No hay otro camino

Escribí en este espacio en septiembre del 2019 que si en realidad la educación es el camino más seguro hacia el futuro, tal vez debimos comenzar a caminarlo con la Tanda Extendida en las escuelas públicas y las Estancias Infantiles. No pongamos fechas a los resultados. Sus frutos no se verán en un par de años, porque las siembras de corto plazo terminan con la llegada de cada estación.

Si alguien cree todavía que en un lustro o en una década, la educación transformará radicalmente a un país con la deuda en esa área acumulada que tenemos, está perdido. Es importante que la sociedad endose todo esfuerzo encaminado a allanar la difícil trayectoria hacia el porvenir. Negarle apoyo a esos programas tampoco me parece justo con cientos de miles de familias que tienen en ellos una oportunidad que nunca tuvieron o talvez no tengan. Además, cada día perdido solo ayudará a perpetuar nuestra ignorancia y, por ende, nuestro atraso.

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La odiada y hoy venerada Punta Catalina

El gobierno de Medina fue muy cuestionado por la construcción de Punta Catalina y el centro de las protestas se relacionaba con su costo, algo más de dos mil millones de dólares, incluido un puerto para la descarga y manejo del carbón, y el tema de la contaminación. Los críticos del gobierno de entonces, que hoy dirigen al país, denunciaron que estaba sobrevaluada en unos US$1,040 millones. Ni del costo del complejo ni del problema de la contaminación los críticos de entonces han vuelto a tocar el tema.

Los medios reprodujeron mil veces el monto supuesto de la sobrevaluación, sin que hasta el momento se sepa de dónde salió esa cifra. La cuestión es relevante porque el costo es el punto central del caso. La obra fue objeto de una licitación internacional auditada por firmas extranjeras, ninguna de las cuales fue cuestionada por las compañías que participaron en la misma. De las cuatro ofertas evaluadas técnicamente sólo la del consorcio formado por Odebrecht, una firma italiana y un socio local, llenaron los requisitos técnicos. De todos es sabido, además, que no basta para ganar un concurso de esa naturaleza la oferta más barata, sino llenar las especificaciones técnicas, que es la verdadera garantía de cumplimiento de calidad.

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Israel y Palestina: única solución

La creación futura de un estado palestino no es la causa de la violencia que afecta todavía la paz en el Levante. Esa cuestión está desde hace tiempo decidida. Lo que traba realmente un acuerdo que lo permita es la negativa de grupos radicales palestinos y algunos gobiernos árabes vecinos de reconocer el derecho de Israel a existir como nación. Es decir, el derecho que les asiste a los judíos, como a los palestinos, de vivir dentro de fronteras estables y seguras.

Esa realidad ha quedado infinidad de veces de manifiesto. Hace ya varios años, durante una visita de la entonces secretaria de Estado norteamericana Condolezza Rice se logró un compromiso sólido en sus reuniones con el presidente Mahmud Abbás, de la Autoridad Nacional Palestina, y el primer ministro Ehud Olmert, de alcanzar una solución al conflicto en base al reconocimiento de los dos estados. De hecho, se trata de una salida que ambas partes admiten desde el inicio de las negociaciones enmarcadas dentro de la llamada Hoja de Ruta, que auspiciaron Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas, pero que el gobierno sirio y grupos árabes radicales, como Hamas y Hezbolá, se resisten a aceptar e incluso, en el caso de los dos últimos, basan su existencia en la desaparición del estado israelí.

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“Los puritanos”, inhumana pero bella

Muy pocos tenores, desde su estreno en el Teatro Italiano de París en enero de 1835, han incorporado a su repertorio “I puritani” (Los puritanos) la célebre ópera de Vincenzo Bellini, que uno de sus mejores intérpretes de todos los tiempos, el mítico y legendario tenor lírico canario Alfredo Kraus, llegó a calificar de “inhumano” tras renunciar a interpretarlo de nuevo por el enorme esfuerzo que requiere el papel estelar del personaje Arturo Talbot. Algunos biógrafos del compositor aseguran incluso que su temprana muerte, sin haber cumplido los 34 años, meses después del estreno de la obra, tuvo que ver con la fatiga que en él produjo escribirla.

A pesar de su corta carrera, Bellini dejó a la posteridad un amplio catálogo de obras, que incluye otras nueve óperas, algunas de ellas entre las más famosas como Norma y La sonámbula, seis sinfonías, un concierto para oboe y orquesta, numerosas arias, romanzas, cantatas y un Tedéum.

