Grave problema de criminalidad y las causas

Me han preguntado si el Gobierno es el responsable del incremento de la criminalidad. La pregunta pudiera parecer irrelevante pero en modo alguno lo es. Dado el malestar provocado por los casos de secuestros, asesinatos, atracos y robo a mano armada, en calles y hogares dominicanos, el tema domina todas las conversaciones cotidianas. Sin pretender erigirme en evaluador de la situación, entiendo que no sería justo culpar solo al Gobierno de algo que tiene raíces mucho más profundas de las que la generalidad de la población pueda llegar a atribuir a este inquietante fenómeno social de la delincuencia creciente.

En efecto, son muchos y variados los factores envueltos. Sin embargo, hay que ser sumamente cuidadoso al exponer las causas porque pudiera parecer que se trata de encontrar una justificación a un problema que en realidad no lo tiene. El hecho es que nada justifica ni puede justificar el crimen en las diversas modalidades que angustian hoy a la sociedad. Pudiéramos concluir en que la extrema pobreza, las desigualdades sociales, la carencia de oportunidades, la degradación del ambiente moral y más, se conjugan para incrementar la ocurrencia re hechos delictivos. Y la evaluación no sería incorrecta. Pero aun la suma de todos esos factores, no alcanza a dar una explicación justa del fenómeno.

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Por un papa católico

En su libro “El Pontífice: un asesino para tres papas”, Gordon Thomas y Max Gordon-Witts relatan que tras la muerte de Pablo VI, a comienzos de agosto de 1978, mientras esperaban por la elección del nuevo custodio de las llaves de San Pedro, las turbamultas reunidas en las plazas de Roma y el Vaticano, mostraban letreros con una rogativa: “¡Escoged un papa católico!”

Las multitudes de Roma querían significar con su demanda de un “papa católico”, el ascenso de un hombre más consciente de sus deberes pastorales, que comprometiera a la Iglesia con los pobres.

Anhelaban un papa para todo el mundo, no solamente para los católicos. Un líder que al mismo tiempo no pretendiera consuelos o fórmulas cristianas para aquellos que no lo eran. Un hombre, en definitiva, que supiera sonreír y pudiera penetrar así más fácilmente el alma de las personas y atender sus inquietudes.

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Para hacerse rico

La idea tenida en el país de un puesto público es la de llegar allí como una oportunidad para hacerse rico. Por eso es tan difícil crear una verdadera conciencia nacional en contra de la corrupción y por esa misma causa los delitos económicos quedan siempre cubiertos por un manto de impunidad.

Cuando renuncié en enero de 1988 a la dirección general de CORDE en conflicto abierto con el presidente de entonces Joaquín Balaguer, todos los caminos se me cerraron. Aunque mis relaciones con el caudillo reformista sobrevivieron a ese difícil momento, lo cual me salvó de algunos embarazosos momentos con la zona más salvaje de su entorno palaciego, la situación se me hizo cuesta arriba. Muchas de las críticas mediáticas vertidas contra mí se referían a mi falta de experiencia e incluso a una supuesta inestabilidad incapaz de superar las situaciones críticas propias de toda posición pública importante, alrededor de la cual giran, como diabólica centrífuga, los más enconados y diversos intereses, detrás de privilegios, contratos y otras canonjías.

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El derecho a votar “por ninguno”

Un grupo de ciudadanos solicitó a la Junta Central Electoral, en diciembre del 2009, la inclusión de un recuadro en la boleta electoral que permitiera a los electores expresar su rechazo por las opciones de los partidos al votar “por ninguno”.

Se trataba de evitarles a los electores el tener que decidirse por el llamado sufragio negativo o el voto por el “menos malo”, que a la postre, eliminados los que se creían peores, deja al supuesto menos malo como el único malo, con un nivel de legitimidad que luego propicia la clase de latrocinio propias y conocidas del quehacer gubernamental.

