Sacar fuerzas en la adversidad

Tocando fondo es el título de un libro de mi autoría que abarca un período breve pero muy intenso y reciente de la vida nacional. Muchos de los hechos que ocurrieron en ese interregno fugaz, el 2003, gravitan todavía en la marcha del país y lo seguirán haciendo por algún tiempo. Fue un año que acumuló una inmensa carga de sentimientos encontrados. Una extraña e impactante mezcla de esperanzas y frustraciones que marcaron la marcha del país y torcieron el rumbo por el cual se encaminaba.

El propósito de ese libro no fue hacer juicio de valores sobre los protagonistas de esos hechos. La recreación de sus actuaciones es más que suficiente para permitir las valoraciones que la nación se hizo ya y habrá de hacerse más adelante de ellos. El 2003 puede verse como un año de frustración y en efecto el frío examen de las realidades vividas en ese lapso conduce irremediablemente a aceptarlo de ese modo. Leer más de esta entrada

La importancia de la minería ( 2 de 2)

En ocasión de una visita al país, el entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, al referirse a la actividad minera local, dijo enfáticamente: “No le digan no a la minería”. Confieso que el señor Correa no era de mi total agrado pero su argumentación tiene un innegable valor porque en su gobierno la explotación racional de los recursos del subsuelo, especialmente el petróleo, fue de la más alta prioridad.

La apasionada inclinación a rechazar la realidad de la actividad minera, a base de lugares comunes y descalificaciones que suponen una falta descomunal de conocimiento, puede congelar nuestro proceso de crecimiento y reducir nuestras posibilidades económicas a renglones sin ningún peso en el comercio internacional. Estar de acuerdo con la explotación de los recursos mineros no significa aceptar los males de una actividad irresponsable, sin vigilancia estatal y sobre contratos onerosos. Los términos de cualquier concesión son competencia del gobierno. Leer más de esta entrada

La importancia de la minería (1 de 2)

Para responder a un lector escribí hace un tiempo en Twitter que estoy de acuerdo con la explotación minera porque el país debe aprovechar sus recursos naturales, si bien sujeta a estricta vigilancia del medio ambiente y en condiciones contractuales ventajosas. Las reacciones en mi contra fueron devastadoras, con epítetos que no conocía, deseándome la peor de la suerte que se le puede depararle a un ser humano.

Como el ejercicio del periodismo me ha curado de todas esas cosas, no le presté mucha atención, a excepción del comentario de una joven de Santiago, según supe de formidable formación profesional en el campo de la ingeniería ambiental, cuyo nombre omito, quien me escribió diciendo que había sabido que las mineras habían comprado mi conciencia. Admito que ese tipo de juicio descalificativo, propio de gente carente de criterio es muy común en la red, pero viniendo de una joven de vasto conocimiento en su área, me impactó. Me impactó porque confirma la terrible enfermedad nacional de rehuir el debate serio de los temas fundamentales reduciéndolo a una simple descalificación. Leer más de esta entrada

La historia detrás de una revolución (2 de 2)

En nuestra entrega del sábado, señalábamos cómo a base de infinidad de mitos se atribuyó a la sociedad comunista un proceso permanente de evolución social que en realidad nunca poseyó, ni en la Unión Soviética ni en ningún otro lugar. El carácter heroico otorgado a los movimientos revolucionarios marxistas era y continúa siendo una de las leyendas más propaladas.

Sin embargo, el heroísmo y el sacrificio extremo como se cuentan en las historias oficiales de esos movimientos, no fueron las notas descollantes en muchos de esos procesos revolucionarios. La colectivización, que provocó más de veinte millones de muertos, fue el paso crucial para la consolidación de la revolución bolchevique y es imposible encontrar en ese proceso negro de la historia soviética algún rasgo de humanidad o algo que la justifique, que no sea la ganancia del poder por parte de Stalin y sus colaboradores, convertidos en su tiempo en los nuevos zares de Rusia. Finalmente, la sociedad que pretendía ser perfecta e igualitaria se derrumbó en Rusia por efecto de sus propias contradicciones y carácter totalitario, no a consecuencia de una conspiración exterior del occidente capitalista. Leer más de esta entrada

La historia detrás de una revolución (1 de 2)

La noche del 7 de noviembre de 1917 (octubre en el calendario adoptado después por los bolcheviques), unas dos horas después de que el crucero Aurora disparara su primera descarga en blanco contra el Palacio de Invierno de Petrogrado (después Leningrado y ahora San Petesburgo) y una hora escasa después de que el batallón de mujeres que lo defendía entregara sus armas, el buque disparó nuevamente contra el edificio en que se encontraban los ministros del gobierno provisional de Alejandro Kerenski.

