Cuatro gigantes del periodismo

Cuando me preguntan quiénes han sido los mejores periodistas del país, respondo que sólo puedo hablar de mi experiencia personal y de aquellos con los que trabajé en diarios y otros medios de comunicación, parcialmente o a tiempo completo.

En mi personal clasificación recuerdo perfectamente a cuatro colosos: Germán E. Ornes, Rafael Herrera, Rafael Molina Morillo y Francisco Comarazamy. Ornes era la encarnación del periodismo tradicional, en el que la información objetiva era la esencia del oficio. Entendía que nada contaminaba más una noticia y, por ende, el derecho del público a estar bien informado, que cuando un redactor filtraba sus prejuicios en sus notas.

Los discípulos de Ornes aprendieron a guiarse por esa norma básica, lo que hizo de El Caribe un referente del buen periodismo informativo. Ornes cuidaba cada cosa que publicaba y sus editoriales, aunque fríos casi siempre, eran textos perfectamente acabados e impecablemente escritos. Contrario a lo que se creía de él, era un obcecado respetuoso de la libertad de opinión y abría las páginas del diario al talento y al buen decir, sin importar tendencia o ideologías.

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El gasto público del que tanto se habla

Es lamentablemente cierto que el crecimiento sostenido de la economía durante décadas no ha reducido la brecha social existente en la medida en que el Producto Interno Bruto se ha expandido. La única vía para lograrlo es el gasto público. Y un gasto público de calidad, del que tanto se habla, se refiere a la inversión en los ámbitos de la educación, la salud pública, el mejoramiento y ampliación de la red vial y, sobre todo, en los programas de carácter social en las zonas urbanas como en las rurales.

Ningún programa de política económica surte efectos duraderos de largo alcance en el corto plazo. Es un enfoque equivocado valorar su efectividad en base a los efectos inmediatos, porque la mentalidad nacional no se cambia o transforma de un año a otro y el alto contenido cultural de nuestra pobreza trasciende los límites de las carencias materiales.

Para mejorar la educación no basta con las reformas curriculares. Es un largo proceso que involucra un cambio en la mentalidad del gobierno y del magisterio, más comprometido hoy con sus reivindicaciones laborales que con sus obligaciones en las aulas. Mismo ocurre en el área de la salud, donde hay un visible esfuerzo por mejorar la planta física hospitalaria y las condiciones de los profesionales del área.

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Nostalgia de fin de semana

Cuando murió el célebre tenor italiano Carlos Bergonzi, a los 90 años, recordé la muerte de Yma Súmac, una de las voces femeninas más prodigiosas que jamás haya existido, ocurrida en 2008. Tenía 86 años y se dice que al morir aún su voz se asemejaba al sonido de un arpa, cuando subía a escalas que pocas pueden alcanzar.

Su carrera no se desarrolló únicamente en el campo clásico, sino que incursionó con éxito en diversos géneros populares. Sus agudos eran de una extraordinaria belleza y alcanzaban las cinco octavas, desde cuyas alturas podía pasar a registros graves con enorme facilidad y rapidez. Dominó como muy pocas la técnica de la coloratura, que le permitía sucesiones de notas rápidas, que extendían una misma vocal a varias notas sucesivas, condición requerida en las óperas de Bellini, como es el caso de Norma y La Puritana; Rossini, en El Barbero de Sevilla, Una italiana en Argel y La cenicienta; y con Donizetti, en Elixir de amor y La hija del regimiento, entre otras.

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No hay paloma de la paz que no ahuyentemos

A comienzos de la guerra fría, a mediados del siglo pasado, los gobernantes de las cuatro grandes potencias se reunieron en París en un esfuerzo por poner fin a las tensiones que arrastraban al mundo a un holocausto nuclear. Los líderes allí convocados, Charles De Gaulle, Dwight Eisenhower, Harold Macmillan y Nikita Kruschev, abandonaron la reunión sin haber llegado a un acuerdo. El corresponsal Henry Shapiro, de The New York Times, escribió: “La paloma de la paz se posó hoy sobre el palacio del Eliseo en París y los cuatro grandes allí reunidos aunaron esfuerzo para espantarla”.