Al negar el derecho a expresar con su voto el rechazo de las opciones presidenciales, el sistema electoral alienta y promueve la corrupción, práctica asociada a la desgarradora desigualdad observable en esta sociedad caracterizada por sus múltiples realidades, espantosas la mayoría de ellas. El presidente de la junta de entonces, hizo público su desagrado por la iniciativa emitiendo opiniones que pesaron negativamente en la decisión final del pleno del organismo, sin tomarse siquiera el tiempo para ponderarla en respeto al derecho de los electores de escoger con plena conciencia y libertad a sus gobernantes.

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La corrupción en el humor dominicano

Entre las historias con las que el humor nacional satiriza los altos niveles de corrupción que siempre han existido, gobierno tras gobierno, dos al parecer caracterizan con más claridad nuestra realidad política.

La primera cuenta la imaginaria muerte de un funcionario a quien Dios ordena dejar en el Purgatorio mientras decide si lo recibe en su Reino o lo envía a los hornos del Averno. El afortunado señor no tarda en adaptarse y muy pronto se hace el propósito de asociarse a su ángel custodio, previendo la posibilidad de algún pingüe negocio que le permita su entrada al cielo.

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Izquierda quedó helada en la guerra fría

A pesar de la caída del Muro de Berlín y los acontecimientos que le siguieron en Europa y el resto del mundo, el léxico de la guerra fría domina todavía el debate en el ámbito latinoamericano. Parecería que lo ocurrido cuando el témpano ideológico que se derritió con la desaparición de la Unión Soviética no ha sido entendido como tampoco las transformaciones capitalistas que han hecho de China la segunda potencia económica.

Los controles constriñen la vida en países como Venezuela, Nicaragua y Cuba y el dominio de la economía por sus gobiernos las achican provocando brutales escasez y alzas de precio que hacen la vida insufrible. La experiencia china no les ha servido de nada. Cuando Deng reconoció que una teoría lanzada a mediados del siglo anterior no tenía respuestas a los problemas de la China de finales del siglo XX, el entierro del marxismo permitió a esa nación de cientos de millones de habitantes dar el salto cualitativo que Mao intentó sin éxito en medio de un charco de sangre haciendo más pobre a China. Hay más millonarios hoy en el país asiático que en cualquiera del Primer Mundo, incluyendo tal vez a Estados Unidos.

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La estructura social del país

En “La herencia trágica del populismo” (2013), planteo que si se analizara con rigor científico la estructura social del país, la composición de las fuerzas que la guían, no tardaríamos en observar una curiosa suerte de estancamiento, como si la sociedad hubiera permanecido al margen de la marcha inexorable del tiempo y de la historia. Las estructuras de mando son las mismas que dominaban en los albores de los años setenta. Y muchos de los gritos y quejas de las multitudes de entonces siguen caracterizando las demandas actuales. Ese era el panorama y sigue siendo la realidad, 10 años después de la publicación del libro.

La dolorosa verdad es que después de seis décadas de ejercicio democrático, el modelo dominicano no ha enseñado evidencias de que sea el más idóneo para resolver los graves e inaplazables problemas de los grandes núcleos de población. Los conflictos y limitaciones en las áreas de la salud, la educación, el transporte público, el costo de la vida, los servicios municipales, son hoy tan graves y alarmantes como lo fueron hace cincuenta años.

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El arte de gobernar la pobreza

Las sociedades comienzan a sentir la necesidad de cambios cuando ven desaparecer las oportunidades, mientras la corrupción, protegida por un manto de impunidad aceptada por la clase dirigente como un compromiso, se convierte en la norma de la vida pública. Hemos presenciado ese fenómeno en muchos países del continente, con resultados desastrosos para la práctica democrática. El ejercicio del poder ha dejado de ser en nuestros países un deber de servicio público para transformarse en un trampolín social y un camino directo y corto al enriquecimiento.

A ese ritmo, las estructuras del sistema democrático dominicano caerán en pedazos mucho antes de lo que uno pueda siquiera imaginarse. Los pueblos, como los niños, tienden a imitar los modelos de otras sociedades haciendo en algunos casos rodar equivocadamente cuanto pudo representar un paso de avance creyéndolos la presunta causa de sus males y dolencias.

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