El abuso de poder

Las críticas al Ministerio Público no se refieren a su supuesto empeño de establecer precedentes en la lucha contra la corrupción, que sigue siendo un cáncer en la vida nacional. Lo criticable son sus métodos, el abuso de poder, las violaciones evidentes al debido proceso y, peor aun, el desconocimiento al principio básico del estado de derecho como es la presunción de inocencia.

Los procedimientos usados en las últimas detenciones de exfuncionarios de la pasada administración cuestionan sus intenciones y las del Gobierno. Sabemos que la “justicia independiente” es una ficción, un pretexto para aplicar justicia selectiva. Dudo que haya muchos ciudadanos indiferentes a cualquier acción dirigida a sancionar la corrupción. Pero nada ganamos si ese esfuerzo se erige sobre la anulación de principios en que se sostiene un estado de derecho, porque entonces ningún ciudadano estaría protegido de los excesos del Gobierno, un poder de naturaleza autoritaria.

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En el ámbito de dos prioridades

Muchas de las organizaciones creadas alrededor de actividades esenciales como la educación y la salud, se creen sin la obligación de contribuir a los esfuerzos para mejorar la calidad de esos servicios. Y no creo que puedan mostrarle al país muestras de su empeño para impulsarlos. Todo lo que hemos presenciado es una persistente tarea de parte de algunas de esas entidades para evitar cambios, a fin de que las cosas se mantengan igual. El desorden permanente es lo que les permite seguir haciendo lo que hasta ahora han estado haciendo.

Llegará un día, espero no muy lejano, en que la sociedad cuestionará su pasividad ante esos hechos y exigirá lo que hace tiempo debimos haber reclamado. ¿Piensan los directivos de la Asociación de Profesores (ADP) que el desorden y la mala calidad de la enseñanza pública que hemos venido arrastrando les son totalmente ajenos? ¿Creen acaso que en el esfuerzo dirigido a mejorar el nivel de la escuela pública e igualarla con la de la privada no les corresponde responsabilidad alguna? Porque todo lo que vemos parece dirigido a obstaculizar el empeño, con una negativa evidente de boicotear o abstenerse de colaborar con el ministerio en esa tarea. Lo mismo ocurre en el área de la salud pública. Lamentablemente, los hechos demuestran que los gremios de profesores y de la salud, no han prestado la debida colaboración a los planes para elevar el nivel de los servicios hospitalarios y la calidad de la enseñanza pública.

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Monólogo de fin de semana

Al igual que toda actividad comercial, el trabajo en un medio periodístico se enmarca en la relación de empleador y empleado. Negar al primero el derecho de poner fin a esa relación cuando le resulte perjudicial, aun esté regida por un contrato, carece de fundamento.

Ninguna libertad tiene más valor que otra. Defender la de prensa en desmedro de otras libertades, socava las bases del sistema democrático. La libertad empresarial es tan importante y válida como la que me permite expresar mis ideas, siempre en estricta observación de la ley.

La fijación de los límites de responsabilidad de la prensa es una tarea que compete a los medios y al esquivar esa obligación se le ha restado credibilidad al periodismo. Si se la sigue evadiendo llegará el día en que la fije un gobierno.

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Monólogo de fin de semana

Los periodistas debemos responder por nuestros excesos. Las leyes son muy claras. Y no se le puede objetar a nadie el derecho a la defensa de su honra personal. La condición de periodista no otorga ningún privilegio especial. Pretenderlo sería irracional.

Al igual que toda actividad comercial, el trabajo en un medio periodístico se enmarca en la relación de empleador y empleado. Negar al primero el derecho de poner fin a esa relación cuando le resulte perjudicial, aun esté regida por un contrato, carece de fundamento.

Ninguna libertad tiene más valor que otra. Defender la de prensa en desmedro de otras libertades, socava las bases del sistema democrático. La libertad empresarial es tan importante y válida como la que me permite expresar mis ideas, siempre en estricta observación de la ley.