El episodio sirve para ilustrar la facilidad, con persistencia añadida, con que aquí, nosotros, espantamos toda posibilidad real de conciliación siempre que el ave de la paz se aposenta en el ámbito de la política dominicana. No transcurre un solo día en que una declaración, o una acción partidista no arrojen sobre el panorama electoral un manto de sombras, uqe oscurece con ello el panorama nacional sea en la vecindad de unas elecciones presidenciales o en medio de una situación que demande renuncias de posiciones extremas o irreconciliables.

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Total, “nadie se muere en la víspera”

Muchos dominicanos temen que el futuro inmediato sólo les depare incertidumbre, a despecho de un optimismo oficial impulsado por la vana ilusión de que sus obras y programas llenarán todas las necesidades y esperanzas del pueblo. Pero es poco probable que aún así la mayoría cambie su estilo de vida.

Hablamos de una característica muy peculiar de ver la situación y su paso por este mundo por la idea de que “nadie se muere en la víspera”. Y como en efecto estos tiempos están muy lejos de ser ese día, muchos creerán que no existe razón alguna para verse en la necesidad de hacer los cambios que los dramáticos tiempos que se avecinan exigen. Por lo tanto, a gastar se ha dicho.

Sin embargo, intentando ser realista no se puede culpar a nadie por comportamientos de ese tipo. En el fondo no son más que mecanismos de protección familiar ante la falta de esperanza en la efectividad de las medidas oficiales para contener el alza del costo de la vida, detener la especulación y cortar de raíz la dolorosa espiral inflacionaria.

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A gastar se ha dicho

A menudo nos ilusionamos creyendo que el alto consumo de combustible y el gasto en diversión de los pudientes y la clase media alta es señal de lo bien que marcha el país. Craso error.

Una muestra inequívoca de la magnitud de una crisis económica, es la rapidez con que la clase media consume sus ingresos. La masiva concurrencia a restaurantes y la compra excesiva de artículos innecesarios, no son siempre señales de abundancia sino de temor muchas veces a lo que habrá de suceder mañana con el dinero.

En tiempos de bonanza y confianza en el porvenir, la gente por lo general ahorra, planifica para el futuro, siembra para cosechar; actúa con los ojos puestos más allá de un presente inmediato. Cuando la moneda no vale y el público desconfía de ella o no cree en la factibilidad de lo que se está haciendo, gasta sus ingresos y se endeuda por encima de sus posibilidades. Es lo que hemos estado viendo desde hace ya algún tiempo.

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El miedo a la intolerancia islámica

Por años, crueles muestras de intolerancia por parte de grupos fanáticos musulmanes han culminado en actos lamentables de violencia. Algunas provocadas por expresiones propias del ejercicio de la libertad y ajenas a conflictos bélicos, como la guerra en Irak o el enfrentamiento de judíos y palestinos en el Medio Oriente.

Diarios de Occidente en su momento publicaron editoriales para expresar su horror ante la “fatwa”, sentencia de muerte, con que los imanes iraníes condenaron al escritor británico de origen hindú, Salman Rusdhie, por la publicación del libro “Los versos satánicos”, considerado como ofensivos al profeta Mahoma. La sentencia ordenaba a los musulmanes darle muerte donde quiera que el escritor se encontrara. La orden era también extensible a los editores responsables de la publicación. Rusdhie vivió escondido durante años y en un vano intento por aplacar el furor de los líderes musulmanes expresó su arrepentimiento por el libro, lo que no le sirvió de mucho.

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Recordando el verdadero legado de Chávez

A diferencia de Maduro, en honor a la verdad, Chávez nunca aburría. Una vez dijo que la cobertura internacional sobre los graves sucesos en Libia era un montaje mediático de las potencias occidentales para apoderarse del petróleo de Gadafi. Eso significaba que los principales diarios y estaciones de televisión de Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, China, Japón y el resto del mundo, incluso los de naciones árabes, como son los casos de Al Yazira y Al Arabiya, se confabulan para inventarse fotos, discursos del mismo Gadafi, muchedumbres en las calles de Trípoli y otras ciudades de ese país, con el propósito de invadirlo y controlar el crudo.

Pero su lado más divertido fue siempre su irrefrenable tendencia a ofender a sus colegas extranjeros, cosa tan frecuente que la comunidad internacional llegó a aceptarlo como parte del rigor protocolar que le imponía su enajenada visión de redentor del mundo en desarrollo. En su particular léxico oficial, Bush era un borracho y terrorista; Merkel…, por respeto mejor no lo repito; Fox un degenerado, Aznar, cuantas cosas se le ocurrieran, y así por el estilo.

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