La reina del Metropolitan

Aun en los ambientes más cultivados del género operático, pocos recuerdan a Lily Pons, quien fuera la reina indiscutible del Metropolitan de Nueva York, la meca del mundo lírico, por casi treinta años, desde su primera presentación allí en 1931 con Lucia di Lammermoor, de Gaetano Donizetti. Nacida en Francia, a comienzos del siglo pasado, Alice Josephine Pons, que era su nombre completo, ingresó en 1930 a Estados Unidos, donde adquirió años después la nacionalidad, siendo una desconocida en el ámbito lírico. Muy pronto, sin embargo, la hermosura de su voz, su inconfundible timbre y la limpieza de sus agudos, la catapultaron la cima, en la cual permaneció hasta finales de la década de los cincuenta, poco antes de su retiro de los escenarios.

Su estable carrera estuvo cimentada no solo en su extraordinaria habilidad vocal y su impecable técnica sino también en su perfecto dominio escénico y su innegable talento dramático, que la convirtieron en la preferida del exigente público de su época. Leer más de esta entrada

La sabia advertencia de Ornes

Germán Ornes decía que el temor de las figuras públicas, políticos, funcionarios y líderes sociales, de enfrentar a los medios de comunicación cuando eran objeto de acusaciones infundadas, terminaría dañando a la prensa. La premisa ha resultado profética.

Con el Internet y la facilidad que ofrece a todo el que quiera expresarse en las redes nadie escapa a la violación del derecho a la intimidad o de verse acusado sin pruebas, porque las figuras públicas tienden a refugiarse en la comodidad que supone evitar las confrontaciones que alteran la tranquilidad y, muchas veces, hasta la estabilidad familiar. Pero ese temor, de cierto modo justificado, alienta la mediocridad, fomenta el desorden social y daña, como decía Ornes, la reputación de la prensa, cuando la práctica invade los medios.

Cualquiera puede decir cuánto se le antoje en las redes sin consecuencia alguna. Y cuando se hace viral, es decir cuando se extiende y llega a millones de personas, hay un daño directo irreparable y consecuencias colaterales de iguales consecuencias. Leer más de esta entrada

La herencia Fernández

El fardo heredado por la actual administración en el 2012 no se limitaba al déficit histórico que le dejó con las manos atadas. En noviembre de 2008, el gobierno de Leonel Fernández anunció acuerdos con Vietnam que incluían el área petrolera, según desplegaron los diarios. El propósito sería ofrecerle asistencia técnica al país para la explotación del crudo en la Faja del Orinoco, una rica región petrolera venezolana.

Nunca se explicó el sentido de ese acuerdo porque el petróleo del río venezolano no nos pertenece. El entonces presidente Hugo Chávez, quien tampoco era el dueño, cedió derechos de explotación a varias naciones importadoras del área, como parte de sus programas de ayuda que tenían en Petrocaribe su más alta expresión. Lo que no parecía claro era si en las condiciones prevalecientes del mercado, Chávez podía mantener esa concesión y cuáles eran los riesgos de involucrarse en una tarea tan costosa sin más garantías que esas. Por lo demás, valía la pena analizar otros aspectos, uno de ellos relacionado con la calidad del petróleo de la Faja del Orinoco, muy pesado, cuya refinación requiere de una tecnología que no poseía Vietnam y que sólo dominaban Exxon y Texaco. Leer más de esta entrada

Periodismo y poder

La más importante lección que deben aprender los jóvenes que intentan encauzarse en el periodismo es la obligación moral de mantenerse alejado de aquello sobre lo que informan e investigan. El peor error es entregarse a un líder o presidente, sea por afecto, afinidad o encanto, especialmente de aquellos que exigen de sus seguidores una lealtad incondicional.

La entrega del corazón va irremediablemente seguida de la pérdida del cerebro. El sentido de la proporción se pierde y con ello la objetividad y la independencia. Muchos programas, en la radio como en la televisión, son más escenarios de confrontaciones y sumisiones políticas que canales reales de orientación y comunicación con el público. La obscenidad que esto significa sólo tiene su par en la vulgaridad que se escucha y observa en muchos de ellos.

