Entienden «floja» temporada ciclónica a punto de finalizar

TORMENTA ARTHURSANTO DOMINGO.- La temporada de huracanes correspondiente a este año, que finaliza este 30 de noviembre, ha sido una de las más “débiles”. Hasta el momento, la última formación ciclónica fue el 28 de octubre cuando la tormenta Hanna se disipó en la península de Yucatán, México.

En total se formaron nueve depresiones tropicales, ocho tormentas, seis huracanes y dos de gran intensidad, categoría 3, 4 o 5.

Este año, la actividad ciclónica estuvo por debajo de lo normal coincidiendo con los pronósticos de los expertos de la Universidad de Colorado, Estados Unidos, William Gray y Philip Klotzbach, quienes señalaron que las condiciones en el Atlántico estarían influenciadas indirectamente por el desarrollo del fenómeno climático El Niño en el Pacífico.

Uno de los puntos negativos de la escasa actividad en el Atlántico es que aumenta la amenaza de ciclones tropicales en la región del Caribe y mucho más en la República Dominicana.

Durante el desarrollo de otros fenómenos de El Niño, en el Pacífico Oriental, las temporadas de huracanes se tornaron peligrosas y amenazantes para el territorio nacional.

A causa de El Niño, en los siguientes años hubo este tipo de evento climático: en 1951 dos huracanes pasaron cerca del país (Charlie, de categoría 4, y Dog, de categoría 3); en 1963 el huracán Edith, categoría 2, pasó sobre la isla, mientras otros dos se acercaron (Flora de categoría 4, y Ginny de categoría 2); en 1982 el huracán Debby, de categoría 4, se formó cerca de la costa norte; en 1997 la tormenta Grace transitó al Noreste de República Dominicana; y en el 2002, el huracán Isidore, categoría 3, pasó al sur del país.

En la presente temporada ciclónica, dos tormentas (que posteriormente aumentaron su intensidad a huracán) pasaron próximo al Este y Noreste de la República Dominicana. Bertha y Cristóbal, provocando fuertes precipitaciones y serias inundaciones en gran parte del país.

Otro fenómeno que estaba en la ruta para impactar el territorio nacional fue el huracán Gonzalo, que alcanzó los mayores vientos con 230 kilómetros por hora, hasta ser catalogado como el más intenso de este año. El debilitamiento de la alta presión que lo empujaba hacia el oeste permitió el desvío del ciclón tropical hacia el Atlántico, justo al norte de la región caribeña.

Durante el último mes de la época ciclónica, noviembre, las condiciones en el Atlántico, Mar Caribe y Golfo de México, para que se forme algún fenómeno tropical adicional, se han reducido significativamente, lo que parece indicar que las tormentas y huracanes cerraron su lista para el 2014.

Cada vez más, el Atlántico enfría sus aguas y con la ausencia de ondas tropicales, es casi improbable que durante las próximas semanas pueda fortalecerse alguna tormenta o depresión.

El frío

Con noviembre inició otra temporada para el país, la frontal. Desde el norte de Canadá llegan hasta Estados Unidos las tormentas invernales o frentes polares que enfrían el clima en Norteamérica y de ellas se desprenden los sistemas frontales o frentes fríos que llegan hasta República Dominicana hasta el mes de marzo.

Recientemente, a principios de noviembre, el segundo frente frío en llegar directamente al país, generó intensas lluvias en las zonas norte, noreste, Cibao y noroeste hasta dejar decenas de comunidades incomunicadas por las inundaciones, ríos desbordados y deslizamientos de tierra.

Mientras que con las tormentas y huracanes son las regiones sur, sureste y suroeste que se ven afectadas; con los frentes fríos y vaguadas frontales, son el norte, el noreste, noroeste y el Cibao que reciben las mayores lluvias y temperaturas frescas.

Aunque el calor en República Dominicana permanecerá hasta mediados de diciembre, los termómetros podrían descender de manera significativa a finales de diciembre y hasta febrero, como consecuencia indirecta de las fuertes tormentas invernales que están proyectadas para este invierno en Estados Unidos.

Los daños

En República Dominicana, si se mide por el número de víctimas que dejaron los fenómenos, la temporada fue benigna: sólo se reportaron dos víctimas.

