Ofrecen misa en memoria del doctor Pedro Jorge de la Paz del Hospital Rodolfo de la Cruz Lora.
15 agosto, 2013 Deja un comentario
PEDRO BRAND.- La administración del Hospital Rodolfo de la Cruz Lora ofreció este jueves una misa en memoria del doctor Pedro Jorge Rosa de la Paz, quien falleció el pasado 8 de agosto aquejado de serios quebrantos de salud los cuales no pudo superar.
De la Paz, de 53 años de edad, venía sufriendo de problemas hepáticos que se le agravaron y complicaron con otras dolencias que afectaron su salud, consecuencia por la cual tuvo que ser sometido a una cirugía, muriendo tiempo después en su residencia.
El acto litúrgico fue oficiado por el padre Gonzalo, de la parroquia San Pedro Claver, en la capilla del Hospital donde por 7 años trabajó el difunto hasta la hora de su muerte.
A la misa encabezada por el administrador general del hospital, licenciado Jhonny Polanco, asistieron médicos, enfermeras y personal administrativo del centro hospitalario ubicado en el kilómetro 29 de la autopista Duarte.
Visiblemente y muy conmovido por la muerte del galeno, su compañero y entrañable amigo, el doctor Ramos, leyó una conmovedora semblanza, que ante los recuerdos que afloraron a su memoria provocaron que en varias oportunidades la voz se le quebrantara, impidiendo que continuara la lectura del texto que había preparado para la ocasión. Tanto así que fueron muchas las veces que tuvo que sacar un pañuelo de un bolsillo de su pantalón para secar sus lágrimas.
La tristeza que embargó al doctor Ramos se duplicó entre los presentes, a tal punto que el lugar se convirtió en un solo lamento y sollozar de los participantes en la eucaristía.
Del doctor Jorge de la Paz, Ramos recordó que a pesar de los problemas de salud y familiares que le afectaban, «se le veía sonreír, escuchar y nunca negarse a realizar las tareas de su trabajo asignado».
El primer momento en que la vos se le quebró fue cuando empezó diciendo: A él (refiriéndose a el doctor de la Paz) le faltaron muchas cosa, pero me dedicaré a contarles lo que le sobraba en abundancia».
Entre las abundancias que decía el doctor Ramos cabe mencionar «El don de escuchar a los demás, creatividad para compartirnos sus dones con alegria y entusiasmo, disponibilidad para enseñar a aquellos amigos, vecinos y conocidos que le pedían su ayuda, la palabra precisa para dejar nuestros corazones en paz, luz para alumbrar nuestras dudas en la fe, y fe para seguir creyendo cuando todo iba mal».
También una «mirada para sentir compasión de los que no tenían oportunidad, el talento para crear proyectos comunitarios en beneficio de los desposeídos, entre otros valores morales que le hicieron merecedor de considerarlo un ser humano ejemplar.
El doctor Ramos concluyó la lectura de la semblanza casi sin voz, dedicándole una flor blanca y con la frase «hasta luego mi gordo».


