¡Diantre!

En Global, la indiscutiblemente mejor revista dominicana de temas científicos y culturales, me he topado en mis archivos con algunas de las más notables exhibiciones del arte de no hacerse entender, experiencias literarias que me han puesto ante el enojoso compromiso de cuestionar, defecto propio de la edad, mi personal capacidad para asimilar lo que a tantos académicos les resulta tan sencillo.

Veamos, por ejemplo, unos párrafos de un enjundioso estudio sobre la industria azucarera, de la periodista argentina María Marta Lobo: “ La teoría de sistemas de Luhmann ha servido para explicar el dinamismo de los procesos sociales, producido por la condición de auto referencialidad de los subsistemas que se reconocen a sí mismos y en esa misma observación a su entorno. Se trata de las luchas de cada subsistema por lograr la propia unidad y la reducción de la complejidad. Los mismos cruces que permiten la construcción, en base a las diferencias, de los imaginarios sociales”. Leer más de esta entrada

Todo será distinto

En la era digital, los periódicos, como los conocemos hasta ahora, irán desapareciendo hasta morir. Sobrevivirán sólo en aquellos países regidos por dictadores y tiranos, porque les servirán como instrumentos de adoctrinamiento y para mantener en la oscuridad a la población. Los periódicos les servirán para controlar la información, impidiendo el acceso de los ciudadanos al Internet y a las novedosas formas de comunicación y difusión de noticias que a diario surgen por efecto de la magia de las redes en la web.

Los periódicos que llegan a nuestros hogares se están poniendo viejos y morirán, porque dejarán de ser útiles y sus contenidos perderán actualidad e interés con cada minuto que pase. Un periódico sólo está en capacidad de renovar su contenido con la edición del día siguiente. En esas veinticuatro horas ocurren cosas que cambian diametralmente la vida de millones de personas y la suerte de las economías de países grandes y pequeños, ricos y pobres. Leer más de esta entrada

Cuando de excesos se trata

Los excesos en los medios suelen ser tan dañinos para la moral pública y los derechos ciudadanos como las restricciones al ejercicio de la libertad de expresión. Hace años, me tocó escuchar por la radio un espectáculo vergonzoso, impropio entre profesionales del periodismo. Ocurrió en medio de una violenta discusión sobre las diferencias de criterio de funcionarios del área económica. Uno defendía al entonces secretario Técnico de la Presidencia, otro al gobernador del Banco Central. A este último le correspondió la peor parte. Le llamaron por cuantos epítetos uno pueda imaginarse, con vocablos groseros e insultantes.

El programa tiene fama de burlarse de su audiencia, pero en la citada oportunidad no se respetaron límites. Momentos hubo en que pensé que la discusión, cada vez más agria, con ofensivas referencias personales, llegaría a vías de hecho. Las malas palabras, pronunciadas en un tono que herían los oídos, se sucedían sin parar una detrás de la otra. Leer más de esta entrada

Los medios y el Poder Judicial

Una de las prácticas que más afecta el desenvolvimiento e independencia del Poder Judicial es la tendencia a dirimir fuera de los tribunales y especialmente en los medios de comunicación, asuntos pendientes de fallo en la justicia. Algunos de los casos más sonados se han ventilado así en las páginas de periódicos y en programas de radio y televisión. Los ciudadanos conscientes de la importancia que para la vida institucional del país y la vigencia de un estado de derecho tiene la soberanía del Poder Judicial, vemos con estupor la insólita frecuencia con que abogados de personas acusadas de los más diversos delitos, acuden a los medios para esgrimir sus argumentos de defensa con la obvia intención de presionar a los jueces y condicionar a la opinión pública.

Muy pocos jueces en este país están en condiciones de resistir este tipo de presión, proveniente a veces de figuras con gran influencia política y enorme poder económico. Por esta razón, siempre recuerdo la exhortación del entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia, doctor Jorge Subero Isa, “a todos los jueces del país”, publicada en los diarios el 6 de julio de 2006 como espacio pagado. Leer más de esta entrada

El valor de la tolerancia (3 de 3)

Es cierto que la prensa ha sido víctima de la intolerancia de quienes no creen en ella o la ven como un obstáculo a sus ambiciones desmedidas. Pero no es menos cierto que muchos ciudadanos, en la política, la farándula, el deporte y el gobierno, son con la misma frecuencia víctimas de los prejuicios y la incompetencia de quienes han encontrado en el ejercicio del periodismo un medio para exhibir sus mediocridades intelectuales.

