Las enseñanzas de Fiona

Un huracán, esta vez llamado Fiona, nos pone nuevamente de frente a nuestra realidad. La furia de sus vientos y torrenciales aguaceros desentierran del olvido el fantasma de la desigualdad que se oculta detrás de nuestros innegables avances en el ámbito de la economía, con un crecimiento material superior al de la mayoría de las naciones del hemisferio.

Ese crecimiento nos ha legado un proceso muy inclusivo de acumulación, con un aumento de la brecha social que arrastramos desde el mismo inicio de la fundación de la República.

Las imágenes de destrucción de aldeas, sembradíos y viviendas en una importante y amplia zona del territorio nacional, nos obligan a pensar con seriedad sobre la enorme tarea que la nación tiene ante sí para encarar los retos del porvenir, reducir los infames niveles de pobreza que les sobreviven al crecimiento económico y mejorar los estándares de calidad que permitan a la gente abrirse paso por sí misma, sin el brazo paternal de un padre, el Estado, que muestra preferencia por una parte de su prole, en detrimento de la mayoría de ella.

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Un falso concepto del periodismo

En el país se acepta la idea de que laborar para un medio de comunicación otorga el falso derecho de poder expresarse o publicar cuanto se desee, sin tomar en cuenta la veracidad de lo que se diga o publique, sin importar a quién se ofende o humille. La despedida hace un tiempo de un comentarista de televisión por desacuerdos con la política editorial de la empresa, se debatió como un atentado a sus derechos y una violación a la libertad de expresión del afectado. Ese concepto del periodismo limita el derecho de propiedad y el clima de libertad en que debe desenvolverse la prensa, porque un medio no está obligado a aceptar posiciones y comentarios contra la honra de terceros o que riñan con sus principios o su política informativa y editorial.

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Bellini y los puritanos

Desde su estreno en el Teatro Italiano de París en enero de 1835, son contados los tenores que han incorporado a su repertorio “I puritano” (Los puritanos) la célebre ópera de Vincenzo Bellini. Uno de sus mejores intérpretes de todos los tiempos, el mítico y legendario tenor lírico canario Alfredo Kraus, llegó a calificarla de “inhumana” tras renunciar a interpretarla de nuevo por el enorme esfuerzo que requiere el papel estelar del personaje Arturo Talbot.

Algunos biógrafos del compositor aseguran incluso que su temprana muerte, sin haber cumplido los 34 años, meses después del estreno de la obra, tuvo que ver con la fatiga que en él produjo escribirla.

A pesar de su corta carrera, Bellini dejó a la posteridad un amplio catálogo de obras, que incluye otras nueve óperas, algunas de ellas entre las más famosas como Norma y La sonámbula, seis sinfonías, un concierto para oboe y orquesta, numerosas arias, romanzas, cantatas y un tedeum.

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Por un debate libre de prejuicios

El debate alrededor del tema del aborto ha sido infectado por los prejuicios morales y religiosos, dificultando una sana discusión que permita alcanzar un acuerdo sobre un tema que despierta tantas pasiones e incoherencias. Lo cierto es que la veda contra toda forma de interrupción del embarazo desprotege a la mujer del abuso y las violaciones. Este fenómeno social constituye uno de los factores de discriminación de género más denigrante en la sociedad dominicana.

Atrapados en los argumentos éticos y religiosos de un problema de innegable carácter médico-social, el Congreso y las organizaciones opuestas a la despenalización por causas más que justificadas, pierden de vista que el delito de violación e incesto quedan así marginados de la discusión. Tampoco toman en cuenta, las consecuencias psíquicas del drama humano de obligar a una mujer o a una menor a tener un hijo indeseado, que en los casos de embarazos médicamente mal tratados pueden llevar a la muerte de la madre e incluso de la criatura.

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El capitalismo comunista chino

Años han transcurrido desde el desmembramiento del comunismo en la antigua Unión Soviética y el resto del Este europeo, así como del exitoso tránsito de China hacia el capitalismo, sin que los extraños seres del marxismo que aún permanecen fieles a la doctrina, entiendan las causas del fenómeno. Fue Mao el que anticipó el fracaso del sistema, si bien él mismo entró años después en contradicción con su propia prédica.