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Los derechos reproductivos de la mujer

La penalización de algunas formas de interrupción del embarazo es un anacronismo superado en países con legislaciones modernas. La restricción es un desconocimiento de los derechos reproductivos de la mujer cuando se trata de una violación, una relación incestuosa, corre peligro inminente la vida de la embarazada y cuando la criatura presenta anormalidades congénitas que no le permitirían llevar una vida normal.

Un ejemplo dramático de las consecuencias de la rigidez de las constituciones, que desconocen esos derechos, es el de una joven salvadoreña, de 18 años, Guadalupe Vásquez. La muchacha se presentó hace años a un centro médico del pequeño pueblo donde vivía con una hemorragia uterina. Los médicos la denunciaron ante la fiscalía por haberse practicado un aborto. La fiscalía cambió luego el cargo por homicidio voluntario, lo que le llevo a prisión con una condena de 30 años. La joven había sido violada pero desconocía que estaba embarazada cuando se le presentó el sangrado, pero el tribunal desestimó su alegato. Tras cumplir parte de la sentencia, la joven fue indultada por la Asamblea Legislativa salvadoreña luego de un debate sobre ese y muchos otros casos similares, que conmovieron la conciencia de la nación centroamericana.

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El reto de la democracia dominicana

¿En qué medida está el país en capacidad de superar su elevado nivel de pobreza y qué fórmulas, dentro de parámetros democráticos, tienen los partidos y sus líderes para plantear solución a ese problema tan acuciante? La realidad es que la democracia dominicana es todavía insustancial a un número elevado de la población. Esto hace que la mayoría se sienta poco ligada a su porvenir y menos entusiasmada con su supervivencia. Por eso, a pesar de los espejismos y las perniciosas tendencias nacionales al auto-engaño y la auto-sugestión, hay tan poca relativa militancia democrática real en este país.

Para aquellas legiones de hombres y mujeres que carecen de trabajo, de seguridades económicas y sociales y, por tanto, imposibilitados de hacer a sus hijos profesionales y los servicios de salud se encarecen cada día, la democracia es una palabra hueca; vacía, sin sentido. No nos engañemos creyendo que es incierto porque caeríamos en el error imperdonable de perpetuar una situación a la que podríamos en cambio dar remedio a mediano o largo plazos.

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Reflexiones obligadas sobre el déficit

En las discusiones en pro de un Pacto Fiscal, aparentemente ya descartado, el tema del déficit en las cuentas del Gobierno ha dominado la escena y pudiera ser el nudo a desenredar para alcanzar el objetivo en el futuro. ¿Es ese déficit el problema básico de la economía; el trauma que será indispensable superar para sanear la actividad productiva de la nación o se podría, en última instancia, convivir con déficit fiscal y tener, sin embargo, un leve crecimiento del PIB?

Las inquietudes a propósito de una historia publicada hace un tiempo que guardo en mis archivos acerca del déficit en las finanzas públicas del gigante petrolero Arabia Saudita provocado por el descenso en los precios del crudo, que a mediados de la década pasada, alcanzó los 80,000 millones de euros (o 100 mil millones de US$), mucho más que la suma anual de todos los bienes y servicios de la República Dominicana.

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A mayor vulgaridad, mayor raiting

Si hay algo a lo que finalmente nos hemos acostumbrados es a escuchar sin sonrojarnos cualquier vulgaridad en la radio y en la televisión. Y la falta de indignación ante ese atropello al buen gusto se asemeja a la que observamos frente a la basura en nuestras calles y plazas. Ya no nos ofenden los gritos vulgares en los medios, como tampoco los montones de basura que se apilan frente a los hogares. Esa falta de respeto al buen sentido se ha extendido incluso ante los símbolos patrios y a la memoria del patricio Juan Pablo Duarte. Recuerdo cómo no hubo reacción contra el medio cuando un popular comentarista de la radio llamara a Duarte, “cobarde, “depresivo homosexual, histérico y canalla, carente de carácter y cojones”.

No fue la primera vez que esa clase de abusos verbales se escucharon por la radio, ni será la última, y muchos conductores de programas, que ahora se hacen llamar “comunicadores”, se han hecho populares y ganaron altos niveles de audiencia, a base de este lenguaje fuera de tono e irrespetuoso, sin que ninguna institución, y ni decir de las direcciones de las emisoras donde se emiten, se haya molestado en pedirle perdón al público ni excusarse ante la nación.

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