La proliferación de candidaturas

En naciones desarrolladas, los procesos electorales se dan entre dos, o a lo sumo tres candidatos o partidos. En la nuestra, el número crece como la hierba. Si esto continúa por el camino recorrido ya en otras tantas oportunidades, tendremos tantos candidatos como provincias, aunque les suene a exageración.

La mayoría de esos aspirantes a la presidencia sabe a ciencia cierta que sus posibilidades son muy remotas, prácticamente inexistentes. Sin embargo, se aventuran al ridículo electoral conscientes de que en el país eso tiene sus ventajas y se traduce en privilegios y subsidios estatales.

Tendrá que llegar pronto un día, para ponerle fin a esa práctica, en que se establezca por ley que aquellos que obtengan menos de una cantidad determinada de votos no podrán postularse de nuevo para ese o cualquier otro cargo público. No se trata de algo que no haya adoptado algún otro país. En Colombia, por ejemplo, donde existe el voto de rechazo, los candidatos a un puesto que reciben menos del sufragio de repudio jamás pueden aspirar a una postulación.

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La triste realidad continental

Los cinturones de miseria se han expandido por todas las capitales de esta parte del mundo en desarrollo. Es el gran legado común del atraso y la corrupción que ha caracterizado el ejercicio político en nuestros países.

Hispanoamérica y Brasil poseen en conjunto uno de los mayores potenciales energéticos, hidráulicos, minerales y agrícolas del mundo. No obstante, el desempleo, el analfabetismo, la insalubridad y la falta total de identidad son sólo algunas de las dificultades todavía lejos de ser resueltas en ellos. Los empeños por encontrar solución a esos problemas al través del esfuerzo conjunto han fracasado.

La Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) que una vez simbolizó el sueño iluso de una América Latina grande, unida, próspera y solidaria, se desvaneció en medio de la apatía, el cansancio y la desilusión. Igual ocurrió con otros esfuerzos de integración subregional. La cruda realidad nos lleva ahora con mejores expectativas hacia un libre comercio con los Estados Unidos, dejando atrás décadas de prejuicio y populismo.

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Lenin, Plejanov y Marx

Contrario a la vulgar creencia, Lenin no conoció personalmente a Karl Marx, quien muriera en Londres en 1883. Quien lo inició en el estudio de las ideas marxistas fue Georgi Plejanov, a quien se le atribuye haber introducido el estudio de las teorías de Marx y Engels en los círculos revolucionarios opuestos al zarismo, entre los que se encontraba el que luego fuera líder de la revolución bolchevique.

Lenin conoció a Plejanov mientras ambos se encontraban exiliados en Suiza en la década del 1880. Plejanov, quien sostenía la tesis del papel determinante del individuo en la historia, provenía de una familia de la nobleza rusa. Fue un activista contra el zarismo desde sus días de estudiantes, lo que le obligó a exiliarse a la edad de 23 años.

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Todo buen gobierno necesita responsable oposición

El país necesita de una oposición que se haga sentir y vigile con carácter permanente las actuaciones del Gobierno. Pero también está urgida de que esa oposición sea lo suficientemente responsable como para dar su ayuda a todo esfuerzo gubernamental que ataque problemas esenciales. La tradición nos muestra cuán grande y doloroso ha sido ese vacío. Con muy escasas excepciones, la dirigencia política cree que los errores y malos enfoques de política sólo afectan a los gobiernos. No entienden que un triunfo de oposición con base sólo en las malas actuaciones del contrario, deja como herencia un legajo de problemas que condenan más tarde al fracaso sus propias gestiones administrativas.

Ningún gobierno es capaz de sortear sin respaldo de la sociedad y de sus líderes las dificultades generadas por la pobreza y la escasez de recursos, tanto humanos como económicos. Los problemas de hoy, muchos de los cuales provienen de lejanos tiempos, no son de la exclusiva competencia del Gobierno. Atañen a toda la sociedad dominicana. Sus efectos trascienden el ámbito oficial y afectan los negocios, las actividades deportivas y culturales, las relaciones de familia, la estabilidad laboral y todas las esferas de la vida nacional, sin excepción.

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La inutilidad de recrear el concepto de cosas inútiles

Marco Almazán, periodista mexicano, se hizo famoso en toda América Latina por una columna de humor que publicaban decenas de diarios, incluyendo El Caribe en los ya lejanos tiempos de Germán Ornes. Una de las más recordadas fue aquella en la que hiciera una extensa relación de “cosas inútiles”, entre las que citaba las elecciones en su país durante el reinado del PRI, la moneda búlgara fuera de Bulgaria y los acuerdos entre políticos aztecas.

Si a tan ocurrente personaje, ayudado por una máquina del tiempo, le tocara residir entre nosotros podría con suma facilidad intentarse un ejercicio similar, con la segura y voluntaria asistencia mía, lo cual haría con mucho gusto, para aliviar un poco las tensiones y descansar por un rato de la vulgaridad y la incansable e insufrible actividad política.

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Defectos propios de la edad

En la fase preliminar de investigación para un libro, en Global, indiscutiblemente la mejor revista dominicana de temas científicos y culturales, encontré una notable exhibición del difícil arte de no hacerse entender, experiencia literaria que me puso en el enojoso compromiso de cuestionar, defecto propio de la edad, mi personal capacidad para asimilar lo que a tantos académicos les resulta tan sencillo.
Veamos unos párrafos de un estudio sobre la industria azucarera publicado en el 2012, de la periodista argentina María Marta Lobo, que ya comentara en su momento:

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El oscuro futuro de la clase media

Al ritmo actual a la clase media sólo le quedará el recurso de la política para satisfacer sus metas de desarrollo personal. Muchas fortunas se han creado en ese ambiente, ya sea por efecto del ejercicio directo de la actividad partidista o al amparo de ésta. Para la economía ha sido pernicioso, pues el éxito de esos afortunados se ha erigido sobre la base de privilegios irritantes, tráfico de influencias, favoritismo oficial y muchas otras prácticas inmorales.

Todo este proceso ha creado con los años una realidad política que fomenta la frustración entre jóvenes generaciones enteras de técnicos y profesionales, a quienes la actividad proselitista no ofrece encanto alguno. Esos son los que finalmente se van o planean irse.

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La grata tarea de una columna diaria

Una columna, especialmente si se hace una obligación cotidiana, conlleva un compromiso. No el tipo que usualmente se contrae al asumir una afiliación partidista. El compromiso al que me refiero es de naturaleza ética. Por lo general establece distancias que involuntariamente se crean con cada entrega diaria. En esencia cada artículo se convierte en una experiencia propia. Hacer periodismo en esta época de la vida democrática del país es una delicia. A mí me ha tocado ejercer este oficio en distintas etapas, algunas de ellas sumamente difíciles, en las que cada amanecer amenazaba con ser el último.

En la universidad se nos enseña que el compromiso debe ser con la verdad. Pero descubrirla es todo un crucigrama imposible de llenar. El compromiso real se adquiere cuando uno siente un enorme miedo interior por lo que escribe y sin embargo continúa adelante. Durante un largo período viví con ese terrible miedo interior. El terror provenía del contenido de algunos despachos en mi época de corresponsal y más tarde de mis inicios como columnista. Por años observé el temor reflejado cada día en el rostro de mi esposa y oculto en la inocente sonrisa de mis hijos, ajenos entonces a todo el peligro a su alrededor.

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