El aspecto social de la crisis

Cierto grado de equilibrio en la distribución del ingreso se necesita para mejorar el rostro de la democracia en este país. Aunque se ha avanzado en el campo del ejercicio político y las libertades individuales han podido relativamente afianzarse a medida que se refuerzan las instituciones en que se basa la democracia, miles de niños mueren a causa de una deficiente alimentación por la carencia de medicinas y hospitales y por deficiencias en los servicios básicos. Una gran parte de la población ve cortadas sus expectativas de progreso con el mismo nacimiento, por la ausencia de oportunidades que no le permiten aspirar siquiera a un cambio mínimo de estatus social.

Son muchos los menesterosos y el nivel de desocupación es increíblemente alto como para que la colectividad dominicana pueda sentirse plenamente satisfecha con la situación de cientos de miles de personas que padecen un nivel de estrechez material inimaginable. Todo lo cual conspira contra la buena imagen de la República. Por ello he sostenido que uno de los mayores e inaplazables imperativos del momento actual es una lucha decidida contra toda forma de indigencia material y moral en la sociedad.

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Los efectos inversos de una práctica odiosa

Ciertos ataques mediáticos suelen regularmente hacer más bien que el mal que se proponen. Y plantean también serios cuestionamientos sobre el medio que los acoge. Un diario no es el lugar ni la tecnología que se usa para imprimirlo, sino lo que sale a la calle, es decir el contenido que lleva a sus lectores y la descripción sirve para la radio, la televisión y cualquier otro órgano.

La existencia de todo medio en una sociedad democrática está sujeta al examen diario de sus lectores, plebiscitos permanentes que en algún momento influirán en el favor y la aceptación del público. La calidad del contenido es el rostro real de un medio y de aquellos que lo dirigen. Cuando un medio presta sus páginas o espacios a las calumnias, termina perdiendo toda credibilidad y la admiración de sus seguidores, por más que muchas veces el proceso no se produzca de inmediato.

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La zarzuela, tema para fin de semana

Muchos amantes de la ópera tienen al menos a la zarzuela por estimarla un género inferior. Pero las mejores composiciones de ese género musical de origen español se igualan en calidad a las producciones de los grandes compositores operáticos y en algunos casos demandan mayor capacidad vocal y dominio escénico, dado que la zarzuela mezcla canto con partes habladas e instrumentales. Es por eso que erróneamente se le identifica con la opereta, género de origen francés históricamente muy posterior al género musical español.

También suele comparársele con la ópera-comique francesa e incluso con el llamado singspiel alemán, género en el que muchos autores ubican “La flauta mágica” de Mozart, la última de sus composiciones escenificadas en vida del autor, estrenada en Viena el 30 de septiembre de 1791, bajo su dirección.

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Método eficaz para evitar los acuerdos

Semanas después de la ocupación soviética de Checoslovaquia, uno de los muchos partidos comunistas que entonces existían clandestinamente en el país, divulgó un comunicado de respaldo a la intervención en el que también se condenaba “al gobierno yanki-balaguerista de Alexander Dubcek”. En aquella época de guerra fría, era frecuente leer en los diarios nacionales y los periódicos de la extrema izquierda, toda clase de vituperios contra el régimen “Truji-Johnson” de Israel y cualquier otro con tendencia a valorar sus vínculos con los Estados Unidos.

La genialidad de esos grupos se daba más pronunciadamente en sus demandas al gobierno. Por años conservé recortes en los que esos grupos aparecían pidiendo, como condición para poner fin a una huelga contra Balaguer, la liberación de los presos políticos en la Nicaragua de Somoza, la retirada de tropas israelíes de Cisjordania y el cese de la represión en Corea del Sur.

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Un imperativo del presente

Tal vez el mayor imperativo del presente, y del futuro por supuesto, pudiera ser la necesidad de encontrar la forma de conciliar los logros del crecimiento económico en las últimas décadas, con una mejor y más equitativa distribución de sus frutos.

