De vacaciones y cosas inútiles
12 marzo, 2014 Deja un comentario
Pronto estaré de vacaciones y me han preguntado si esta columna seguirá publicándose durante esas semanas. La respuesta la ignoro todavía, pero la pregunta despertó en mí inquietudes que tienen que ver con la razón misma por la que se escribe.
Con los años he comprendido que en un país donde la prensa se desenvuelve con tantos miedos y limitaciones, por la falta de institucionalidad y los compromisos con los poderes fácticos, la utilidad de una columna diaria de opinión se compara con la del correo y el Inespre, con lo que no haría falta mencionar otras momias inofensivas pero costosas de la burocracia estatal como el Idecoop, la ODC y el Instituto de la Aguja. A la larga lista cuesta ahora, por necesidad, agregar las incontables superintendencias, como la de la salud, donde no se cura nada y la de Seguros, donde el libre acceso a la información es letra muerta, y por supuesto, las comisiones que casi a diario se designan, que dan buenos titulares pero no resuelven absolutamente nada. Ese fue el caso de aquella a la que hace varios años, si mal no recuerdo en 2009, se le asignó revisar ese adefesio monumental de una hoja llamada “receta única” y que dejó pasar meses sin responder su encargo, y por la que esperaron cientos de miles de pacientes de la inseguridad social.
A juzgar por los resultados, una columna diaria es tan inútil como lo parecen casi siempre muchas instituciones del gobierno. Y que nadie se de por ofendido porque probablemente frente a ciertas necesidades ciudadanas poco se perdería sin ambas. En fin, la importancia de una columna de opinión es similar a las cumbres presidenciales, a excepción de aquellas a las que asisten los Castro, los Maduro y el rey de España, por aquel que aún resuena, “¿por qué no te callas?”, que les dan una dimensión histórica. Naturalmente, hay otras inutilidades similares, como sería el Congreso, si no existieran los famosos barrilitos. (Reproducido con autorización del autor. Publicado en elCaribe.)

