La sabia advertencia de Ornes

Germán Ornes decía que el temor de las figuras públicas, políticos, funcionarios y líderes sociales, de enfrentar a los medios de comunicación cuando eran objeto de acusaciones infundadas, terminaría dañando a la prensa. La premisa ha resultado profética.

Con el Internet y la facilidad que ofrece a todo el que quiera expresarse en las redes nadie escapa a la violación del derecho a la intimidad o de verse acusado sin pruebas, porque los afectados tienden a refugiarse en la comodidad que supone evitar las confrontaciones que alteran la tranquilidad y, muchas veces, hasta la estabilidad familiar. Pero ese temor, de cierto modo justificado, alienta la mediocridad, fomenta el desorden social y daña, como decía Ornes, la reputación de la prensa, cuando la práctica invade los medios.

Cualquiera puede decir cuanto se le antoje en las redes sin consecuencia alguna. Y cuando se hace viral, es decir cuando se extiende y llega a millones de personas, hay un daño directo irreparable y consecuencias colaterales de iguales consecuencias. Leer más de esta entrada

El irrenunciable papel del Estado

Por mucho que nos irriten ciertos hábitos en la esfera política y en especial en el ejercicio del poder, lo cierto es que esa clase tan denostada ha hecho su papel en la vida democrática del país y casi siempre es posible encontrar en ella más tolerancia y vocación de consenso que en algunas escenas privadas.

Aún reconociendo la necesidad de achicar el Gobierno, esa reducción de roles no implica ni debe conducir a una eliminación de la presencia de los partidos y el liderazgo político en las grandes decisiones nacionales. Con todo y lo que se le pueda criticar a la acción del gobierno, genéricamente hablando, intentar que los intereses económicos controlen la vida política del país y pauten las decisiones que afectan directa e indirectamente al resto de la sociedad implicaría un retroceso en la vida institucional. Ambos tienen papeles importantes que desempeñar.

Actuar contra el mercado en una sociedad que se precia de sus valores democráticos y que enarbola la libertad individual como esencial, es un error que tercamente cometemos como nación. Leer más de esta entrada

Una pregunta insistente

¿Qué piensa usted de Leonel Fernández?, me preguntaron en un pasillo de supermercado. Acostumbrado a hacer las preguntas, me sentí incómodo al responder aquella. El expresidente parece un hombre inteligente, pausado, prudente, con un enfoque moderno del futuro. ¿Por qué no lo dice en su columna? Claro que lo he dicho, respondí. Sólo que con otras palabras, y a veces de la manera en que lo estoy haciendo ahora. El hombre pretendía arrinconarme: Pero usted fue un crítico de su gobierno. Por supuesto, le contesté, y lo sigo siendo. ¿Por qué?, insistió. Porque ya fue tres veces presidente y volverlo a ser sería trágico para un país con el historial de autoritarismo que todos conocemos.

Al igual que funcionarios y políticos, muchos lectores creen que las críticas a medidas gubernamentales o a planteamientos y propuestas de cambio, sean en el área económica como en cualquiera otra esfera, constituyen formas de oposición a ultranza al gobierno o a partidos que tratan de alcanzar el poder. Aunque parezca inocente decirlo, pertenezco a esa clase de periodista que aún confía en la crítica y en el ejercicio de un periodismo independiente como útiles a la sociedad y como un aporte al fortalecimiento de la práctica democrática. Leer más de esta entrada

Fraudulentas loterías de Internet

Si sumara los millones de dólares y euros ganados en loterías que nunca he jugado y que me llegan por correo electrónico, mi fortuna superaría las del más celebrado de los corruptos dominicanos. ¡Vamos, hombre, no exageremos porque eso es casi imposible! De todas formas sería mucho, mucho dinero, más de lo que sabría contar sin necesidad de una calculadora automática.

Mi buena suerte aumentó hace años cuando me llegó un correo con la supuesta rifa final del Fondo de Fideicomiso de la Organización de las Naciones Unidas a nombre de un Departamento de Asuntos Humanitarios del Reino Unido, con sede en Baley House, Hard Road Sutton, Greater London, con saludos especiales del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Resulté ganador en una lista de 47 millones de correos electrónicos en una selección aleatoria desde el Internet, me decían, como parte de su programa de promoción internacional de ese año. Después de una votación computarizada, mi cuenta de correo, según el caritativo mensaje, adjunta al número de serie 06-3434, obtuvo los números de la suerte 154/4456/011, lo cual me convirtió en uno de los ganadores de la rifa. Me correspondía pues la adorada suma de 650 mil libras esterlinas, premio que debía reclamar en tres semanas a la Secretaría de Hacienda de Naciones Unidas. Leer más de esta entrada

Lectura sabatina

Muchos amantes de la ópera tienen al menos la zarzuela por estimarla un género inferior. Pero las mejores composiciones de ese género musical de origen español se igualan en calidad a las producciones de los grandes compositores operáticos y en algunos casos demandan de los cantantes mayor capacidad vocal y dominio escénico, dado que la zarzuela, a diferencia de la ópera, mezcla canto con partes habladas e instrumentales, por lo que erróneamente se le identifica con la opereta, género de origen francés muy posterior al género musical español.

