Ponderan la literatura audiovisual frente a la impresa

 “Las series”: Obras literarias de nuestra época

En algún momento del desarrollo social, la literatura escrita se convirtió en el vehículo de la cultura, el entretenimiento, la imaginación y los sentimientos.

Con el perfeccionamiento de la imprenta en 1440 por Johannes Gutenberg, las informaciones, ideas y emociones empiezan a circular en forma de literatura.

Era desde ese entonces la literatura, el principal medio del que disponía la sociedad para soñar, viajar, conocer, informar, entretener. Sin dudas de las formas literarias, la transmisión oral constituía el medio más democrático, el teatro la expresión más espectacular y grandiosa y era la literatura impresa, el símbolo de la cultura de un individuo, clase social y hasta estado.

Era culto quien poseía libros, en ellos se encontraban todos los sueños, todas las informaciones, todas las emociones.  Pero los libros no pudieron apresar esta tríada para siempre y poco a poco se fueron desbordando del papel. Su primera estrategia fue llegar a estratos sociales de menos ingresos y a las mujeres, a quienes se cohibió durante años de leer y de escribir.

Pero su escape de las páginas se inicia en 1826 cuando Joseph Nicéphore Niépce, logra su primera imagen permanente, pero después de lograr capturar la imagen mediante la fotografía, el inquieto ingenio humano persiguió y logró domesticar la imagen en movimiento, mediante la creación del cine a partir de 1895 con los hermanos Lumiére.

Las posiciones ideológicas, la opinión particular sobre cualquier tema, la descripción de lugares lejanos y extraños, la narración de impresionantes sucesos y acciones, la dimensión de existencia para las pasiones; comenzaron a utilizar un nuevo medio de transmisión: el audiovisual.

 Con las primeras emisiones públicas de televisión efectuadas por la BBC en Inglaterra en 1027, la existencia audiovisual de la literatura inició su proceso de universalización, pues sin dudas la televisión a alcanzado a más personas que el cine.

La imagen en movimiento acompañada de sonido, difundida a través del cine y la televisión  ha creado no sólo hábitos de consumo y conducta, sino incluso subculturas y complejidades psicológicas, como es el caso de una especie de moderno ermitaño, que en lugar de apartarse a una montaña y entrar en contacto con la naturaleza, se aísla en su casa frente a un televisor, a veces ridiculizado por la misma televisión como un obeso frente a la pantalla. Pero no sólo este ser es el consumidor de las series.

Es la realidad de nuestra época, que el consumo de la literatura ya no se encuentra de manera exclusiva en las páginas de un libro. Las obras literarias de la actualidad, son las series de televisión, las secuelas del cine y las telenovelas, donde las más diversas personas de todas las latitudes se interesan por conocer la solución a las dificultades de todas clases de personajes, se trasladas a los más distantes escenarios y viven la más variada gama de emociones.

La industria del cine ha hecho referencia de manera informal a este cambio de paradigma a través de uno u otro personaje que en alguna y otra película ha dicho frases como “no ley el libro pero vi la película” o, “tu vida es tan interesante que alguien escribirá un libro sobre ella y después harán la película, entonces iré a verla”. Y realmente muchos jóvenes de hoy conocen las joyas de la literatura o a los personajes clásicos a través del cine y la televisión.

Son varios los ejemplos de bestseller  literarios modernos llevados de inmediato al cine, así como de aquellos cuya secuela es tan o más esperada en la gran pantalla, que en las librerías, un ejemplo de esto es “Harry Potter”.

Ahora bien, las series de televisión cuentan con la ventaja de reducir el tiempo de espera entre temporadas y capítulos, también permiten observar la evolución de los hechos y el desarrollo de los personajes con mayor detalle que el cine y alcanzan mayor profundidad psicológica, variedad de narración y perspectivas descriptivas que las telenovelas.

Algunas series ya han sido fenómenos sociales, un ejemplo es el caso de la serie animada Dragon Ball y Dragon Ball Z, que en nuestro país se trasmitió originalmente por Telesistema canal 11.

Esta serie originó parámetros de conducta individual y grupal, llegando a la formación de bandas, como la de los llamados “Los sayayines”. Causó planteamientos religiosos, modas en el vestido y el peinado etc.

Conozco el caso de individuos que salían de sus centros de trabajo o estudios, para ver al capitulo del día; otros que adaptaban las baterías de sus vehículos a los televisores a falta de electricidad y recordemos que en ese entonces el “maná” que son los inversores hoy día, aun no existían.

Si la serie “Spartacus: Sangre y Arena” de la cadena Starz, hubiese visto vida en las paginas de un libro alrededor del año 1600, 1700 o 1800 bajo la firma de William Shakespeare o de Alexandre Dumas, sería sin dudas otro ejemplo de las grandes obras de la literatura universal.

La impresión causada por la excitación de la imaginación mediante el derroche de datos técnicos, científicos y de ficción en obras como las de Julio Verne, es exacta a ver en la actualidad una serie de calidad.

Al igual que un buen libro, una serie de calidad captura el interés por conocer la solución de los conflictos, provoca empatía con los personajes y obliga a la reconfiguración de los conocimientos.

La literatura escrita crea y recrea las más diversas imágenes visuales, sónicas táctiles etc. en nuestras mentes; las series las presentan ante nuestros ojos, para que estas creen y recreen nuevas imágenes, con el agregado de que el sonido es real, el color es real y casi podemos tocar los personajes.

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