Los periodistas se preocupaban antes por ocultar sus preferencias y compromisos. Hoy algunos los exhiben con desparpajo y descaro. El éxito está asociado no tanto al talento como a la agresividad. Leer más de esta entrada

El derecho a la abstención

Crece en ciertos ámbitos políticos la vieja pretensión de que en la regulación de las campañas se establezca un reglamento que prohíba promover la abstención electoral. La idea me parece monstruosa y anti-democrática. El derecho que los dominicanos se han ganado de escoger libremente a sus gobernantes, implica el derecho de cada ciudadano de votar por la opción electoral que entienda más beneficiosa para el país o más afín con sus intereses, sean ideológicos, políticos, religiosos o económicos. Por lógica elemental ese derecho garantiza la facultad ciudadana de abstenerse cuando entienda que ningún candidato o partido llena sus expectativas.

Como la abstención no constituye delito, promoverla no puede ser objeto de sanción, con el perdón de los honorables abogados y políticos entusiasta de esa idea. En una carta a la JCE, en el 2007, el periodista Rafael Molina Morillo, ya fallecido, decía que la intención cae en el plano de la ilegalidad. Y razonaba: “¿Y si ninguno de los candidatos satisface a un ciudadano, está este obligado a votar por alguien a quien no quiere o que no le simpatiza? Leer más de esta entrada

El oficial que atrapó al Che

Las ya viejas quejas de Omar Sharif sobre su caracterización del Che Guevara, me recuerdan que la figura gallarda y arrogante que la leyenda revolucionaria nos ofrece del todavía popular guerrillero, dista de la que describió más de cuarenta años después de su muerte, el oficial boliviano que lo apresó. Por aquel entonces capitán, el oficial Prado afirma que el Che pidió clemencia al entregarse a las tropas que él dirigía, exclamando que valía más vivo que muerto. No fue precisamente un final heroico para una trayectoria revolucionaria que la propaganda ha querido convertir en un mito.

Según Prado, Guevara presentaba un aspecto desgarrador. Lucía extremadamente delgado y exhausto, desarrapado, sucio y hambriento. La antítesis del superhéroe. No hubo señales de dignidad en su muerte. Al igual que Sadam Hussein, atrapado en una ratonera debajo de la tierra, no exigió un precio por su vida. Simplemente se entregó; vencido, sin fuerzas para seguir luchando. Leer más de esta entrada

El derecho a la vida

En la discusión sobre el artículo 37 de la Constitución, cuyo texto reza: “El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse en ningún caso, la pena de muerte”, entran en juego muchas interpretaciones sobre el concepto de la vida, sea que se la entienda desde una perspectiva religiosa o secular. El texto se cuestiona más adelante en el punto 3 del artículo 42, cuando se lee: “Nadie puede ser sometido, sin consentimiento previo, a experimentos y procedimientos que no se ajusten a las normas científicas y bioéticas internacionalmente reconocidas. Tampoco a exámenes o procedimientos médicos, excepto cuando se encuentre en peligro su vida”.

La contradicción viene al caso porque lo que se pretende con el artículo 37 es prohibir toda forma de interrupción del embarazo, y la ciencia médica admite muchos de esos procedimientos, a los que alude el artículo 42, que se aplican legalmente en muchos países para todos los casos y en otros para situaciones en que la vida de la madre corre peligro o el fruto del embarazo sea una criatura con graves anormalidades físicas o cerebrales. Leer más de esta entrada

El mito de los intereses contrapuestos

Con el paso de los años, se ha logrado inculcarle a la gente la idea de que el país vive permanentemente enfrentado al choque de intereses contrapuestos. De un lado, el interés nacional, representado por el Estado y quienes ejercen el poder, y el particular, que emana de la actividad privada. En el falso criterio de valoración sobre el que esa tesis se sustenta, el primero es el legítimo y el segundo es el espurio, del que surgen todas las iniquidades que hacen de la nuestra una nación socialmente injusta debido a las enormes desigualdades existentes.

En Latinoamérica, con las excepciones conocidas, la teoría de la desigualdad basada en la existencia de los intereses particulares ha servido para encubrir la corrupción y el enriquecimiento ilícito de una clase política incapaz de plantear soluciones de fondo a los graves problemas de sus países y preservar de este modo los grandes y crecientes privilegios que el secuestro de la vida política por los partidos le ha permitido a sus dirigentes. Leer más de esta entrada