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Cuando hay talento sobran los títulos

En nuestro país la capacidad de exageración no tiene límites. Como para muestra vale un botón fundamentaré la apreciación en un mito farandulero. Diva, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, se usa como sinónimo de diosa o “divina”, para exaltar el talento especial de una voz femenina. Por eso, en el ámbito operático se suele llamar así a las grandes cantantes líricas, a aquellas voces en cualquier registro, grave o agudo, especialmente en este último, que muestren incomparable talento para alcanzar los más altos niveles artísticos. A María Callas se le llamaba diva, como también solía decirse de Renata Tebaldi, Anna Moffo, Rosa Poncelli, Monserrat Caballé y muchas otras que deslumbraron los escenarios con sus timbres de extraordinaria belleza.

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Cuando reina la vulgaridad

Si hay algo a lo que finalmente nos hemos acostumbrados es a escuchar sin sonrojarnos cualquier vulgaridad en la radio y la televisión. Y la falta de indignación ante ese atropello al buen gusto se asemeja a la que observamos frente a la basura en nuestras calles y plazas. Ya no nos ofenden los gritos vulgares en los medios, como tampoco los montones de basura que se apilan frente a los hogares. Esa falta de respeto al buen sentido se ha extendido incluso ante los símbolos patrios y a la memoria del patricio Juan Pablo Duarte. Recuerdo cómo no hubo reacción contra el medio cuando un popular comentarista de la radio llamara a Duarte, “cobarde, depresivo homosexual, histérico y canalla, carente de carácter y cojones”.

No fue la primera vez que esa clase de abusos verbales se escucharon por la radio, ni será la última, y muchos conductores de programas, que ahora se hacen llamar “comunicadores”, se han hecho populares ganando altos niveles de audiencia, a base de este lenguaje fuera de tono e irrespetuoso, sin que ninguna institución, y ni decir de las direcciones de las emisoras donde se emiten, se haya molestado en pedirle perdón al público y excusarse ante la nación.

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Los nuevos profetas de la moral

Tienen razón quienes lamentan la pobreza del debate y bastaría con lo que usuarios de las redes creadas por partidos y candidatos dicen a diario de las opiniones de quienes han incluido en sus listas de objetados. Un listado negro, hijo de la intolerancia, de viejos adversarios y de quienes incluso gozaron alguna vez de sus afectos y hoy no concuerdan con sus discursos electorales.

Antaño se creía que esa extrema intolerancia provenía únicamente de la esfera oficial. Pero hoy la vemos con absoluto asombro, provenir no solo desde círculos adheridos al poder, sino de iglesias y litorales políticos, donde muchos hasta hace poco beneficiarios de la corrupción, que hoy denuncian con absoluto desprecio de sí mismo, se autoerigen profetas de la redención y de la moralidad pública. Cuán penoso es observar jóvenes líderes de potencial creciente, promesas del relevo generacional, rendidos a la tentación de doblegar la constancia de quienes, en el multicolor escenario de las ideas, ven que no todo es oscuro en el Gobierno y en la gente que lo integra, ni todo diáfano en la acera del frente.

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Las políticas de generación de pobreza

La dignidad nace en una democracia del derecho a vivir en libertad en un clima de oportunidades para todos los ciudadanos, mejorando así de forma sustancial el ambiente en que se desenvuelven. Quien no vive a gusto con lo que posee o en su medio, jamás se sentirá comprometido a defenderlo. Esa es una de las cuestiones vitales a la que se debe responder enfática y rápidamente en América Latina, para consolidar el proceso político y social y asegurar cierto grado de supervivencia del sistema.

Las desigualdades sociales en la región son demasiado profundas como para que no estén presentes con carácter permanente, los elementos capaces de coaligarse para poner en peligro los avances que en el campo de las libertades humanas y los derechos materiales, es decir, el acceso a los bienes y riquezas que produce la sociedad, se han alcanzado a través de un largo y accidentado proceso todavía en fase de maduración en la mayoría de los países latinoamericanos.

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