Todo por un Like
27 marzo, 2017 Deja un comentario
Por Samuel David Blanc
Abraham Maslow fue un Psicólogo Estadounidense que hizo varios aportes respecto de la Salud Mental, siendo uno de sus principales aportes la llamada “Pirámide de las Necesidades”, trabajo en el que habló detalladamente sobre las necesidades instintivas, las necesidades deficitarias y de desarrollo del ser. En resumen, subrayó como el ser humano está necesitado de ser reconocido, de autorrealización, de pertenencia, de seguridad, de fisiología y de crecimiento personal. Satisfacer estas necesidades, según Maslow, son importantes para evitar tener consecuencias de sentimientos displacenteros.
Wayne Dyer en su libro “Tus Zonas Erróneas” desnuda la compleja realidad de las personas que viven atadas por esa necesidad de obtener la aprobación de los demás en todo lo que hacen y en lo que son, en esta misma obra coloca al alcance de los lectores herramientas poderosas que le cambiarían la vida a cualquiera que se encuentre atrapado en ese laberinto sin salida de la necesidad de ser validado por el prójimo, y que necesitan trascender hacia la autovaloración.
Haciendo un recorrido por las huellas imborrables de la historias encontramos que cada época ha contado con elementos distintivos que le permiten cautivar las sociedades del momento, siendo los más relevantes el poder, el dinero, la fama, el sexo, la belleza y el talento. En cada una de estos controladores se encuentra manifiesta la satisfacción que da sentirse aprobado y distinguido, eso de sentirse el mejor. Practicas pecaminosas: crímenes, morbo, violencia, pornografía, etc. se han gestado en honor a la satisfacción personal que cada uno quiere sentir.
De manera muy sutil e inesperada, se ha manifestado en el mundo de hoy un fenómeno que reúne en un solo cuerpo todos esos elementos que por siglos, su uso irracional, a dañado a las sociedades, y lo peor es que está al alcance de todos, estamos hablando del poder de las Redes Sociales, capaz de moldear el comportamiento colectivo de la sociedad (aumentaron los niveles de votación en los Estados Unidos), cuyo uso irresponsable se convierte en una “bomba de impulso electromagnético”.
No quisiera caer en aquellas declaraciones extremistas que hiciera el Filosofo Italiano Umberto Eco: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles“, pero si quiero destacar que nos estamos dañando nosotros mismo, ya que por conseguir la aprobación de los demás y sentir realizada la necesidad de pertenencia y seguridad a través de un “Like”, en el caso del Facebook, Hemos sido capaces de mostrar nuestros cuerpos desnudos; magnificar el morbo; hemos dejado de socorrer al prójimo para sacarle una foto en su desgracia; reñimos con la dignidad humana subiendo luto y sangre; violamos los derechos de los menores; dañamos reputaciones; mentimos; traicionamos; robamos; en fin toda la miseria humana se nos ha reducido a la búsqueda de que nos comenten, nos compartan o que nos den un LIKE.
Es hora de vivir con naturalidad, libre de prejuicios; sabiendo que somos lo que somos, y no lo que dicen de nosotros. Que no nos sacudan las críticas destructivas, pero que tampoco nos engañen los elogios ni las adulaciones. Es hora de que no puedan influir en tu estado emocional aquellas personas que no te dan un Like por no reafirmarte, revestidos de mezquindad, pero que son capaces de dárselo a otra persona que haya comentado dentro de tu post, tienes que entender que esos mismo que te ignoran, que no felicitan tus éxitos en las redes sociales, son los mimos hipócritas de la vida desconectada, y no debe hacer ningún esfuerzo por atraer la atención de ellos, mucho menos sacrificar lo que eres.
Ese maravilloso pulular de la tecnología expresado en las redes sociales debe ser aprovechado con niveles de inteligencia superiores a los que hasta ahora estamos exhibiendo, dejar de vivir como si el éxito fuera la felicidad contabilizada en “me gusta” y nuestra meta “compartir con todos”.
El autor es Tecnólogo, especialista en Seguridad Social y Político


