Hasta en la cúspide de la lírica

Las rivalidades no solo se dan en la política. Surgen incluso en aquellas actividades en las que dones excepcionales alcanzan los más altos niveles de espiritualidad y belleza. Una de las más famosas involucró a dos de las más elevadas exponentes del canto lírico. Me refiero a las incomparables María Callas y Renata Tebaldi. La primera, de origen griego nacida en Nueva York con el nombre de Ana María Cecilia Sofía Kalogeropoúlus, y la segunda italiana, dominaron con sus potentes voces de soprano spinto y sus fuertes temperamentos el mundo de la ópera en las décadas de los 40, 50 y 60 del siglo pasado.

Su vida sentimental acortó la carrera de Callas, quien murió a los 53 años, tras un segundo retiro forzoso derivado de un regreso decepcionante luego de una ausencia de ocho años de los escenarios debido a su tormentosa relación con Aristóteles Onassis. Ocurrió en 1973, cuatro años antes de su muerte. Con su tenor favorito Giuseppe di Stefano, también en franco declive, inició una gira europea que resultó en total fracaso debido a que su vibrante voz lírica estaba ya muy deteriorada.

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El muro que necesitamos

Hace tiempo escribí: La falta de oportunidades en la zona fronteriza ha provocado una migración de sus pobladores hacia el centro y la parte oriental del territorio nacional de una intensidad no similar a la inmigración haitiana hacia esta parte de la isla, pero sí tan perjudicial a los esfuerzos por defender nuestra integridad territorial. El abandono por décadas de esas provincias es, probablemente, la causa de la debilidad que ha permitido una inmigración ilegal frente a la cual no ha habido resistencia real alguna.

Por eso he venido sosteniendo que el muro más sólido a construir para detener el éxodo masivo haitiano hacia suelo dominicano, sería una muralla de oportunidades, para estimular el regreso de los que se han movido de allí a causa de la falta de empleo y de futuro. No sugiero que una verja a lo largo de la frontera no sea necesaria para contener la avalancha ilegal haitiana. Pero un muro físico, como el que se construye, no sería del todo suficiente.

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Un modelo de obstrucción del desarrollo

Si el fundamentalismo ambiental sigue pautando el debate, frustrará futuros planes de desarrollo de la economía si no valoramos la importancia de asumir los riesgos y encararlo con el ímpetu operativo de ese fanatismo de nuevo cuño. Los poderes del Estado y entidades de la sociedad civil se rindieron al ruido provocado en el caso de Loma Miranda, convirtiendo un tema del más alto interés nacional, en mero asunto de opinión pública, como si se tratara de una cuestión plebiscitaria.

Los argumentos que sustentaron la declaratoria de parque nacional por el Congreso de la República carecían y carecen de valor científico y se cimentan en tabúes que el desarrollo de la tecnología en el campo de la minería desmontan.

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Una ilusión que envejece

En febrero del 2012, el presidente de Alemania, Christian Wulff, debió renunciar al cargo luego de que la Fiscalía pidiera al Parlamento que le despojara de su inmunidad para investigarlo sobre un caso de soborno. Wulff había incurrido años atrás en el error de aceptar el pago de vacaciones de un fin de semana de un amigo favorecido con varios contratos mientras ejercía la presidencia de Baja Sajonia. Dos años después la sentencia del tribunal que lo juzgó evitó que fuera a la cárcel.

En 1988, mientras corría por la candidatura del Partido Demócrata, el después vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, se vio precisado a abandonar el esfuerzo mientras lideraba las encuestas para evitar un escándalo después que se publicara que había copiado parte de un discurso del líder liberal Neil Kinnock. Su decisión evitó que se le acusara de plagio y el caso se ventilara en la justicia. El asunto fue recreado en los medios años después cuando Biden, actual mandatario de Estados Unidos, fue escogido por Obama como su vicepresidente.

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El poder abrumador del Estado

Nuestra primera prioridad en materia institucional debería estar orientada al fortalecimiento de la posición de los ciudadanos frente al poder estatal.

