Si me fuera de vacaciones
5 agosto, 2025 Deja un comentario
Pronto pienso irme de vacaciones y me han preguntado si esta columna seguirá publicándose durante esas dos semanas. La respuesta no la sé, pero la pregunta despertó en mí inquietudes que tienen que ver con la razón misma por la que se escribe. Con los años he comprendido que en un país donde la prensa se desenvuelve con tantos miedos y limitaciones, por la falta de institucionalidad y los compromisos con los poderes fácticos, la utilidad de una columna diaria de opinión se compara con la del correo y el Inespre, por lo que no haría falta mencionar otras momias inofensivas pero costosas de la burocracia estatal como el Idecoop, la ODC e incluso la CDEEE, que como ave de mal agüero sólo está para justificar apagones y presagiar aumentos de tarifas.
A la larga lista cuesta ahora, por necesidad, agregar las incontables superintendencias, que van desde la Salud, donde no se cura nada, a la de Energía, donde existe de todo menos eso, y, por supuesto, a las comisiones que el presidente designa por montones, que dan buenos titulares y que no resuelven absolutamente nada, como fue el caso de aquella a la que se le asignó revisar ese adefesio monumental de una hoja llamada “receta única” y que dejó pasar meses sin responder su encargo, y por la que esperaron cientos de miles de pacientes de la inseguridad social.
A juzgar por los resultados, una columna diaria es tan inútil como lo parece casi siempre el gobierno. Y que nadie se dé por ofendido porque probablemente frente a ciertas necesidades ciudadanas poco se perdería sin ambos. En fin, la importancia de una columna de opinión es similar a las cumbres presidenciales, a excepción de aquellas a las que asisten los Chávez, que son muchos, y el rey de España, por aquello del “¿por qué no te callas?”, que les dieron una dimensión histórica. Naturalmente, hay otras inutilidades similares, como sería el Congreso, si no existieran los famosos barrilitos.(Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe)


