede verla por televisión. Nada escapa al proceso de degradación moral que parece habernos tomado con rudeza por el cuello.

Si alguien tiene duda que dedique unos minutos de atención a cualquier programa, sin importar el medio en que se difunda. La degradación a la que me refiero no es la que resulta únicamente del abuso de palabra, de la falta de respeto al derecho del público, sino principalmente al irrespeto a las normas y a la ley. En el país se habla mucho todavía de cambios radicales. Cambios que no significan, por supuesto, una revolución por medio de las armas y la violencia. Pero sí un cambio de actitud ante la ley. Leer más de esta entrada

La práctica de la tortura

MIGUEL GUERRERODurante la tiranía de Duvalier, se tuvo el testimonio de un hombre que aseguró haber presenciado en Haití cómo a un compañero de prisión se le introdujeron en los genitales dos alfileres oxidados. Los órganos se les cayeron en pedazos por la gangrena tras varios días de dolor y gritos que sacudían las mugrientas paredes de la estrecha celda. Amnistía ha denunciado un método de tortura bastante generalizado consistente en mantener en completa oscuridad a un prisionero por largo tiempo, al cabo del cual se saca repentinamente a plena luz del día o se le proyecta una potente luz de reflector sobre los ojos. Los soviéticos no sólo aplicaban drogas mortíferas con el propósito de doblegar la voluntad más que con la idea de causar dolor físico, aunque este modelo tan inhumano es muy doloroso, sino que solían envolver a los disidentes en lonas mojadas que al secarse encogían y producían un suplicio intenso.

Aún en ciertas democracias occidentales se ha ejercido con periodicidad el castigo corporal contra determinados prisioneros. Esta práctica ha sido denunciada incluso en nuestro país por organizaciones e incluso gobiernos extranjeros. Su aplicación es una regla en gobiernos dictatoriales, tanto de izquierda como de derecha. Leer más de esta entrada

Israel y Palestina: única solución

MIGUEL GUERREROLa creación futura de un estado palestino no es la causa de la violencia que afecta todavía la paz en el Levante. Esa cuestión está desde hace tiempo decidida. Lo que traba realmente un acuerdo que lo permita es la negativa de grupos radicales palestinos y algunos gobiernos árabes vecinos de reconocer el derecho de Israel a existir como nación. Es decir, el derecho que les asiste a los judíos, como a los palestinos, de vivir dentro de fronteras estables y seguras.

Esa realidad ha quedado infinidad de veces de manifiesto. Hace ya varios años, durante una visita de la entonces secretaria de Estado norteamericana Condolezza Rice se logró un compromiso sólido en sus reuniones con el presidente Mahmud Abás, de la Autoridad Nacional Palestina, y el primer ministro Ehud Olmert, de alcanzar una solución al conflicto en base al reconocimiento de los dos estados. De hecho, se trata de una salida que ambas partes admiten desde el inicio de las negociaciones enmarcadas dentro de la llamada Hoja de Ruta, que auspiciaron Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas, pero que el gobierno sirio y grupos árabes radicales, como Hamas y Hezbolá, se resisten a aceptar e incluso, en el caso de los dos últimos, basan su existencia en la desaparición del estado israelí.

Israel es una víctima de los prejuicios que dominan la diplomacia internacional. A ningún otro país, sin importar la magnitud de las acusaciones que se le formulen, se le niega el derecho de existencia. Se discuten los errores de política, las agresiones a países extranjeros y se condenan en los organismos internacionales a los gobiernos responsables de tales hechos. Pero nadie discute el derecho a la existencia de ningún otro estado, por fallido que sea o por cuestionables que resulten sus actuaciones en la comunidad internacional. Sólo a los judíos, por el hecho de serlos. No hay otra salida que no sea la de dos estados.(Reproducido con autorización del autor.Publicado en elCaribe)

El valor de las cosas pequeñas

MIGUEL GUERRERONuestro mayor error es dejar todas las soluciones al Gobierno. Los ciudadanos tenemos una cuota de responsabilidad en esa tarea. Por su naturaleza, muchos de los conflictos y problemas que hacen difícil la vida cotidiana pueden ser resueltos con una mejor actitud ciudadana. El del tránsito, por ejemplo, tal vez uno de los que más nos irrita, tiene su origen en el desprecio a las normas y el desconocimiento de la ley. Aunque el parque vehicular ha crecido al punto de generar congestionamientos que antes nadie se imaginaba, la forma en que conducimos agrava la situación.