El líder de la revolución escribió: “Los comunistas son marxistas internacionalistas, pero nosotros no podemos adaptar el marxismo a la vida sino adaptándolo a las particularidades concretas de nuestro país, y bajo una forma nacional. Si los comunistas, que son una parte del gran pueblo chino, aplican el marxismo sin tener en cuenta las particularidades de la China, se llegará a un marxismo abstracto y vacío de todo contenido”.

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A merced de antisociales

¿Qué espacio puede reservarse a un sujeto que a sangre fría le quita la vida a un ciudadano para despojarle de un celular? ¿Cuánto más allá de su precio en el mercado puede tener de valor ese pequeño aparato telefónico? ¿Qué utilidad para un país puede representar quien procede con tanta violencia, llenando de zozobra a la comunidad con sus actos vandálicos? ¿Es justo que a esos antisociales se les reconozcan derechos que ellos les niegan a sus víctimas? ¿Por qué les resulta tan fácil a esos criminales evadir la persecución policial y el puño de la justicia?

El l temor que invade a la sociedad por hechos de esa naturaleza, cambia los hábitos de vida de sus miembros, debido a la inquietud que les produce la posibilidad de ser los próximos. El daño social de estas acciones criminales termina siendo muy superior a los efectos físicos que les causan a las víctimas.

No hay antídoto infalible contra este terrible mal social que crece en todo el mundo. En el ámbito nuestro con agresiones a ciudadanos y asesinatos de mujeres por maridos que se sienten engañados y en otros lares con fanáticos que disparan a mansalva contra turistas inocentes y autobuses llenos de escolares, casi siempre guiados por el odio racial o ideológico o simplemente para ser recordados, como el insólito caso del copiloto alemán que estrelló en el 2018 su avión lleno de pasajeros contra una montaña en Francia.

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Cuando se elude el foco central

Frecuentemente escribo que el problema del país no se relaciona con la deuda, ni el costo de la energía y los combustibles o con el bajo crecimiento del empleo formal que pende una daga sobre el sistema de seguridad social. Lo que dificulta el despegue hacia el porvenir es nuestra inveterada tendencia a discutirlo todo en medio de un ruido ensordecedor, que nubla la realidad y no deja ver las oportunidades que pasan delante de nosotros sin darnos cuenta de su presencia..

Por eso, la atención nacional se centra en los temas menores y no hay forma de darle cuerpo a lo sustancial. El país esperó años por una ley de partidos que regule la vida política y deje atrás las malas prácticas que la han viciado por más de treinta años, pero las diferencias sobre el método de elección de las candidaturas sepultaron la posibilidad de un gran paso adelante en ese campo. Tenemos esa ley pero sirve para muy poco.

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La declaración jurada de bienes

Se ha dicho, y al parecer es cierto, de muchos funcionarios públicos electos y designados por decreto en falta de la obligación de cumplir con el requisito de presentar una “declaración de bienes”, como exige la Constitución de la República. El presidente Luis Abinader ha sido enfático en la necesidad de hacer cumplir esa obligación, pero a medida que transcurre el tiempo el interés por el tema desaparece. Pasa igual en esta como en otras administraciones pasadas. El Presidente ha dicho incluso, fijando plazos, que aquellos en falta serían excluidos de la nómina pública. Como ya no se habla de ello, se presume problema resuelto.

La tradición indica cuán difícil nos resulta unirnos en pro de un objetivo común cuando surgen los intereses partidistas. Se ha dado así a despecho de situaciones en los que no existían diferencias abismales e incluso en circunstancias de pareces coincidentes. Pero la violación del requisito de presentar una declaración jurada de bienes a quienes ejercen funciones públicas, tanto en el gobierno central como en los demás poderes del Estado, no puede seguir tolerándose, so pena de erosionar la confianza ciudadana en las instituciones públicas y en quienes las dirigen.

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