La inmigración ilegal y sus consecuencias

La preocupación expresada en las redes y en los medios por ciudadanos de diferentes capas sociales, entre ellos dirigentes políticos y congresistas, ante la masiva y aparentemente creciente inmigración ilegal haitiana, no los hace xenófobos ni es indicio de una actitud colectiva racista. Aunque muchos han pretendido taparse los ojos ante esa realidad, lo cierto es que estamos ante un problema real y grave.

No significa que menospreciemos la importancia que por años esa inmigración, bajo cierto control, ha tenido para la economía y para el auge de ciertas actividades productivas. Ni tampoco que restemos trascendencia al valor que representa una buena y armoniosa relación comercial y diplomática sentada sobre bases claras y firmes, que eviten el contrabando y otras prácticas ilícitas muy propias entre países que comparten una frontera común. Pero la presencia cada vez mayor de ciudadanos haitianos sin los permisos legales de estadía o residencia, podría estar llegando a un nivel capaz de generar futuros conflictos en los que el país llevaría la peor parte en el campo internacional, como ya muchos suponemos. Leer más de esta entrada

La agonía del reformismo

En octubre del 2011, el dirigente reformista Héctor Rodríguez Pimentel dijo que sería un crimen dejar “morir” al Partido Reformista, hecho del que se cumplían ya muchos años aunque nadie se hubiera ocupado allí de darle cristiana sepultura.

Un partido dividido en el gobierno y la oposición, podrá lograr para una de sus partes buenas recolecciones en tiempos de cosecha, pero nunca podrá escalar la cima. La vocación de poder que caracterizó a quién en vida fue su líder y creador, se redujo después de su muerte, e incluso desde que la edad y el desgaste lo inhabilitaran para ser de nuevo candidato, a un esfuerzo de supervivencia que condenó al partido y a su militancia a navegar sin rumbo. Solo ha perseguido desde entonces alianzas de oportunidad, dejando a un lado el trabajo político intenso que la búsqueda del poder exige, rindiéndose, en otras palabras, ante su propia incapacidad para sobreponerse a la adversidad de los malos resultados electorales. Leer más de esta entrada

El sueño de un lego en la materia

Nada desnuda más el desorden en algunas actividades del país, como el tránsito urbano. Y son pocos los que no sufren diariamente sus consecuencias. Los esfuerzos que se realizan para mejorar la circulación de vehículos deben ser reforzados, en mi opinión de lego en la materia, con acciones oficiales drásticas, que requieren de mucha voluntad y coraje políticos.

Lo primero sería la ampliación del metro y la creación de una empresa pública-privada que maneje el servicio bajo la administración de una empresa bien calificada, con experiencia en ciudades como Madrid y Nueva York. Para empezar se necesitarían no menos de 500 autobuses modernos y confortables, que cubran las principales avenidas y calles, tanto en el sentido norte-sur, como en el este-oeste. Los carriles de la derecha deberían ser del uso preferencial aunque no exclusivo de los autobuses, con paradas cada 200 o 150 metros. La medida tendría que ser acompañada con la eliminación de todas las chatarras que cubren el servicio, sean autobuses, minibuses y carros del “concho”, cuyos propietarios pasarían a ser o accionistas o empleados de la empresa. Los taxis estarían sujetos a una severa regulación, comenzando por la pintura de los autos y tablillas obligadas del conductor emitidas por el Ministerio de Obras Públicas o la Policía. Leer más de esta entrada

Un tema que nadie desafía

¿Recuerdan el intercambio de palabras casi tres años atrás entre la vicepresidente Margarita Cedeño y su esposo el expresidente Leonel Fernández con el dirigente del partido gobernante Félix Jiménez (Felucho)? El caso trae a la mente una pregunta: ¿Qué sería del debate nacional, ya aburrido y gris, si por prejuicios de la era moderna nos viéramos obligados a renunciar al sarcasmo y la ironía en la discusión de los problemas nacionales?

Lo primero es que esa discusión carecería de sentido, por su falta de contenido y elegancia. Y lo segundo, peor aún, sería la imposibilidad de una discusión pareja en el ámbito mediático.
Vayamos al grano. Supongamos que las elecciones se limitaran a la confrontación de dos candidatos, uno de los cuales fuera una mujer. ¿Qué sucedería, fuera cierto o no, si el varón dijera públicamente que su oponente, la mujer, es incompetente, desconocedora de la realidad, e ignorante de los asuntos de Estado, sin capacidad alguna para manejar la crisis por la que atraviesa la nación?, un discurso típico en la política dominicana. Leer más de esta entrada

Democracia y responsabilidad ciudadana

La generalidad de los dominicanos no tiene idea del alcance real de una democracia y cómo esta funciona. Duele pero es cierto. Incluso gran parte del liderazgo político y probablemente muchos de los responsables de aprobar las leyes que la posibilitan, caen dentro del marco de esa realidad. El caso es que un sistema democrático no se crea mediante un decreto o por la voluntad de los gobernantes. Se pueden aprobar cuantas leyes y constituciones la garanticen y no será suficiente si no existe una vocación ciudadana que la haga operativa.