Entre la aceptación de esta realidad y la voluntad para llevarla a la práctica, han mediado abismos insondables. Tal vez uno de los más grandes defectos nacionales ha sido siempre la carencia de voluntad política para realizar aquellas empresas que demandan nuestras propias y más agudas necesidades, entendiendo ese defecto no sólo como el fruto de decisiones y políticas gubernamentales, sino más bien como la falta de vocación general para acometerlas.

Este es uno de los puntos, sin embargo, en que los políticos dominicanos lucen totalmente parecidos. Por lo general saben identificar las metas sin la misma habilidad para encontrar el camino de su búsqueda. La diferencia entre la inacción, que ha sido tradicionalmente la causa de muchos de nuestros males, y el correcto encauzamiento, es una voz de marcha dictada a tiempo. La gravedad de nuestros problemas hace ya un imperativo la toma de decisiones inmediatas, a fin de evitar consecuencias sociales peores de las que el pueblo se ha visto precisado a afrontar.

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Una tarea esencial de la escuela

Son muchas las medidas necesarias para salvar del desastre al sistema educativo y dentro de ellas me parece una prioridad enfatizar que los estudiantes mejoren su dicción y aprendan a hablar bien su idioma, el español. Muchos de los problemas que técnicos y profesionales confrontan en el mercado laboral se relacionan con su incapacidad para expresarse correctamente, en especial en los casos en que el lenguaje juega un papel fundamental en el ejercicio de una profesión o de un oficio.

Hablar con propiedad es un atributo que se aprende a temprana edad. Y enseñarlo adecuadamente es una tarea primordial de la escuela, desde que se ingresa a ella, porque el regionalismo insular en el habla crea vicios imposibles de superar cuando se alcanza cierta edad.

Incluso es preocupante escuchar a muy buenos estudiantes de colegios muy acreditados, excelentes por ejemplo en ciencias y matemáticas, pero penosamente cortos en el hablar. Las fallas del sistema en la enseñanza del idioma estriban en la poca atención que se le presta al habla y, por supuesto, a la escritura, en los niveles más bajo del sistema escolar, muy especialmente en la enseñanza pública, si bien es justo admitir que la falla afecta también la esfera privada.

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Temas de Semana Santa (IV de IV)

Cuando la distribución de la propiedad es un obstáculo “al normal rendimiento de la economía”, lo cual no es originado siempre por la extensión del patrimonio privado, en interés del bien común el Estado “puede intervenir para regular su uso”, o también, si no se puede proveer justamente de otro modo, decretar la expropiación mediante “ la conveniente indemnización”.

La sentencia no es hija de un discurso populista ni proviene de un líder comunista. Formó parte del mensaje radial de Pío XII, uno de los papas más conservadores de la historia, de septiembre de 1944, que citáramos en nuestra entrega de ayer. En Octagesima advenies, años después, el Papa Paulo VI llegaba a conclusiones más radicales en materia económica. El Evangelio, escribió: “Al enseñarnos la caridad nos inculca el respeto privilegiado a los pobres y su situación particular en la sociedad: los más favorecidos deberán renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor libertad sus bienes al servicio de los demás”.

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Temas de Semana Santa (III de IV)

Uno de los teóricos más sobresalientes y polémicos de la Doctrina Social de la Iglesia, C. Van Gestel, sostiene que en ciertos momentos y bajo determinadas circunstancias, el bien común puede exigir una restricción del derecho de propiedad privada. Desde ese punto de vista oficial de la Iglesia, la nacionalización de una u otra industria “puede recomendarse en ciertos casos”.

Gestel también considera que el Estado puede abrogarse el derecho de imponer un estatuto jurídico especial a ciertas empresas o sustraer ciertos productos del mercado libre “reservándolos para los armamentos”, aunque su intervención deberá más bien atender a la extensión que a la restricción del derecho de propiedad privada, “de suerte que el régimen de bienes corresponda más directamente al destino universal de los bienes terrenos”.

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