También suele comparársele con la ópera-comique francesa e incluso con el llamado singspiel alemán, género en el que muchos autores ubican “La flauta mágica” de Mozart, estrenada en Viena el 30 de septiembre de 1791, bajo su dirección.

Si bien la zarzuela no ha tenido la expansión mundial de la ópera, tanto en la tradición italiana como en la alemana, su difusión con los años se expandió a Hispanoamérica, especialmente en Argentina y Cuba, uno de cuyos más famosos compositores, Ernesto Lecuona, compuso en 1930 “María La 0”, que rápidamente se convirtió en una de las favoritas de los productores y cantantes de aquella época. Leer más de esta entrada

El ruido ensordece el debate

Las prioridades del país no se limitan al ámbito de la economía. Se dan también con idéntica importancia en el campo del debate, impunemente estridente. Ni la discusión pública de los asuntos más baladíes se salva de este peculiar estilo nuestro de enfocar los temas. Si al parlamentar no se observan las normas de la cortesía y el buen trato al más alto nivel, nada bueno podrá esperarse en las demás esferas.

El ruido ensombrece el diálogo y aleja todo intento de acercamiento. No se va a una mesa de negociación para hallar fórmulas de convivencia o facilitar acuerdos. Peor aún, se discute sobre la base de los desacuerdos existentes sacando de agenda los puntos que aproximan. A la primera señal de diferencia nos levantamos de la mesa.

Mientras Estados Unidos bombardeaba Hanoi y el Vietcong atacaba a Saigón, Henry Kissinger y Le Duc Tho negociaban un acuerdo de paz en París, que les valió finalmente a ambos el Nobel de la Paz. Ninguno de ellos se retiró del esfuerzo porque sus ejércitos se mataban en el campo de batalla. Leer más de esta entrada

En el reino del absurdo

Un grupo de notables ciudadanos propuso a finales del 2013 la adopción de una serie de acciones que conducirían irremediablemente al aislamiento económico y diplomático del país. Afortunadamente el jefe del Estado no cayó en la trampa. Pidieron el sometimiento de Haití al Tribunal de La Haya, el rompimiento de nexos con la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, a la que se acusó de habernos tendido una encerrona para alcanzar lo que denominan Pacto de Fusión, es decir la integración como un solo estado a las dos naciones que compartimos la isla. Proponían también nuestra salida de la OEA, denunciar a la ONU como cómplice de esa conspiración contra la soberanía y la existencia de la República, y acusar a Estados Unidos y sus centros de poder de formar parte de esa trama.¡ El colmo del absurdo!

Las relaciones con otros países denunciantes de la sentencia del Tribunal Constitucional, que ha dado lugar a una serie de expresiones internacionales de rechazo, deberían quedar bajo escrutinio o correr la misma suerte, según se desprende de la extensa carta enviada entonces al presidente Medina por los destacados ciudadanos. Leer más de esta entrada

Una escurridiza y engañosa letanía

Con frecuencia se escucha hablar a los dirigentes nacionales acerca del “interés general”, al resaltar la importancia de privilegiar a la mayoría con respecto a las elites económicas dominantes. La frase tiene bella resonancia pero el uso dado a la misma es una repudiable distorsión de su alcance y significado. El interés general no es necesariamente excluyente ni contrario al interés de esas minorías. En esencia, el interés colectivo, general o como quiera llamársele, no es más que el conjunto o suma de los intereses legítimos particulares de todos los miembros de la sociedad.

Al igual que los intereses de los más pobres, los de los ricos son también parte del interés general de la nación. Las grandes naciones, no necesariamente grandes por su tamaño, no hacen esas diferencias y esa es una de las causas por las que han logrado progresar y salvarse del estancamiento y el subdesarrollo. Hablar de esto es un poco difícil, por cuanto los estereotipos nublan la discusión e introducen elementos irracionales en el debate. Leer más de esta entrada