La democracia es el fruto de una tradición de respeto a las leyes, por gobernantes y gobernados, y de un reconocimiento de los derechos ciudadanos formado y fortalecido con la práctica de muchos años. Con el tiempo se forma la tradición de tolerancia que permite que funcione en todas las esferas de la vida nacional. Eso significa un amplio sentido del estado de derecho y las libertades públicas. No bastan los códigos si no hay jueces y fiscales que garanticen su aplicación y solo entonces habría una buena y justa administración de justicia. Leer más de esta entrada

Cuando solo queda una rosa

Como ocurre a menudo  con los individuos cuando el día a día consume la existencia y nos aparta de lo trascendente, los grandes asuntos se han ausentado de la prensa dominicana. Ya no parece haber interés en los temas de éxito y tragedia  humana y las columnas de los diarios y los espacios de la radio y la televisión se dedican a reseñar casi con exclusividad el cotidiano acontecer político. Los periodistas han perdido así capacidad para contar las  buenas historias que hay siempre detrás de una carrera personal exitosa, en la vida de aquél que logró superar la adversidad a fuerza de voluntad y trabajo, de fe en sí mismo; la gran historia que brota de un llanto desesperado o del grito desgarrador  proveniente del estómago hambriento de un niño abandonado. El color en la narración se ha perdido. No forma parte del relato.

Recuerdo el fuerte incendio que devastó una aldea portuguesa, con elevado saldo de víctimas y pérdidas materiales a mediados de junio de 2017. Los organismos de auxilio y la prensa de la nación ibérica, lo describieron como una de las peores tragedias. El martes 20, la desolación provocada por el siniestro inspiró un conmovedor relato periodístico de Javier Martín, que el diario español El País resumió en su portada ese día de la manera siguiente: Leer más de esta entrada

Por un gran acuerdo nacional

Se necesita una firme comunión de voluntades ante uno de los grandes desafíos del porvenir y es un error enfocarlo como un problema del gobierno y no de la República. Me refiero al Pacto Fiscal, y la importancia de percibirlo con la amplitud de un acuerdo nacional, similar al de la educación, y no como una simple reforma tributaria. Un pacto de esa naturaleza debe considerarse desde una perspectiva distinta a experiencias pasadas, cuando toda reforma implicaba incrementar las fuentes de captación de recursos, sin propósitos más allá de esa necesidad inmediata.

No es difícil suponer que esas experiencias origen temores y alimenten una oposición de rechazo a nivel político y empresarial. Pero del éxito de esa iniciativa, de la voluntad para concertar un pacto nacional de gran alcance, dependerá la capacidad futura para enfrentar las grandes y crecientes necesidades en áreas como la salud, el medio ambiente, la seguridad ciudadana, la estabilidad económica, la creación de empleos e incluso el estado de derecho. Y aunque esto último pueda parecer fuera de contexto, la realidad es que la fragilidad institucional resultante de la incapacidad para resolver los problemas en esas y cualquiera otras áreas, inutilizaría todo esfuerzo para mejorar las expectativas de la población y, por ende, garantizar la paz social de la República. Leer más de esta entrada

Derechos humanos e inseguridad ciudadana

La defensa de los derechos humanos ha ocupado la atención de los medios por su importancia en la práctica democrática y ese permanente interés ha generado serios cuestionamientos a las políticas oficiales sobre la materia. Buena parte de la preocupación se ha centrado en la protección de los derechos ciudadanos de aquellos que hacen del crimen y de la violencia física normas de conducta, sin reparar el daño que causan a los demás y la desprotección con que se dejan a los más vulnerables, los que frecuentemente son sus víctimas.

Por desgracia, la creatividad de los organismos de protección ciudadana no se compara con la facilidad y rapidez con la que las distintas modalidades del crimen organizado han logrado ampararse en los tecnicismos que las leyes ponen a su disposición, colocándolos cada día más lejos del alcance de las sanciones  legales y haciendo más difícil y menos eficiente el combate a la criminalidad y la delincuencia. Algunas de las instituciones de la sociedad civil defensoras de los derechos ciudadanos han sido muy activas en defensa de los derechos de los criminales más que en los de sus víctimas y esta realidad es innegable, por mucho que duela y avergüence. Leer más de esta entrada