Se anda con demasiada prisa, como si el mundo estuviera a punto de terminar y fuera preciso llegar antes que nadie para asegurarse un pasaje seguro al más allá. Resulta, sin embargo, que aquél que nos rebasa en una avenida muy transitada con uno de esos espectaculares “cortes patelitos”, como dicen nuestros jóvenes, tiene que pararse de golpe por la luz de un semáforo o por una simple e interminable hilera de vehículos en la esquina siguiente. Muchos de los accidentes que a diario se producen tienen en este peculiar fenómeno del tránsito dominicano una de sus causas. Leer más de esta entrada

Las emociones y Punta Catalina

MIGUEL GUERREROCuando las emociones se interponen en la discusión se hace difícil encontrarle salida a los problemas. Y en medio de la justa indignación provocada por la admisión de sobornos por la constructora brasileña Odebrecht, nada de extraño tiene que se diera nuevamente el caso. Me refiero a las demandas de sectores políticos y de la sociedad civil de que se paralice la construcción de Punta Catalina y se licite el 25 por ciento que aún le falta al proyecto para su terminación, lo que me parece absurdo.

La cuestión gira alrededor del costo que se cree sobrevaluado. La CDEEE ha ofrecido datos concluyentes sobre la transparencia de la licitación y la conformidad expresada por los consorcios participantes, a excepción de un socio local de la firma china Gezhouba, una de las cuatro de 35 que pasaron a la fase de presentación de ofertas, pero no llenó el puntaje necesario de las normativas técnicas del concurso. Gezhouba desautorizó a su socio local pero este insiste que el presupuesto de la obra está sobrevaluado en mil millones de US$ sobre su oferta, lo que no puede afirmarse en vista de que esa propuesta, por no llenar los requerimientos técnicos, nunca fue abierta. Leer más de esta entrada

La diplomacia de Trujillo (2 de 2)

MIGUEL GUERRERODebido a la mala memoria de los dominicanos, causa de muchas de nuestras desgracias, existe todavía en algunos sectores la intención de replantear moralmente el tema de la tiranía, con el insano propósito de justificarla como una necesidad histórica de su época. Se nos pone de ejemplo el servicio exterior como muestra de la superioridad de la tiranía trujillista sobre la democracia.

Al advertir sobre el riesgo que eso supone para el sistema democrático, me atrevo a asegurar también que todo tiende a justificar ante las generaciones presentes y futuras actuaciones que de otra manera resultarían imposibles de explicar histórica, moral y políticamente. Con honrosas y conocidas excepciones, el servicio exterior durante la llamada Era de Trujillo constituyó uno de los peores y más degradantes aspectos del régimen. La inteligencia de muchos de los que formaron parte de la diplomacia trujillista hizo posible que todavía hoy miles de dominicanos vean en esa etapa oscura de nuestra vida republicana, valores inexistentes.

Con todo respeto, esos personajes a los que se atribuyen tantos méritos, quedaron ya marcados en las páginas de nuestra historia por la dimensión justa de sus propias actuaciones. Leer más de esta entrada

La diplomacia de Trujillo (1 de 2)

MIGUEL GUERREROA pesar de los 56 años transcurridos de su muerte, se sigue afirmando que las relaciones internacionales experimentaron su máximo esplendor durante la llamada Era de Trujillo, sólo porque hombres educados, con grandes conocimientos de las formas protocolares a la usanza de entonces y dotados de un gran dominio de la oratoria, le sirvieron al tirano en el exterior, sin tomar en cuenta los objetivos de esa política. Esos señores estaban mejor preparados para la faena que los que llegaron después, pero no eran mejores, ni estuvieron nunca guiados por razones éticas y morales. Por el contrario, contribuyeron con su talento a perpetuar la tiranía y a justificar en el plano doméstico y en el escenario internacional, algunas de las peores atrocidades cometidas por ese régimen. No entiendo dónde radican los méritos de esa diplomacia y mucho menos la afirmación de que esa política exterior fuera certera y que en su ejecución se usaran a “los mejores hombres”. La capacidad en sí misma no supone virtudes. Leer más de esta entrada