Mi primera vez

SAMUEL BLANCPor Samuel Blanc

Por años han perfumado mis oídos con la frase popular que reza «la experiencia no se improvisa», es como si desde esta mirada el cúmulo de vivencias respecto de uno o varios temas, o situaciones, colocaran a un individuo especifico en ventajas sobre otro creando una ambientación favorable sobre si mismo. Nos faltó experiencia para poder asimilar, desde los aspectos psicológicos y emocionales, las condiciones infrahumanas a la que fuimos sometidos un grupo de ciudadanos comprometidos y empoderados que el pasado 14 de mayo solo esperábamos ejercer un derecho.

La carta sustantiva de nuestra patria y a la que orgullosamente llamamos constitución, cualquier ciudadano común o cualquier argumentador jurídico, encierra en su articulo cuatro (4) el término «republicano» y en el siete (7) especifica que somos un estado social democrático y de derechos, en nuestra forma de gobierno, lo que debe garantizar, por el significado de estos articulados, que el gobierno debe ser ejercido desde la separación estricta de los poderes del estado, garantizando la dignidad humana, así mismo con estricto respeto a los derechos humanos. Eso seria respetar la institucionalidad del estado, vista como un proceso sistemático de consolidación, permanencia y uniformidad, de ideas y conductas, a través de medios e instrumentos (organizaciones y medios) para alcanzar un fin social, cuya expresión practica se asimila como valores, es así como lo plantea Piu Daeza.

Frente a esta definición de institucionalidad que debería comulgar con nuestra forma de gobierno, se colige que hablar de institucionalidad es hablar de un ideario de igualdad de posibilidades para los actores, en el que todos somos medidos utilizando la misma métrica.

Lamentablemente hablar de respeto a las instituciones en nuestro país, equivale a tener que vivir bajo instituciones en las cuales nada es como debe ser, ya que impera un orden subversivo en el que el poder ejecutivo es poder judicial, el judicial es ejecutivo, el poder legislativo para nada cumple con su rol fiscalizador y representativo, y por demás, es violador de sus propias normas, y basta con saber que existen leyes inconstitucionales, y lo peor, prefieren violentar las leyes en lugar de adecuarlas.

Las normas (leyes) de este país, en su mayoría, son fruto de la cultura del orangután, dicho así, porque son, en su mayoría, leyes migradas desde otras culturas por esos legisladores nuestros a los que le he llamado «Diputados y Senadores navideños», porque solo aparecen con una cajita en tiempos de navidad. Esas leyes migradas encuentran poca aplicación en nuestro territorio, de ahí la base fundamental de su incumplimiento, ya nos referiremos mas ampliamente sobre este tema y al propio de la institucionalidad.

Este país esta viviendo el síndrome de las cuatro Indignación: Social, política, ciudadana y moral. Y fue en el seno de las estructura sel Tribunal Superior electoral donde estas indignaciones encontraron eco, retumbaron y tendenciarón todo el epicentro de la sociedad, astiada y desesperanzada.

Soy de formación pura y estrictamente cristiana y bajo esos valores vivo, lo que despeja cualquier insinuación de comportamiento violento como arma, creo en las ideas; pero aun así he tenido que asumir consecuencias que riñen con mis derechos, cada vez que mi espíritu rebelde ante las injusticias, violaciones y atropellos, en lugar de mendigar o exigir arrebata sus derechos, como debe ser. Recuerdo aquí el episodio en el que fuí agredido por exigir que se le permitieran delegados a Guido Gómez Mazara como ordenaban las normas que rigieron la pasada convención de julio del 2014.

El 14 de mayo junto a mis compañeros, que todos somos de la patria que se independizó de España en 1821 y 1863, de Haití en 1844 y «de estados unidos en 1924»; pero que tuvo que defender su territorio en 1965 con Caamaño y Fernández Domínguez como héroes, nosotros tuvimos que sentir, precisamente un «mayo» los escombros de la dictadura que aun subyacen  en nuestro país.

Por primera vez, a pesar de la resistencia, tuvimos que soportar ser privados de nuestra libertad de forma ilegal e ilegitima, violando todo el debido proceso. Siendo la prisión, según nuestro «estado de derecho», una acción reservada para aquellos que han cometido un delito. Por primera vez pisamos la cárcel en condición de prisioneros, y nos sentimos orgullosos de no haber rebajado ni negociado nuestra dignidad, aun siendo expuestos bajo las estructuras carcelarias dominicanas, que rebajan y degradan nuestros derechos humanos.

Ese 14 de mayo seguirá presente en nosotros y todos los dominicanos sensatos que ven como un partido, el PLD, y gente especifica de ese partido se han llevado el país dos o tres veces y no pasa nada. Ver caso Felix Bautista.

El autor es Tecnólogo, especialista en Seguridad Social y Político.

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