En el reino de la intolerancia

La prensa ha sido víctima de la intolerancia de quienes no creen en ella o la ven como un obstáculo a sus ambiciones desmedidas. Pero no es menos cierto que muchos ciudadanos, en la política, la farándula, el deporte y el Gobierno, son con la misma frecuencia víctimas de los prejuicios y la incompetencia de quienes han encontrado en el ejercicio del periodismo un medio para exhibir sus mediocridades intelectuales.

A menos que esté preparada para aceptar los más severos juicios sobre su papel, la prensa nacional, y en particular los periodistas, no estaremos en condiciones de contribuir eficazmente a la creación de un clima libre y sin prejuicios para el debate de las ideas, lo cual es fundamental para la democracia.

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Haití es una responsabilidad haitiana

El Gobierno dominicano ha insistido en foros internacionales que la comunidad de naciones tiene un compromiso con la recuperación de Haití. Tal vez sea cierto, pero, como todo en la vida, tiene un límite. Las naciones desarrolladas, que pueden asumirlo, encaran sus propias dificultades. Los europeos enfrentan un flujo de migración que ha puesto a prueba los ideales de la unión por los efectos en su escala de valores, a lo que se añade una amenaza real de violencia y terrorismo que ya ha mostrado su rostro.

El compromiso con Haití es de los haitianos. Son ellos los responsables del progreso, si lo alcanzan, o del estancamiento en que han vivido siempre debido a sus malquerencias políticas, su tradición autoritaria y su incapacidad para preservar el medio ambiente y coexistir con instituciones democráticas.

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El valor de una escuela pueblerina

Si algo he aprendido en años de ejercicio periodístico es reconocer que la realidad sobre la que escribo no puedo hallarla siempre en los escritorios de una oficina como la mía, sino en el corazón de las comunidades que la padecen. Hace un tiempo asistí a los actos de inauguración de 25 planteles escolares construidos en las provincias más lejanas del sur, encabezados por el presidente Danilo Medina, el último de los cuales se realizó en Barahona, ciudad donde nací. El moderador dijo que yo era un invitado. Para ser honesto, me auto invité. Quería ver el significado que la inauguración de una escuela tiene para una comunidad pobre, donde hay poco que hacer y los jóvenes no alcanzan a ver futuro alguno.

Para la mayoría de los que cubren para los medios esas actividades es una simple asignación de rutina diaria. Para quienes pretenden forjar opinión pública son apenas temas para un artículo o un comentario. Pero en los ojos de muchos niños y adolescentes y sus padres pude ver en esas cuatro horas lo que es imposible percibir desde mi escritorio: el nacimiento de un mundo de esperanza.

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La tarea conjunta que no alcanzamos

Ningún país ha sentado las bases firmes del desarrollo, sin una participación activa y decidida de sus sectores productivos. Sus opiniones son de indiscutible valor para la formulación de las políticas económicas y la toma de decisiones especialmente en periodos electorales donde se apuesta erróneamente al fracaso del gobierno para escalar el poder.

Son muchos los desafíos y más las dificultades a las que tendremos que hacer frente como nación en lo inmediato y en el futuro cercano. Un conjunto de factores externos, ajenos a nuestros deseos y voluntades y problemas por todos conocidos en la economía nacional, harán necesarias medidas y políticas dirigidas a aumentar los niveles de productividad, eliminando así el exceso de burocratismo que afecta el clima de libertad de empresa. Ese parece el camino más corto, seguro y sobre todo menos costoso, para enfrentar los vientos que en situaciones de incertidumbre en el ámbito internacional pudieran amenazar nuestra estabilidad económica.

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Los héroes verdaderos del país

Los héroes de este país no son los responsables de hacer las leyes que ellos mismos violan después, ni aquellos que se creen iluminados y custodios de un gran ideal de redención y mucho menos los que se imaginan depositarios de la herencia libertaria de los fundadores de la república.

Los verdaderos héroes nacionales son aquellos hombres y mujeres que, sin necesidad de hacerlo, dedican gran parte de su tiempo y comprometen su patrimonio en obras sociales en beneficio de los olvidados y desamparados de una sociedad que, como la nuestra, dista de ser justa por las grandes iniquidades que la caracterizan. Son las Melba Grullón y las Mary Marranzini que dejan a un lado las comodidades alcanzadas tras una larga vida de trabajo y éxito, para entregarse a los demás, sin más recompensa que el respeto y la admiración que su voluntariado genera.

Las Margarita Copello y los José León Asensio, que en paz descansen, que pusieron sus buenas famas y patrimonios al servicio de las bellas artes y de la música clásica, impulsados sólo por la convicción de que el desarrollo cultural es uno de los caminos más seguros a la liberación del alma nacional, porque un pueblo sin educación está condenado al fracaso y a la pobreza material y espiritual.

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Una errónea costumbre en la política

En oportunidades anteriores he insistido en el error que significa empecinarse en restarle méritos a cuanto hace un gobierno como si todo fuera negativo Se trata de un error común de la oposición, en la tradición política dominicana. Ocurría durante los gobiernos de Balaguer, en los del PRD, luego en los del PLD y sigue ocurriendo con el del PRM.

Esa actitud le quita a los partidos opositores el respaldo y la simpatía de aquellos sectores beneficiarios de muchos de los planes de carácter social que puedan ser puestos en marcha por una Administración. En tiempos de elecciones, son muchos los dirigentes políticos frecuentemente pierden la perspectiva al creer que el país que conocen en sus recorridos de campaña es el mismo que habrán de encontrar en el Palacio Nacional, si se ganan la confianza y el apoyo del electorado.

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La esencia legítima del lucro

Ha vuelto a cobrar vigencia en el léxico oficial y en la actividad mediática la palabra “lucro”, por décadas tan manoseada en la retórica política dominicana. Al decir de muchos funcionarios y políticos el lucro es incompatible con toda obra de bien colectivo y es una de las causas de las grandes desigualdades sociales que caracterizan a la sociedad en que vivimos.

Cuando el lucro es producto del tráfico de influencia, la corrupción administrativa, el narcotráfico, la prostitución, el juego y otras prácticas criminales y viciosas, la definición le viene al dedo. Pero la satanización del lucro proveniente de una operación o negocio lícito es una de las razones que explican el subdesarrollo material de muchas naciones.

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La deuda no es el problema mayor

La deuda externa puede ser cuantiosa, superior a la capacidad nacional para hacerle frente, y otros indicadores pudieran presentar números todavía más deprimentes. Sin embargo, es la pobreza con sus altos índices de insalubridad y marginalidad, lo que verdaderamente constituye un elemento explosivo en la vida de nuestro país.

La deuda puede ser objeto de negociación en el Club de París y éste o cualquier otro gobierno podrían demandar sin mayores dificultades, en circunstancias óptimas por supuesto, cierto grado de paciencia a los acreedores. ¿Pero cómo pedírsela a un hambriento carente de recursos para dotar a sus hijos de casa, educación y comida, y reclamarle que espere por tiempos mejores que nunca llegan?

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