Las huellas del trujillismo

En España se creó en el 2016 una comisión para emprender cuarenta años después lo que nosotros no hemos siquiera intentado seis décadas después de la tiranía: eliminar todo vestigio del franquismo. Tras la muerte de Franco en 1975 se inició allí un proceso de transición a la democracia. Pero aún quedan huellas del régimen por toda la geografía española, en calles, plazas, pueblos, museos y monumentos, que mantienen viva en la memoria las crueldades de la tiranía que siguió a una guerra civil en la que murieron un millón de personas tras el derrocamiento de la segunda República. La eliminación de esa herencia franquista cerraría de la memoria española una de sus etapas más oscuras.

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Una breve reflexión

El país no está en condiciones de valerse por sí solo porque no se me ocurre algo más alejado de una autarquía que la República Dominicana. Entonces, tratemos de ser realistas y analicemos algunas irreflexivas acciones pasadas. Por ejemplo, la estatización de la mina de oro de Pueblo Viejo no pudo ser experiencia más decepcionante. El inmenso pasivo ambiental de esa zona fue el único legado de esa nacionalización, recibida en su momento como un acto de soberanía reivindicativo de nuestros recursos naturales.

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Sin llegar a sonrojarnos

Cuando el presidente Luis Abinader anunció que sometería al Congreso un proyecto de ley reduciendo en un 50% las asignaciones a los partidos políticos en el año 2021, que no será de elecciones, medida con la que estoy de acuerdo, me imaginé que si viviéramos en un sistema parlamentario el tema ya habría sido, casi con seguridad, discutido entre los líderes políticos de la nación. En ese sistema, dominante en Europa, ningún primer ministro se arriesga a una derrota que implique la desaprobación de una ley importante, porque equivaldría a un voto de desconfianza y tendría que convocar elecciones o formar un nuevo gobierno de minorías.

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Duarte y una estación del metro

¿Quién es ese Juan P. Duarte cuyo nombre le ha sido puesto a una de las estaciones del metro, ubicada en la esquina de las avenidas Máximo Gómez y John F. Kennedy? ¿Será un descendiente del patricio? ¿O acaso es un primo desconocido suyo, cuyos aportes a la patria no han sido todavía divulgados?

¿Es el inventor de algún aparato que ha cambiado la vida de alguna comunidad? ¿Un inventor? ¿Se llamará Juan Plutarco, o Juan Petronilo?

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El valor de la democracia

Las dictaduras y los gobiernos autoritarios son más fáciles de sostener que una democracia auténtica. Sólo necesitan valerse de la fuerza y de la intimidación para mantenerse y luego el miedo los hace una costumbre. Lo hemos vivido una y otra vez en esta nación, en la que sus fundadores, los que se entregaron a la causa de la redención del pueblo dominicano, terminaron en el cadalso o murieron en medio de una pobreza atroz en el exilio, olvidados de aquellos que habían contraído con ellos una deuda de gratitud impagable.

La democracia, en cambio, requiere de una construcción basada en la tolerancia y la paciencia. No se edifica de un tirón como las dictaduras. Es una cultura. Los gobernantes democráticos están obligados por las constituciones y las leyes y están moral y legalmente forzados a respetarlas y hacerlas cumplir, por encima de sus simpatías y compromisos personales o de logias.

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Por encima de las diferencias

Cuando leía a César Medina, lo que hacía cada día por su estilo depurado, directo, sin oropeles, de impecable prosa, me asaltaba siempre una pregunta que me llenaba de inquietud. Y por más que reflexiono, todavía no acabo de entender la razón por la que en nuestro país se hace tan difícil que los grupos de decisión dejen a un lado sus diferencias en pro de un gran acuerdo que allane el camino hacia el futuro, si entre César y yo alcanzamos un alto nivel de afecto y respeto profesional por encima de las nuestras, que eran muchas.

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Un país quebrado

No le veo gracia a la insistencia oficialista de que el país está quebrado. Si bien ese discurso fue muy útil en los días febriles de campaña, dudo que lo siga siendo en el gobierno. La prolongada crisis sanitaria ha tenido un fuerte impacto en la economía y es posible, casi seguro, que muchos dominicanos sientan los efectos de una quiebra. Pero ningún país atrae el interés de los capitales e inversionistas extranjeros, e incluso de los nacionales, en estado de quiebra. Nadie es tan tonto para arriesgar lo que tiene en una economía destruida.

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La esencia del patriotismo

Ahora que se habla tanto de patriotismo y del peligro que representa para la nacionalidad dominicana la masiva inmigración ilegal desde el lado oeste de la isla, sería oportuno rescatar del olvido, comenzando en las escuelas, el valor de los símbolos patrios y observar rigurosamente su uso, específicamente cuando se trata de la bandera. Por años, he llamado la atención acerca de la extendida práctica de emplear en los cuadrantes azules de la insignia nacional, matices distintos que no corresponden al real de la bandera, en especial ese que los estadounidenses llaman “blue navy”, y no el azul ultramar establecido en la ley que regula su uso.

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