Sin embargo, la agricultura y las infraestructuras viales sufrieron grandes daños. Las inundaciones provocadas por las lluvias en Santiago, el Cibao Central y la Línea Noroeste dejaron pérdidas millonarias al inundar miles de tareas sembradas de diversos cultivos agrícolas.

Las inundaciones, también rompieron puentes y ocasionaron deslizamientos de tierra.

En el municipio de Navarrete, a 22 kilómetros al norte de Santiago, el río Guanábano hizo una crecida que anegó más de 800 viviendas en los sectores de Manolo Tavárez Justo, La Niega, barrio Joaquín Balaguer y las proximidades del cementerio municipal y la Zona Franca.

Un panorama similar al de Navarrete se vivió en Villa Vásquez con las inundaciones provocadas por las crecidas de ríos arroyos y cañadas. Decenas de personas en los barrios La Colonia, Botoncillo, el canal Norte, barrio Sur, La Gallera, La Capilla y El Arrozal lo perdieron casi todo.

Asimismo, cientos de tareas sembradas de guineos y frutos menores también fueron afectados.

No descuidarse

El geólogo Osiris de León llama a no bajar la guardia, a pesar del fin de la temporada ciclónica.

Para él, en términos reales, la naturaleza impone sus propias reglas y la temporada ciclónica puede extenderse, tal y como ocurrió el 11 y el 12 de diciembre de 2007, cuando la tormenta subtropical Olga entró por la zona de Punta Cana, atravesó el país en sentido Este-Oeste, encontró la presa de Tavera en la cota 327 metros sobre el nivel del mar, casi llena, y que de acuerdo al protocolo operativo debió ser previamente bajada hasta la cota 320 metros sobre el nivel del mar.

De León recuerda que a medianoche de esos días, cuando entró la crecida pico de los ríos Yaque del Norte y Bao, la presa subió abruptamente y entonces abrieron las 6 compuertas radiales, vertiendo unos 5,000 metros cúbicos por segundo, y provocando una tragedia en la ciudad de Santiago de los Caballeros y en muchos pueblos de la Línea Noroeste, con pérdidas humanas de unas 300 vidas y pérdidas agrícolas, fundamentalmente en los bananos, del orden de 4,500 millones de pesos, siendo esta la peor inundación sufrida por la ciudad de Santiago, ya que por primera vez en la historia el agua del río Yaque del Norte subió hasta la iglesia San José.

El experto también recuerda que otra tormenta que nos encontró totalmente descuidados y desinformados, fue Noel, ocurrida en la última semana del mes de octubre del mismo año 2007, es decir, unos 45 días antes de la tormenta Olga, y en el caso de la tormenta Noel hubo daños extraordinarios en Barahona, en los pueblos vecinos al lago Enriquillo, en San José de Ocoa, donde provocó el gran derrumbe de El Limón, el cual incomunicó a San José de Ocoa durante un mes.

En Villa Altagracia, Noel dejó cerca de 60 muertes cuando el río se llevó por completo toda una comunidad rural; en Bonao la crecida del río Yuna dañó los aproches del puente de la carretera Duarte; en Maimón y en Cotuí, fruto del desbordamiento de la presa de Hatillo, y en todo el bajo Yuna, hubo que desalojar a todas las comunidades inundadas.

“En ambos casos, el descuido de las autoridades incidió en la multiplicación de los desastres, ya que en el caso de la tormenta Noel, el 28 de octubre de 2007, las autoridades pensaban que la temporada ciclónica ya estaba terminando y que por tal razón no había posibilidad de un fenómeno meteorológico importante, pero de repente se formó una tormenta en el mar Caribe, al suroeste de Barahona y de Pedernales, la cual se movió hacia el Noreste; y en el caso de la tormenta Olga, que se formó al norte de Puerto Rico, las autoridades pensaban que ya la temporada había terminado y que no era posible que se formara ningún fenómeno meteorológico importante”, dijo.

Avatar de DesconocidoAcerca de pedrobrandnoticia
Portal de noticias e informaciones editadas en el municipio Pedro Brand, provincia Santo Domingo, República Dominicana

Deja un comentario