Tenemos otras muchas prioridades, es cierto, pero la experiencia política de las últimas décadas indica que nos hemos empantanado en el esfuerzo por consolidar las instituciones y con ello la democracia, cuya práctica entre nosotros sigue siendo débil y excluyente.

Así, con el correr del tiempo, hemos destruido la capacidad de los ciudadanos para controlar de manera eficaz al Estado y a sus organismos represivos.

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La perenne letanía

La oposición necesita más creatividad para alcanzar o recuperar el poder. Debería enfocarse en el análisis de los planteamientos oficiales y abandonar la costumbre de reducir las respuestas a simples e inocuas descalificaciones, cuando se trata de discursos de rendición de cuentas o iniciativas para resolver, por ejemplo, los daños de un huracán.

Por años me ha intrigado la reacción de los partidos y sus dirigentes sobre esos discursos y la curiosidad me llevó a revisar los pronunciamientos de los grupos de oposición y sus dirigentes en pasadas comparecencias del jefe del Estado, tanto en gobiernos del PLD, como en las administraciones de Balaguer, las del PRD y, por supuesto, las del PRM.

Comprobé que en la mayoría de los casos no había sido necesario escuchar a los presidentes. Muchas de las reacciones leídas en una revisión que he realizado de esos años muestran una enorme similitud en las observaciones a esos discursos. Insustanciales letanías que no aportan mucho. Si se les presta la debida atención a muchas de esas reacciones, parecen calcadas de un manual de oposición que nadie, hasta ahora, se ha empeñado en escribir.

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Para evadir el fastidio de la política

A diferencia de las obras literarias, las composiciones musicales clásicas suelen numerarse conforme son escritas, aunque no siempre los autores lo hacían y muchas famosas obras, incluyendo las de algunos de los más grandes maestros, se numeraron después de muertos. Por lo regular, la numeración dada a una composición se hace de forma cronológica. La palabra utilizada para esa catalogación es opus, práctica conocida desde el siglo XVII, según se ha comprobado a través de numerosos estudios. En el caso particular de las obras enumeradas después del fallecimiento del autor, la numeración se hacía de la manera siguiente op.posth, para dar a entender que se trata de una obra publicada póstumamente, como han sido los casos de algunos compositores clásicos y barrocos.

Sin embargo, ha habido muchas excepciones. Una muy conocida es la del genial Juan Sebastián Bach, quien nunca enumeró sus obras y se sabe de otros ilustres compositores, como el caso de Mozart, en los que la numeración no se hacía de forma ritual ni cronológica. Existen otros ejemplos en los que el número correspondió a trabajos e investigaciones del editor que publicaba las composiciones. La numeración ha permitido en muchos casos entender la evolución y los cambios de muchos autores importantes, como por ejemplo la forma en que circunstancias ajenas a su control y otras propias de su temperamento determinaron el contenido de su producción y la época en que fueron concebidas y concluidas.

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Los defensores del dictador ruso

Los defensores de Putin son los que en el pasado persistían en presentarnos la liberación femenina como evidencia de igualdad de género y superioridad del comunismo sobre la democracia. Pero a excepción del derecho al trabajo rudo, era poco lo que esa sociedad proporcionaba a las mujeres que no hubieran conseguido ya en otros países. Muchas de las restricciones y prejuicios del absolutismo zarista contra el sexo femenino se mantuvieron durante todo el periodo estalinista e incluso le sobrevivieron.

Tras la muerte de Lenin en 1924, Stalin promulgó una ley que puso bien en claro el papel de la mujer en la sociedad proletaria. El breve periodo de liberalidad femenina de los primeros años de la revolución, que permitían el amor libre y condenaban las viejas tradiciones relativas al matrimonio como anacrónicas, quedaba sepultado así con esta iniciativa estalinista. La disposición prohibió el aborto, permitido en los inicios del bolchevismo, hizo más rígidas las reglas del divorcio y con la eliminación del patronímico y el uso en su lugar de una rayita, equivalente en ruso al “hijo de nadie”, se condenó a la madre y a los hijos naturales con una cláusula de identidad, que se mantuvo vigente 16 años después de la muerte de Stalin.

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