El historiador Robert K. Massie, describe esos momentos cruciales de la historia de la humanidad: “A las once, otras treinta o cuarenta descargas silbaron sobre el río desde las baterías de la Fortaleza de Pedro y Pablo. Sólo dos proyectiles tocaron levemente el palacio dañando el revoque. De todos modos, a las dos de la mañana del 8 de noviembre, los ministros se entregaron”.

Según lo explica Massie, esta escaramuza fue la revolución bolchevique de noviembre, la cual a su juicio, fue más adelante “magnificada en la mitología comunista como una lucha épica y heroica”. Lo cierto es que la vida en la capital rusa apenas se alteró. El historiador destaca que “los restaurantes, las tiendas y los cines sobre la Perspectiva Nevski siguieron abiertos. Los tranvías funcionaron como siempre en casi toda la ciudad y el ballet actuó en el Teatro Marynki. En la tarde del día 7, de acuerdo con Massie, sir George Buchanan, embajador inglés, “caminaba en las cercanías del Palacio de Invierno y vio que el aspecto del muelle era más o menos normal”.

La narración sirve para demostrar que la historia de la revolución soviética, como la de casi todo el movimiento comunista, estuvo edificada sobre un legado de mentiras y medias verdades. Con ellas se crearon una serie de “verdades históricas” para sostener el mito con el cual, durante décadas se cautivó a la juventud en todo el mundo.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)

Tema para un debate académico (y 3)

Es evidente, siguiendo con el tema de las últimas entregas, que muchos escritores y académicos no comparten mis puntos de vista sobre el valor del testimonio personal en la narración de los hechos de valor histórico. Y así se han encargado de hacérmelo saber. Sin embargo, me parece absurdo que en la narración de acontecimientos recientes, los estudiosos de un tema menosprecien el valor documental del testimonio personal; las versiones de aquellos que en su momento formaron parte de los hechos y basen su relato sobre la base única de documentos de archivo que pueden ser tan falsos o inexactos como la versión más descabellada de un presunto testigo presencial.

El rigor reside en la armonía, en la justa conjugación de todos los recursos de que pueda disponer un autor en relación con el pasado. Se apela por lo regular al calificativo de periodismo histórico o historia periodística para referirse a todo relato referente a hechos recientes de nuestra historia, como si sólo lo muy lejano en el tiempo pudiera ser considerado como parte de la historia. Leer más de esta entrada

Tema para un debate académico (2)

Una información falsa o inexacta puede ser mañana un documento de consulta. Una parte de los papeles encontrados en archivos extranjeros y nacionales sobre los que se han escrito infinidad de libros relativos a episodios de nuestra historia reciente, están llenos de inexactitudes y prejuicios. En modo alguno pretendo invalidar el uso de este recurso. Pero es injusto rechazar que bajo ciertas circunstancias el testimonio personal tiene tanto o más valor que el documento escrito. Los calificativos de género no le restan importancia ni valor a la investigación. Lo primero que deberíamos establecer es qué persigue un autor al escoger entre los métodos. Habrá quienes escriban para obras de consulta o textos para escuelas y universidades. Son los que llenan sus obras de referencias bibliográficas y citas de otros autores para sustentar opiniones o pasajes de sus propios relatos, sin tomar en cuenta muchas veces la legitimidad de las fuentes en que aquellos basaron sus propios textos.

Otros escriben pensando fundamentalmente en los lectores. Figuran aquí los que optan por la narración fluida y amena, que toma en cuenta la experiencia personal de los protagonistas o de aquellos que de manera fortuita aparecen en un lugar o en una hora en que la historia hace sonar su claxon para perpetuar un momento, que puede ser tan fugaz como un suspiro, o tan duradero como la injusticia humana. Leer más de esta entrada

Tema para un debate académico (1)

Muchos escritores cuestionan el tipo de narración que cuenta la historia a través del testimonio de sus protagonistas. Con evidente desdén, encasillan ese estilo de narración con el nombre de “periodismo histórico o historia periodística”. El calificativo encierra un gran prejuicio sobre una manera de contar la historia.
La creencia entre muchos de ellos es que los elementos de color en la narración, la parte anecdótica detrás de todo relato histórico le despoja de su rigor académico.

Hay distintas maneras de exponer la historia. Muchos académicos se aferran al método simple de la cronología y han hecho del relato histórico una de las formas más aburridas de la literatura. También hay quienes sostienen que el rigor del relato, riñe con la amenidad. Para ellos la única vía para la narración exacta o correcta de los hechos descansa en la reproducción textual de los documentos disponibles en los archivos o las referencias a lo que otros ya antes han relatado o descubierto. Todo lo que no se ciñe a estas reglas por lo tanto no es historia. Leer más de esta entrada