A menos que esté preparada para aceptar los más severos juicios sobre su papel, la prensa nacional, y en particular los periodistas, no estaremos en condiciones de contribuir eficazmente a la creación de un clima libre y sin prejuicios para el debate de las ideas, lo cual es fundamental para la democracia. Los ejemplos diarios de intolerancia periodística son tantos como los que la prensa critica.

Algunos amigos me cuestionan las razones por las que suelo con esporádica frecuencia reproducir o hacerme eco de las críticas, muchas veces agrias y subidas de tono, que recibo en mi dirección electrónica de lectores enojados por el contenido de uno que otro comentario en esta columna diaria. Leer más de esta entrada

El valor de la tolerancia (2 de 3)

Recuerdo perfectamente las protestas y quejas que abrumaron en agosto de 1985 al entonces síndico del Distrito Nacional, José Francisco Peña Gómez, cuando, en ejercicio pleno de sus derechos, el político cuestionó la capacidad de articulistas y comentaristas que habían escrito y hablado en forma crítica sobre él y sus posibilidades electorales en aquella época dentro del PRD. Peña Gómez los llamó “disparatosos”.

La reacción a ese calificativo fue desproporcionada y no guardó el debido respeto a las opiniones de un líder sobre la prensa. Si el clima de libertad y el nivel de desarrollo democrático alcanzado en los últimos años otorga el derecho a los periodistas a la crítica de las actuaciones de los hombres públicos, en idéntica forma éstos tienen igual derecho de sentirse molestos con los juicios de la prensa y manifestarse públicamente, sin tener que padecer el peligro, como ocurre a menudo, de represalias que muchas veces toman la forma de un boicot de sus actividades en las páginas de un diario. Leer más de esta entrada

El valor de la tolerancia (1 de 3)

En distintos foros y en esta columna he sostenido que los periodistas no estamos totalmente exentos de la intolerancia que erosiona el clima de respeto a las opiniones ajenas que caracteriza el ejercicio democrático. Así como la prensa tiene absoluto derecho a formarse los juicios más severos sobre los líderes nacionales, en la misma medida éstos pueden forjarse los suyos con respecto a los medios y, en particular acerca de quiénes escribimos en ellos, sin excepción.

Si la crítica, a veces amarga, dura y sistemática, contribuye a recordarles a ciertos dirigentes sus limitaciones y el alcance de la prensa en una sociedad democrática, de igual manera los periódicos y los periodistas deben aceptar que ella se le aplica en lo que a las deficiencias de los analistas y el medio se refiere. La libertad de expresión garantiza el derecho de los ciudadanos a emitir sus ideas libre de toda coacción o presión. Leer más de esta entrada

Cómo surgen las dictaduras

La oposición tiene que ser más creativa para alcanzar el poder. Debería enfocarse en el análisis de los planteamientos oficiales y abandonar la costumbre de reducir las respuestas a simples e inocuas descalificaciones, especialmente cuando se trata de los discursos de rendición de cuentas como el leído este martes por el presidente Danilo Medina, ante la reunión conjunta de las cámaras legislativas. Por años me ha intrigado la reacción de los partidos y sus dirigentes sobre estos discursos y la curiosidad periodística me llevó a revisar los pronunciamientos externados por los grupos de oposición y sus principales dirigentes en pasadas comparecencias del jefe del Estado, tanto en gobiernos del PLD, como en las administraciones de Balaguer y las del PRD.

Para mi asombro comprobé que en la mayoría de los casos no había sido necesario escuchar a los presidentes. Muchas de las reacciones leídas en una revisión que he realizado de esos años muestran una enorme similitud en las observaciones a esos discursos. Insustanciales letanías que no aportan mucho. Si se les presta la debida atención a muchas de esas reacciones, parecen calcadas de un manual de oposición que nadie, hasta ahora, se ha empeñado en escribir. Leer más de esta entrada